Al finalizar el concierto, mucha gente salió cantando o tarareando las canciones que Diego Torres, el cantante y compositor argentino de 51 años, ofreció anteanoche en el Auditorio La Isla.
La gente empezó a llegar a las 8 de la noche y para las 9 ya había un número considerable de seguidores de la intérprete de “Color Esperanza”, canción considerada un himno de optimismo y que el mismo Diego cantó al Papa Juan Pablo II en la Jornada Mundial de la Juventud. 2003.
A las 9:30 un espectacular juego de luces anunció la entrada del artista, quien sin mediar palabra ni saludos interpretó “Sueños”.
El público, compuesto por hombres y mujeres, jóvenes y mayores, adultos jóvenes y de mediana edad, lo saludó con entusiasmo desenfrenado. Fue luego de cantar “Abriendo caminos”, “Andando” y “Hoy” que Diego se dirigió al público asistente recordando su presentación en el Mérida Fest 2020.
“Guardo un hermoso recuerdo de cuando vinimos a cantar a la plaza al aire libre en el aniversario de la ciudad, ¿era el 495? No sé, porque yo no nací, tengo 26 años”, dijo con su acento argentino. La gente gritaba eufórica y Diego respondía diciendo que Mérida, la tierra de Armando Manzanero, tiene mucho encanto y embrujo.
Aludió a los días de la pandemia, que calificó como momentos difíciles: “Los que viajábamos por nuestra actividad tuvimos que guardar las alas por un tiempo y nos preguntábamos: cuando esto, la posibilidad de reunirnos todos juntos en un salón para disfruten, ¿iba a volver?”.
Sus palabras dieron pie a la interpretación del tema “Amanece”, para luego continuar con “No me dejes perder”, “Puedo ser yo”, “Tú” y “La última noche”.
Antes de interpretar “Penélope”, una de las canciones más populares de la noche, el porteño reveló que la canción fue “un lindo accidente” en su vida.
“Nunca pensé en cantar esta canción y fue una invitación que recibí y nunca imaginé que haría que se abrieran tantas puertas en mi vida, como entrar a México”.
La velada continuó con “No lo soñé”, con el que habló un poco sobre su mamá, la actriz y cantante Lolita Torres.
Luego llegó el momento de “Color Esperanza”. Ni que decir tiene que el público estalló de alegría nada más escuchar las primeras notas.
El pueblo, contagiado de entusiasmo, acompañó con su voz a Diego Torres, quien por momentos tendió su micrófono hacia el público asistente.
“Este corazón”, “Déjame ser”, “Iré por ti”, “A dónde van” y “Tratando de ser mejor”, fueron otras de las canciones que algunos asistentes disfrutaron mientras tomaban una copa.
De hecho, al ver a un mesero llevar bebidas a la gente de la primera fila, el artista le preguntó si tomaba café o, mejor aún, mezcal. Y aunque la pregunta era una broma, un par de minutos después le trajeron un trago. ¿Qué tomaron? Nunca lo dijo, pero tomó dos sorbos y siguió cantando.
Con “Hoy es domingo” muchos se levantaron de sus asientos a bailar, mientras Diego Torres cantaba a dúo con uno de sus músicos. Terminado el baile, se despidió y abandonó el escenario junto a sus músicos, motivando gritos de “¡Otro!, ¡otro!, ¡otro!”.
Y sí, Diego volvió con una camiseta de manga corta (primero, llevaba una manga larga estampada) para entonar no uno, sino cuatro temas, comenzando con “Sé que ya no volverás”, en el que lo acompañaba únicamente su guitarrista. .
Por supuesto, no podía faltar “Atlántico a pie”, que da nombre a la gira con la que se ha presentado en varias ciudades. El gran cierre llegó con “Un poquito”, una mezcla de pop con ritmo tropical, con la que invitó a una chica de las primeras filas a subir al escenario a cantar con ella. La menor, emocionada, le entregó una pulsera a la cantante, y él le ofreció la que llevaba en la muñeca.
El pueblo aplaudió el buen gesto sin dejar de bailar hasta que la canción, y por tanto el concierto, llegó a su fin cuando el reloj marcaba las 11:10.— IVÁN CANUL EK
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