mar. Ago 18th, 2026

Ayer el Banco de México anunció que dejará sin cambios las tasas de interés.

Pero, una modificación en la redacción del comunicado provocó un cambio en la percepción de los inversionistas y envió el dólar a un máximo de 17,89 pesos.

El texto en el que se informó la decisión del banco central dice:

“(Banxico) considera que, para lograr la convergencia ordenada y sostenida de la inflación general a la meta de 3%, será necesario mantener la tasa de referencia en su nivel actual por un tiempo determinado.”

Cambió su redacción de “mucho tiempo” a “un tiempo determinado”.

A pesar de lo ocurrido en el mercado de divisas, supongamos que las tasas de interés No bajarán hasta bien entrado el primer trimestre del próximo año.

El INEGI también anunció ayer que la inflación cayó a 4.26 por ciento en octubre. Pero la inflación subyacente fue del 5,5 por ciento, lo que sugiere que a ese nivel no habrá una caída este año, y tal vez no antes de que el primer trimestre de 2024 esté bien entrado en el primer trimestre.

Este jueves no sólo se conoció la decisión de Banxico, sino que declaraciones de varios funcionarios de la Reserva Federal de Estados Unidos señaló que la política monetaria restrictiva Se mantendrá hasta que la inflación alcance el objetivo del 2 por ciento. La tasa actual está en un rango de 5,25 a 5,50 por ciento.

El propio presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, con su estilo a veces ambiguo, confirmó que la autoridad monetaria no dudaría en continuar con su política restrictiva mientras no se alcance el objetivo de inflación.

¿Cuánto tiempo llevará alcanzar esa meta? Lo que sea necesario. Podrían ser meses o incluso años.

Para México, una tasa alta de Banxico implica que las cobradas a los clientes del sistema bancario y otros intermediarios se mantendrán altas.

Por ejemplo, la llamada TIIE a 28 días, que es una de las referencias más comunes para fijar el costo del crédito bancario, se encuentra en 11.50 por ciento.

Si una mediana empresa paga una tasa TIIE más seis puntos por un crédito, estará pagando una tasa nominal del 17,5 por ciento y una tasa real de 12,7 por ciento.

Si hay proyectos de inversión que generen ingresos para pagar esos costos financieros, habrá buena fortuna, pero Son pocos los que pueden hacerlo.

Lo mismo ocurre con el consumo. Hoy en día, apalancarse para poder realizar compras, si las tarifas contratadas son regulables, también implica un riesgo elevado.

El dinero caro también ofrece una oportunidad para quienes tienen liquidez, ya que se están generando altas ganancias en instrumentos financieros de bajo riesgo.

Continuaremos con el tema.

El nuevo rector de la UNAM

El domingo pasado, en la versión digital de Noticias, publiqué un artículo que titulé: “Un economista para rector de la UNAM”.

No tenía información privilegiada, simplemente ponderé las ventajas que tendría para la UNAM el nombramiento del doctor Leonardo Lomelí como nuevo rector, tal como sucedió.

Respecto a las razones por las cuales nunca se había designado a un economista como rector y por qué ahora sería pertinente hacerlo, señalé en el texto lo siguiente:

“La crisis de formación en la UNAM explica esa decisión.

Hubo un tiempo en que las ofertas laborales decían explícitamente: ‘No UNAM’.

Los tiempos han cambiado y desde hace algunos años la UNAM se ha fortalecido. Este año aparece en el puesto 93 del QS World University Rankings. Además, es los mejores clasificados de Latinoamérica, frente a la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Católica de Chile, que son las que siguen.

La Facultad de Economía ya no es la “cribilla” que alguna vez fue, en la que maoístas y comunistas competían por cátedras e influencia, y donde el “Capital” tenía que aprenderse de memoria.

Como en las universidades que gradúan una enorme cantidad de profesionales, los hay muy buenos y los hay que son un desastre.

Precisamente una parte importante de la recuperación de la competitividad de la Facultad de Economía de la UNAM Se debió al director que estuvo a su cargo de 2010 a 2015. Y desde entonces es el número dos de la UNAM, como secretario general, el doctor Leonardo Lomelí.

Quizás sea el momento de contar, por primera vez en la historia, con un rector economista que entienda bien el papel que tiene la UNAM en el desarrollo del país.

Buen desafío para el nuevo rector.

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Metro

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