jue. Jun 25th, 2026

“Él agarró su arma y se puso a jugar a la ruleta rusa en mi cabeza. Ya cuando era la última bala, me dijo: ‘no, no vales lo que vale una de mis balas‘”. Estas son las palabras con las que Graciela describe un episodio de su vida previo a ser privada de su libertad y que retratan un elemento común en las historias de mujeres que viven en prisión: amor romántico.

El libro Acusas a la mujer sin razón. Feminismo desde la cárcel: un paso para desarmar la violencia de género estructural recoge las historias de 10 mujeres –carmen, Angélica, Diana, Graciela, miranda, marta, valeria, Andrea, susana y María– que narran cómo llegaron a la cárcel, un lugar que refleja claramente un escenario gris, frío y “donde la gente siente que pierde su valor humano (…) y está lleno de etiquetas y estigmas sociales”, explican los autores de el texto.

“Título Acusas a la mujer sin motivo Es lo que vemos todo el tiempo en las historias de estas mujeres con las que trabajamos desde hace más de siete años”, explica Raquel Aguirre, coautora del libro y cofundadora de la organización civil El pelo canoso. En este sentido, el también abogado señala para Radio fórmula digital que -como sociedad- lejos de prestar atención y comprender las causas y circunstancias por las que las mujeres acaban en la cárcel, estamos acostumbrados a juzgarlas.

Con el panorama anterior, las autoras Daniela Ancira, Mercedes Becker, Raquel Aguirre y Wendy Balcázar se dieron a la tarea de investigar y visibilizar por qué en estos casos había un factor recurrente: Las mujeres están en la cárcel por culpa de sus parejas..

“Queríamos saber si esto era solo en el área metropolitana o si era igual en todos los estados de la República; lo más difícil fue darnos cuenta que este patrón realmente se repite y no solo eso, sino toda la violencia estructural de género. de los que han sido víctimas desde la infancia”, reprocha el coautor del libro.

ama esa prision

Diana y Graciela cuentan cómo terminaron privadas de su libertad. Ambos son violados sexualmente cuando eran niños, se enamoran de personas que ejercen extrema violencia contra ellos, y ambas historias destacan aspectos que perpetúan la idealización de que el amor todo lo puede.

Me crié creyendo que nosotras, como mujeres, debemos dar todo por nuestros esposos y nuestras familias, pase lo que pase.“, narra Diana, una mujer que vivió en un contexto de extrema violencia desde niña y que detalla una historia desgarradora que la llevó a la cárcel.

La frase anterior, tan bien dicen los autores, demuestra que estas creencias están arraigadas en lo más profundo de nuestra dinámica de pareja y propagan la violencia contra las mujeres.

Pero, ¿qué es el amor romántico?

Él mito del amor romantico se basa en ideas y creencias generalizadas de lo que, como sociedad y cultura, aceptamos sobre lo que debe ser el amor de pareja.

Graciela Ferreira en su libro Hombres violentos, mujeres maltratadas enumera algunas características de la misma, algunas de ellas son:

  • Entrega total a la otra persona.
  • Hacer de la otra persona lo único y fundamental de la existencia.
  • Depender de la otra persona y adaptarse a ella, postergando la propia.
  • Perdona y justifica todo en nombre del amor.
  • Sentir que nada vale tanto como esa relación.

En este tenor de ideas, Daniela Ancira, Mercedes Becker, Raquel Aguirre y Wendy Balcázar investigan la relevancia del amor -o la falta del mismo- en el contexto delictivo y en la privación de la libertad de las mujeres.

En este sentido, los coautores informan que este comportamiento lleva a las mujeres a aguantar más y olvidarse de sí mismas por alcanzar este falso ideal.

“El amor romántico y los roles de género son la receta perfecta para la violencia de género”, sentencian en Acusas a la mujer sin motivo.

La receta perfecta para la violencia de género

Y hay otros aspectos que se suman al caldo de cultivo de la violencia contra las mujeres, por ejemplo, la falta de perspectiva de género en el sistema penitenciario mexicano.

“La mayoría de ellas son torturadas al momento de su detención, son doblemente estigmatizadas -no solo por haber delinquido, sino porque no cumplieron con su rol de madres, cuidadoras y cuidadoras de los niños- y por una cuestión de espacio , Las cárceles están hechas para hombres.“, critica Raquel Aguirre.

En cuanto al proceso que viven las mujeres, la fundadora de La Cana también pone en el centro de la discusión que las mujeres se imponen penas mayores e incluso señala que el número de mujeres que no han recibido sentencia es mayor en comparación con el número de hombres.

Este escenario también se confirma en el relato de Diana: “Vengo por una declaración falsa”, lamenta. “Actualmente no tengo sentencia y voy a luchar por la verdad (…). Me gustaría que nos trataran igual que a los hombres porque tienen más privilegios”, acusa.

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