dom. Jun 14th, 2026

Desde el Palacio Nacional hasta el barrio más modesto, los funcionarios del gobierno repetirán el mismo estribillo de aquí a las elecciones del próximo año: si quieres que siga el apoyo, ya sabes por quién votar.

Esa estrategia, tan descarada como ilegal, consolidará un grupo considerable de votantes.

En ese gran piso de millones de votantes, Morena construirá una estrategia para continuar en la Presidencia, hacer crecer su presencia en las cámaras federales y mantener, o incluso aumentar, el número de gubernaturas que tiene hoy.

Además de hacer campaña por parte de los funcionarios públicos, los instrumentos de esta estrategia son los medios estatales al servicio del movimiento y, digámoslo así, los medios disuasorios antidemocráticos (persecución política y/o judicial).

Un aparato tan poderoso tiene dos desafíos cruciales: escoger a los mejores candidatos, y que los perdedores de tal selección demuestren disciplina y compromiso.

2018 no es lo mismo que 2024. En la elección presidencial anterior el objetivo era uno solo, que de ninguna manera le repitieran 2006 a AMLO, por lo que todos en Morena tiraron en la misma dirección, sabiendo que de ganar muchos terminarían en puestos. elegidos popularmente o en el gobierno.

En las próximas elecciones, los lugares en la lista de candidatos serán insuficientes para tantos aspirantes y, por la misma razón –con o sin méritos–, los lopezobradoristas lucharán por no quedarse fuera del nuevo elenco.

Unos querrán (o necesitarán) jurisdicción, otros creerán que se lo deben, habrá quienes digan que les toca y quienes no quieran renunciar a lo que ya tienen ahora que hay reelección. .

Esta disputa será un componente novedoso en un partido joven que, de repetirse en la Presidencia, también estrenará líder, al menos formalmente.

Eso sí, los primeros en querer algo, para ellos y los suyos, al no ganar el premio mayor, serán los perdedores. Y de ahí para abajo: legisladores, gobernantes y hasta funcionarios del gabinete.

Todo esto sin mencionar a los funcionarios y militantes del partido que han estado esperando su oportunidad durante mucho tiempo.

Por si fuera poco, las rebanadas del pastel final habrá que repartirlas con los cómplices del llamado Partido Verde y del Partido Laborista.

Porque creen lo que otros repiten: que con un Presidente tan popular no hay más remedio que la victoria; y por tanto, se desatará la ambición para no quedarse fuera de las listas nacionales o, ya perdidas las locales, de las candidaturas.

Bien mirado, algo así ya les pasó en 2021, al menos en la zona metropolitana de CDMX y Edomex.

Creyeron que la victoria era lógica y la derrota impensable (popularidad de AMLO + programas sociales + funcionarios del censo + mañana electoral = ya ganamos), pero resultó que los malos candidatos, la operación cicatriz cero y el desgaste de los malos gobiernos les costó la vida. mayoría en San Lázaro y en la CDMX.

Y aunque Coahuila, de confirmarse el escenario donde Morena pierde ese estado, podría servirle a López Obrador para ejemplificar que la división es letal, lo cierto es que nadie experimenta en cabeza ajena. Y sobrarán morenistas que crean, como Ricardo Mejía, que se las deben y que si no se las dan, el que quiera sus canicas las buscará.

Eso pone en riesgo no sé si a todos, pero a más de una elección. Y la gran victoria es la suma de todas las pequeñas victorias. De abajo hacia arriba, sobre todo porque esta vez AMLO no arrastrará a los demás candidatos. Aunque lo intentará desde la mañana, de eso no hay duda.

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Metro

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