vie. Abr 3rd, 2026

En México y en varios países se ha desarrollado una distancia cada vez mayor entre la clase política, la clase dominante y los ciudadanos. Nuestra clase política normalmente ha tenido miedo de definirse claramente. Le asustan las críticas de los medios en los que la mayoría de quienes trabajan y publican son de izquierda. A nuestra clase política le gusta declararse de izquierda, de centroizquierda; evita las definiciones de los bandos, le teme a la palabra conservador -tan usada por el ultraconservador del presidente López Obrador- ya la palabra “derecha”. Incluso en el PAN, un partido de derecha, siempre han tenido miedo de decir que lo son. Sienten que decir bien es decir ultra. La mayoría de nuestros políticos tienen miedo de la definición.

Esto es curioso en un país como el nuestro, derechista y conservador en muchos aspectos. Si escuchamos las definiciones de nuestros políticos, entonces somos un país de derecha con la mayoría de sus políticos de izquierda o de centro izquierda, sin importar si son del PAN o del PRI, del PRD o de Morena. Esto es heredado del pasado reciente en el que declararse liberal era definirse como moderno y ser de derecha era pertenecer al siglo XIX, ser ultracatólico, esclavista, banquero y demás. Hoy el mundo electoral se está volcando hacia otro tipo de definiciones y la derecha, asumida como lo que es, ha ganado espacio en muchos lugares. Los candidatos también se abren camino forasteros, que no tienen prejuicios intelectuales para definirse sobre determinadas situaciones espinosas para quienes tienen aires de pensadores. Eso sí, hay países en los que sus condiciones han generado derechas radicales muy preocupantes. El populismo imperante tiene más representantes de derecha que del otro lado.

La semana pasada, en una entrevista en El país, la senadora Lilly Téllez se definió como una política de derecha. Se agradece la definición. Téllez habla sin miedo a los prejuicios. También dijo que se inspiró en Hernán Cortés –un personaje demonizado en nuestra historia– y Margaret Thatcher, otro personaje demonizado. Puede que a muchos no les gusten estas definiciones, pero a mí me parecen frescas, claras e incluso novedosas. Todos nuestros políticos dicen que se inspiran en Juárez, Zapata, Madero. Son vagos, siempre con lo mismo. Es una forma de escapar de las definiciones, de los referentes reales. López Obrador se siente como Benito Juárez, pero le encanta hablar de Benito Mussolini; critica a los conservadores, pero es alguien profundamente conservador. Téllez está claramente asumido para que nadie se engañe que se sintieron como Madero, pero salieron como Díaz Ordaz.

También se han definido más postulantes. En entrevista en El país, Claudia Ruiz Massieu, expresidenta del PRI y también senadora, se definió como “100% de centroizquierda”; en ReformaEn entrevista, Silvano Aureoles dice que hay que ir tras “la conquista del centroizquierda”; Ricardo Monreal se siente de izquierda; Marcelo Ebrard dice que es de izquierda; Claudia Sheinbaum es de izquierda. Total, que los candidatos de izquierda pululan en un país de derecha.

Estos tiempos son definiciones. Los de derecha tienen en Lilly Téllez una candidata que se asume como tal. De ahí parte la claridad, la certeza: no tener miedo a las palabras.

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