dom. Abr 19th, 2026

Llegó la semana en la que se resolverá la pregunta del año: qué hará Marcelo Ebrard si pierde la encuesta que define la candidatura del oficialismo.

A más tardar el miércoles sabremos qué decide ante el eventual triunfo, que considera irregular por no decir ilegal, de Claudia Sheinbaum. Por supuesto, no es imposible que el ex canciller gane la encuesta, pero entonces sería la noticia del sexenio.

Ha sido ampliamente comentado el paralelismo casi de mitología griega que corre entre las aspiraciones presidenciales de Manuel Camacho Solís y Ebrard. Él, a quien considera su mentor, tampoco era el favorito del presidente, quien se obsesionó con mantener la unidad.

Camacho creía que Carlos Salinas lo había engañado. Lo ocurrido el 20 de noviembre de 1993 le hizo creer que la decisión sucesoria no había sido tomada para que el entonces regente del Distrito Federal no anunciara, rompiendo las reglas, sus aspiraciones.

Según los camachistas, para contener a su amigo, el presidente abrió su agenda, lo halagó frente a Colosio para una aparición en San Lázaro y organizó una cena en casa del secretario de Gobernación donde él accedió.

Fueron fintas cuando llegué, el 28 de noviembre, él descubrir Por Luis Donaldo. Manuel Camacho no se uniría al cargado.

El regente capitalino, según su asesor Enrique Márquez, se sintió derrotado por un aparato de intereses y compromisos que iba más allá del entonces todavía poderoso PRI y del propio Salinas. Que su candidatura era imposible porque sería abierta, democrática, plural y no de mera continuidad.

Según un libro*, publicado por Márquez en 1995, con el descubrir surgió una gran pregunta. Colosio y Camacho se habían comprometido, según ese texto, a cuidar que los derrotados y sus equipos no fueran maltratados. Aquel 28 de noviembre, los camachistas, dice el autor, no tardaron en sentir la peor parte: nadie se ocupaba de ellos.

¿Hacer? Márquez dice que hubo una reunión en su departamento. Y que allí, hace 30 años, un joven Ebrard aconsejó a un indignado Camacho -que quería renunciar al gobierno- que no se separara, que corriera hacia un lado menos acalorado, como la Cancillería. Así dice el actual columnista de Los universales:

“Marcelo Ebrard pensaba lo contrario:

“-Jefe, ni puede irse a casa así sin más, ni puede quedarse en el Departamento. Este es el verdadero problema. Supongamos que renuncia mañana y se va. Sería peor para todos. Muchos grupos lo van a buscar a su casa, y eso va a ser peor para Colosio y para el presidente. ¿Vamos a convertirnos en oposición? ¿Vamos a ir con alguna de las partes? ¿Qué queremos hacer ahora mismo? -término”.

“Manuel propuso inmediatamente redactar una extensa carta de renuncia total. Fue casi un manifiesto político.

“Mire jefe, tenemos que salir del Departamento”, insistió Marcelo. Colosio no quiere que estemos allí. Y, en las condiciones actuales: ¿cómo vamos a asumir la responsabilidad de la elección en la ciudad? Creo que deberíamos pedirle al presidente que nos lleve a un área del gobierno donde no tenemos nada que ver con la política interna, por ejemplo: Relaciones Exteriores.”

Las preguntas de Marcelo de 1993 ahora son para Marcelo de 2023. Quizás crea lo mismo que su entonces jefe: que su amigo el Presidente –obsesionado con la unidad– lo engañó, que la competencia no fue pareja, que la equidad era una broma, que aceptaron condiciones sólo para contenerlo, para que no infringiera las nuevas reglas.

Ha llegado el momento de responder a lo que cuestionaba sobre qué pasaría si volviera a casa y “grupos” lo buscaran: “¿Nos vamos a convertir en oposición? ¿Vamos a ir con alguna de las partes? ¿Qué queremos hacer ahora?”.

*Por qué perdió Camacho, revelaciones del asesor de Manuel Camacho SolísEnrique Márquez, Océano, 1995.

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