
¿Dónde está el dinero de Genaro García Luna? El presidente Andrés Manuel López Obrador parafraseó al abogado del exsecretario de Seguridad Pública en el cierre de su defensa en la corte federal de Brooklyn. En Florida, respondió el Presidente, donde compró departamentos, casas y yates. Son 700 millones de dólares, que hoy equivalen a 13 mil 20 millones de pesos. Es mucho dinero y muy difícil de ocultar. El gobierno de López Obrador quiere que esos recursos regresen a México, por lo que presentó una denuncia en una corte de Florida en septiembre de 2021 para lograrlo. Que se sepa nunca lo ratificó, pero si quiere el dinero, así es.
Brooklyn y Miami no son lo mismo. López Obrador confunde todo, lo que se litiga en Nueva York, que tiene que ver con corrupción ligada al narcotráfico, y lo que se tendría que decidir en Florida, que tiene que ver con corrupción de cuello blanco. Como el Presidente malinterpreta las cosas, dijo ayer que estaba sorprendido de que el juez Brian Cogan no haya permitido que se discutiera la fortuna de la exsecretaria en el juicio de García Luna.
Lo que no permitió fue la discusión de los ingresos de García Luna posteriores a diciembre de 2012, porque sus abogados demostraron que eran producto de contratos legales y legítimos. Lo que sí autorizó Cogan fue un litigio por los supuestos pagos por un total de 200 millones de dólares, en la estimación del abogado defensor, César de Castro, que habría recibido de la Cártel del Pacífico. Para responder a las acusaciones de la fiscalía, subió al estrado la esposa de García Luna, quien mostró documentos para acreditar su evolución patrimonial.
Los 700 millones de dólares de los que habla López Obrador no tienen nada que ver con los 200 millones. La primera cifra proviene de la denuncia que presentó Santiago Nieto, cuando aún era titular de la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda, en una corte del condado de Miami-Dade, donde explicó que los bienes eran producto de una gran esquema. de contratación simulada en el sector de la seguridad pública, que involucró a 39 empresas y fideicomisos pertenecientes a García Luna, sus cómplices y familiares. La investigación y la denuncia fueron retomadas por su sucesor, Pablo Gómez, quien la semana pasada presentó esta “red de corrupción y blanqueo de capitales” que operó durante 20 años.
En ambos casos, después de García Luna, las figuras más destacadas son Samuel Weinberg y su hijo Alexis, aunque la esposa de García Luna, Cristina Pereyra, y la esposa de Samuel Weinberg, Sylvia Pinto, prima hermana de Julia, también fueron acusadas por la UIF. Abdala, pareja sentimental del director de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett, a quienes se les vio juntos públicamente en 2017, cuando se realizaba la boda de Alexis en Cancún.
De acuerdo con la demanda civil interpuesta por Nieto, la empresa Weinberg -que ha sido proveedora de gobiernos mexicanos durante casi cuatro décadas- se benefició de contratos de la Secretaría de Seguridad Pública, a cambio de lo cual, sugirió Nieto, García Luna tuvo retribuciones cuando se fue a vivir a Miami. El apoyo fue divulgado por Gómez, 30 contratos con NUNVAV Inc. y Nice Systems Ltd., empresas de Weinberg. Ninguno fue firmado por García Luna.
De ese total, 10 fueron firmados cuando García Luna era secretario de Seguridad Pública, con la Policía Federal y con el Órgano Descentralizado de Readaptación Social, que tenía autonomía de gestión y administración. Solo uno de los 30 presentados por Gómez fue con GLAC, la consultora que García Luna formó con varios socios mexicanos y estadounidenses tras dejar el cargo de secretario, aunque no fue con el gobierno federal, sino con el de la Ciudad de México, cuyo contrato fue autorizado por la entonces Subsecretaria de Egresos de la Secretaría de Hacienda de la capital, Victoria Rodríguez, actual Gobernadora del Banco de México. La lista de la UIF excluyó inexplicablemente los contratos de NUNVAV con la Secretaría de la Defensa Nacional en el gobierno de Enrique Peña Nieto.
La investigación de la UIF, a cargo de Nieto y Gómez, ha supuesto que los Weinberg son seudónimos de García Luna, y que la mansión donde vivía en un suburbio al norte de Miami -de cuatro habitaciones, según el periodista de investigación Ioan Grillo, crítico desde hace años- de la política de seguridad en México–, los yates y autos, como el Lamborghini, donde hay una fotografía de García Luna posando junto a él, no eran propiedad de Samuel y Alexis Weinberger, sino de la exsecretaria.
La defensa de García Luna presentó ante el juez Cogan información contundente sobre los ingresos que tuvo después de 2012, una vez fuera del cargo, incluyendo declaraciones anuales y pago de impuestos ante el Servicio de Rentas Internas –el equivalente al SAT–, lo que llevó a que la fiscalía no permitiera interrogarlo sobre ellos en Brooklyn, pero la UIF debe tener otros datos al insistir en que las propiedades y recursos que localizó como parte de la red de corrupción del exsecretario tenían al exsecretario como cabeza de la trama criminal.
El estado de la demanda civil que interpuso en Miami-Dade no parece haber cambiado, ya que la defensa de García Luna no ha recibido ninguna notificación de la corte de Florida. Pero el caso no es del todo estático. En mayo comenzará el juicio civil, donde se deberán probar las acusaciones contra los Weinberg, quienes en su defensa deberán presentar pruebas de que no son socios de García Luna, y que los contratos con el gobierno mexicano no fueron producto de actos de corrupción con a él. .
Ese juicio, no el de Brooklyn, será un termómetro para la UIF, porque en su demanda el Presidente ha hecho una fuerte apuesta que alimenta su retórica y apuntala sus acusaciones de corrupción pasada. Pero si no prospera será un fiasco, donde el principal afectado será López Obrador.
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