jue. Ago 20th, 2026

Insatisfechos y simpatizantes tomaron posesión de las arterias más importantes del centro de la capital de la República en sendos actos de repudio o apoyo a los reclamos de reforma del gobierno.

La reforma electoral propuesta por el gobierno, claramente encaminada a contener al Instituto Nacional Electoral con miras a las elecciones de 2023 y 2024, enfrentó el rechazo de un amplio sector social que demostró una gran capacidad de convocatoria y logró reunir a decenas de miles de manifestantes se opusieron abierta y explícitamente a la reforma constitucional.

La respuesta, discursiva en principio, se orientó a la descalificación y desprecio, a la minimización cuantitativa de la relevancia de los contingentes que participaron en la movilización del 13 de noviembre, calificada de histórica, por su magnitud, réplica geográfica, espontaneidad y evidente disciplina. que obligó al oficialismo a retirarse y anunciar un plan B.

La protesta desde el poder, con todos los recursos a su alcance, fue la convocatoria de otra megamarcha que logró reunir a un contingente mucho mayor que, por su magnitud, haría palidecer a la anterior y demostraría el poderoso músculo transformador, sobre con motivo de la celebración de los primeros cuatro años de su llegada a la máxima tribuna.

Exultante, el primer mandatario encabezó su celebración, bañado por la multitud popular, disfrutó de su jornada entre una avalancha humana que, deseosa de tocarlo, le impidió el paso y ralentizó su marcha, retrasando su avance hacia el adoratorio instalado en la plaza principal. del país donde, finalmente, entre elogios, aplausos y alborotos, dio cuenta de los logros de su gestión y los que vienen en los próximos dos años. Toda una fiesta que nos hizo recordar historias de nuestro pasado político.

Pero quizás la interpretación cuantitativa de ambas demostraciones de fuerza no sea la más objetiva para entender la relevancia de estos dos eventos, ya que tienen características distintivas que les otorgan un potencial único.

En cuanto a la convocatoria, es evidente que el 13 de noviembre predominó la espontaneidad y el carácter civilizado, sin organizadores claramente identificados ni líderes explícitos. En la del día 27, el papel del Estado fue decisivo para congregar a los contingentes y facilitar su traslado desde distintos puntos del territorio.

En cuanto a la motivación, en el primero, fue abiertamente el rechazo a la reforma propuesta y en defensa del INE desde sectores sociales. En el segundo, fue la respuesta del gobierno mostrar músculo contra el primero.

En cuanto a los impactos, la primera manifestación logró desbaratar las intenciones reformadoras y fortalecer la cohesión, al menos inicialmente, de la oposición. En el segundo, el efecto, paradójicamente, podría animar las rupturas internas que ya son más explícitas.

La batalla está en marcha y, como se ve, va a utilizarlo todo.

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Metro

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