mar. Abr 21st, 2026

El Presidente de la República está enojado… pero quizás, sobre todo, consigo mismo.

Pocas jugadas en su sexenio sufrieron fallos quien tenia su proyecto en la corteque ahora se intenta inútilmente remediar.

Pero vayamos por partes.

Según el calendario, el presidente López Obrador, desde que asumió la presidencia en diciembre de 2018, tenía la posibilidad de reemplazar a tres ministros de los 11 que integraron el Pleno de la Corte.

Además, después de la Renuncia del Ministro Eduardo Medina MoraAprobado en octubre de 2019, existía la posibilidad de nombrar cuatro.

Pero, además, quien llegó a la presidencia de la Corte en enero de 2019, Arturo Zaldívar, era desde hacía tiempo un aliado muy cercano de López Obrador.

Es decir, AMLO pudo haber tenido cinco ministros de su lado.

Aunque no era la mayoría de la Corte, ese número le permitió controlar la procedimientos para declarar inconstitucional alguna legislación.

Si bien en las elecciones de 2018 Morena y sus aliados lograron obtener una mayoría calificada en la Cámara de Diputados, no ocurrió lo mismo en el Senado.

Esto significó que las propuestas de reforma constitucional presentadas por el gobierno debían ser negociadas.

Y, aunque en el Senado Ricardo Monreal hizo un trabajo sobresaliente, no se podía dar por sentado que las reformas constitucionales serían aprobadas.

Entonces, un recurso que tuvo AMLO para cambiar las reglas del país fue modificar las leyes secundarias, aunque fueran contrarias a los preceptos constitucionales, para lo cual no tenía restricciones, ya que le bastaba la mayoría absoluta que tenía en ambas cámaras, con la intención de que la Corte no rechace las reformasya que el procedimiento para declarar inconstitucional una ley requiere de una mayoría calificada de 8 ministros en la Corte, lo que no se lograría si 5 estuvieran a favor de AMLO:

El problema para López Obrador tenía nombres y apellidos.

Dos de las personas que propuso que acudieron a la Corte asumieron que tenían responsabilidad con el país y no con AMLO.

Se trataba del ministro. Juan Luis González Alcántara y el ministro Margarita Ríos Farjat.

Los dos arruinaron la estrategia.

González Alcántara fue el primer ministro propuesto por AMLO y se incorporó a la Corte en diciembre de 2018.

Tras la salida de Medina Mora en diciembre de 2019, Ríos Farjat, primer titular del SAT en este gobierno, fue designado Ministro de la Corte.

En marzo de 2019, Yasmín Esquivel ya había sido nombrada ministra. Y finalmente, en noviembre de 2021, fue designada al máximo tribunal por Loretta Ortiz.

Bueno resulta que El bloque de cinco que esperaba López Obrador no se configuró.

Ríos Farjat y González Alcántara votaron según su criterio y no siguiendo las instrucciones del presidente.

Se definió entonces un Tribunal en el que solo había tres personas que eran incondicionales al Ejecutivo: Arturo Zaldívar, Yasmín Esquivel y Loretta Ortiz.

Esto significaba que existía el riesgo de que Las leyes que se consideraban violatorias de la Constitución no fueron respaldadas. por la Corte, lo que ocurrió notoriamente con el llamado Plan B en materia electoral.

Y esta circunstancia se agravó cuando el ministro Norma Piña ganó la presidencia de la Corte.

Piña es un jurista que tiene una dilatadísima trayectoria en el Poder Judicial. Es honesta de pies a cabeza y con una verticalidad poco común en el Estado mexicano.

No cede a las presiones ni se deja impresionar por la pompa del Poder Ejecutivo.

Fue alguien que podría enfrentar, sin miedo, al presidente López Obrador y para mala fortuna del Presidente, los ministros la eligieron.

En estas circunstancias, AMLO no podía permitir que la Corte siguiera funcionando sin restricciones.

Además de realizar durante todo este año una campaña contra el Poder Judicial, el Ejecutivo operó para implementar un fuerte recorte presupuestario al Poder Judicial, que va a comenzar por cancelar 15 mil millones de pesos acumulados en fideicomisos.

Pero irá más allá.

Como he mencionado en este espacio, la corte se va a defender en coordinación con legisladores de oposición, lo que incluso fue reconocido el viernes pasado por el Presidente.

Más allá de la cuestión de los fideicomisos, en noviembre será necesario realizar un fuerte recorte presupuestario, del que también se defenderá el Tribunal utilizando el mismo procedimiento.

Ya les he dicho que el escenario más probable es que la defensa jurídica que se va a realizar impida que se produzca la eliminación de los fideicomisos o el corte. Dado este, el objetivo presidencial será desacreditar al más alto tribunal para debilitarlo.

La principal contienda, al contrario de lo que parece, no es por dinero, sino por credibilidad y prestigio.

Y, en esa pelea, la Corte tendrá que hacer algo más que “hablar por sus fallos”, como dijo el ministro Piña, pero también hacerlo con argumentos y palabras, si no quiere que el Ejecutivo los arrolle.

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Metro

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