vie. May 8th, 2026

La curiosidad se apoderó del gato y de mí también. No pude contenerme y busqué en internet información sobre el gobernador de Veracruz. Los hechos que lo pintan como un rudo son muchos: le encanta encarcelar para intimidar. Entiende el poder como abuso, no como servicio. Por lo tanto, me resultó interesante saber qué es lo que hace que una persona se incline hacia el maltrato; qué tipo de circunstancias producen figuras políticas como él. Lo que leo en Wikipedia (no crea que tuve agallas para seguir adelante, querido lector) es la biografía de un mexicano común y corriente, de familia numerosa, con padres dedicados a la docencia. Las marcadas aspiraciones del joven Cuitláhuac lo llevaron a estudiar ingeniería, incluso en el exterior. Años después se convirtió en político y hoy es un gobernador temido por su modus operandi: utiliza el instrumento penal y la privación de libertad para silenciar a opositores, críticos e incluso jueces.

Porque lo ocurrido en las últimas semanas con la jueza Angélica Sánchez representa un desacato a los límites de la ley, las garantías procesales y la separación de poderes. Han impuesto un castigo político al juez por una decisión jurisdiccional que no fue del agrado del gobernador. Si la jueza cometió actos indebidos, si después de su resolución hay irregularidades, hay instancias que la pueden investigar y sancionar. Esa es la tarea disciplinaria del Consejo de la Judicatura. Pero se eligió el camino de la reprimenda pública, para dar un mensaje a todo el gremio.

Hago un brevísimo recuento del caso, lleno de arbitrariedades. Primero detienen a la jueza durante un operativo de tránsito en Veracruz, al que supuestamente repele con disparos de arma de fuego (la jueza declara que la obligaron a disparar para ‘sembrar’ el crimen). También está acusada de llevar drogas en el coche. Lo cierto es que los autores intelectuales y materiales de la detención se excedieron tanto que hicieron inverosímil la historia. La propia Fiscalía local desestimó el caso. Días después es detenida nuevamente, en la Ciudad de México, y por elementos de la Guardia Nacional, a pesar de contar con un amparo que le brindó protección.

Varias horas después de su ‘levantón’ (así debe calificarse, ya que la detención no cumplió con ningún requisito legal) se conoció que la jueza fue trasladada a Veracruz, acusada de delitos contra la fe pública y tráfico de influencias. No se acepta que la Defensoría Pública federal represente al imputado. Esperará sentencia privada de libertad.

Esto me lleva a varios pensamientos. El primero tiene que ver con el daño causado a la independencia judicial. Me pregunto qué juez en Veracruz ahora querrá enemistarse con el gobernador. Una amenaza cumplida es tremendamente potente. Disuadir, intimidar. El trabajo de los jueces en el estado ya no será el mismo.

El relator de la ONU sobre independencia judicial y asuntos, Diego García-Sayán, ha destacado el daño que se causa al Estado de derecho cuando se amenaza a abogados, defensores de derechos humanos y jueces. Y es que el Estado de derecho no es una entelequia. Se sustenta en el trabajo de profesionales y operadores. Cuando se les impide ejercer libremente su trabajo, el estado de derecho se derrumba desde sus cimientos. Desde hace años sabemos de las agresiones y violencias que sufren los abogados que defienden causas de derechos humanos y medio ambiente, por ejemplo. El ataque contra los jueces es parte de esta misma lógica: se intimida a quienes se consideran opositores y se disminuye la última línea de contención del abuso de poder, que está en los jueces y el Poder Judicial.

La segunda reflexión tiene que ver con la construcción de casos en el sistema penal. Se acosa a los jueces por abrir lo que se llama la ‘puerta giratoria’. Y el argumento ha calado: son los jueces los que dejan salir a los delincuentes. Poco se advierte que los casos que llegan a los tribunales son débiles, porque los fiscales no hacen un trabajo profesional, libre de injerencias. Los propios gobernantes no los dejan crecer, porque son un buen instrumento de control político y administración de la impunidad. ¡Pobres jueces! En muchos casos pagan el costo de estos arreglos indeseables entre el aparato de persecución penal y los que están en el poder.

Finalmente, quiero mencionar mi preocupación sobre cómo se forja el liderazgo público en el país. El gobernador de Veracruz pudo haber sido parte de una nueva camada de políticos que estaban liderando una verdadera transformación en la ética pública. En la historia familiar que consulté (quizás muy manipulada), no hay vicios ni carencias que condicionaran su desempeño posterior. Sin embargo, le tocó ejercer potencia en un escenario en el que se celebra el salto de barras por la mañana. ¿Un gen autoritario? Más bien un ambiente en el que se premia la estridencia y la manifestación de un poder ilimitado.

El autor es director de México Evalúa.

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