dom. Abr 12th, 2026

Los candidatos presidenciales del oficialismo mostraron desde el primer día de la (ilegal) contienda en qué consistirá la encuesta de Morena: setenta días de continua adulación a la corte del único encuestado que va a decidir.

Marcelo Ebrard inició la campaña con la propuesta de incorporar al gabinete al hijo del Presidente para continuar con la “austeridad republicana”.

Me informan que lo dijo en serio.

Adán Augusto López refrendó las fobias del Presidente contra los medios.

Claudia Sheinbaum señaló que las mujeres pueden llegar a la Presidencia “para darle continuidad a la cuarta transformación”.

Lo dijo en Oaxaca, donde hay lugares, como en Guerrero, donde se venden niñas y adolescentes para matrimonio ya lo que el Presidente ha respondido que son usos y costumbres con los que no se debe jugar.

Y Ebrard, ni la burla perdona.

Para halagar al único demandado, puso al hijo del presidente en la arena de los golpes de cuchillo.

Lo hizo a pesar de que su vida de lujo ha sido documentada, como una mansión en Houston propiedad de un contratista de Pemex, aviones privados, etc.

¿Qué necesidad tenía uno de los políticos más preparados del país para hacer estas desfiguraciones?

Sí tienes una necesidad. De eso se trata la competencia en Morena: de halagar.

El padre del joven Andrés va a decidir quién es el candidato. Debe ser cortejado y ofrecer las máximas garantías de lealtad.

Como reveló AMLO en un tuit con motivo del Día del Padre, su debilidad son sus hijos. Entonces Ebrard inició su campaña con la oferta de hacer secretario de Estado a Andrés López Beltrán.

La respuesta del hijo del Presidente fue cortés, pero clara: no, gracias.

Aunque si la competencia fuera a ver quién es el más astuto de todos, Adán Augusto se llevaría las medallas de oro, plata y bronce.

Al inicio de su campaña se compadeció de los pobres y se negó a recibir los cinco millones de pesos que da Morena a cada candidato presidencial.

Lo que ha gastado en promoción personal en los últimos meses es para dejar frío a cualquiera: espectacular por todas las carreteras y caminos del país. En vallas, por no hablar.

“Somos Agusto con López”. “Que siga López”.

No son cinco ni diez, sino decenas (o más) de millones de pesos que ha invertido el exsecretario de Gobernación en propaganda dirigida a un solo votante: López.

Ayer recomendó a sus contendientes:

“Respeto mucho a mis compañeros que están participando en este proceso, respeto sus decisiones. Pero vamos a pedir que se donen los recursos que se deben destinar para nuestras actividades (…) donde hay abandono y donde las minas han explotado la tierra. Tiene que haber justicia social”.

Y el gasto que está a la vista de todos, ¿qué?

Dijo otra joya, una pieza de colección, dirigida al oído del entrevistado: “Aprendimos, hace mucho tiempo, que si la gente se organiza, Televisa no nos gana”.

¿TELEVISOR?

Televisa es propietaria de SDP, el órgano de transmisión y palpitación de López Obrador, dirigido por Federico Arreola. Y ahora -según la primicia de Lourdes Mendoza- es socia de Epigmenio Ibarra en Argos, el propagandista del odio al obradorismo.

Sacaron a Loret y López-Dóriga.

Pero el coro suena bien. Nos recuerda cuando el demandado era un líder opositor y sus seguidores desfiguraron los muros de Chapultepec 18. “Si el pueblo se organiza, Televisa no gana”.

Que show. Setenta días de adulación y anarquía.

De la pena de otra persona

Estamos ante un empalagoso (y transitorio) concurso de culto a la personalidad.

“Cultivo”, lo llaman los yucatecos.

Adulación a López Obrador, a él, porque no hay proyecto político que defender.

Y es él, AMLO, quien va a contestar la encuesta.

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Metro

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