
Mientras Nuevo León se preparaba para irse a dormir anoche con dos gobernadores, lo cierto es la ambición de Samuel García de competir por la candidatura de Movimiento Ciudadano a la Presidencia de la República. Fuera de eso, todo es cuestión de especulación en ese estado.
Este miércoles el Congreso del Estado de Nuevo León le entregó a García lo que tanto pedía: la licencia para ausentarse de su obligación como Ejecutivo de la entidad norteña. El proceso ha sido un galimatías legal y causa de complejas derrotas entre el PRI y PAN de Nuevo León y el joven gobernador de MC.
Ayer por la tarde, luego de que García dijera que acudiría al Instituto Nacional Electoral a solicitar amparo dado que la Legislatura de su estado exigió mayor claridad sobre la solicitud tramitada el martes, sorpresivamente el Congreso resolvió positivamente la solicitud y de inmediato nombró interino.
Así, el 2 de diciembre Samuel puede emprender su aventura electoral, eso lo ganó; pero donde perdió es que quien lo reemplazaría a partir de esa fecha es José Antonio Salinas, presidente del Tribunal Superior de Justicia. Anoche el Congreso esperaba tramitar una posible toma de posesión posfechada. Literal.
Y precisamente, el hecho de que los diputados pretendan impedir que García tenga su sustituto interino en alguien de su confianza, y en un contexto de dudas sobre la legalidad de que un funcionario del Poder Judicial pueda pasar al Ejecutivo, llevó al gobernador naranja a anunciar anoche que se opondrá a la obra.
Con esto, la lucha entre las partes (PRIAN) que no sólo han sido una piedra en el zapato de García en sus dos primeros años en el cargo, sino que, en opinión de los observadores locales, pueden derrotarlo localmente en 2024, está entrando en una nueva fase. Jurídico y político.
Pero Samuel García parece decidido a disputar la candidatura emecista a la Presidencia, eso no importa. Disputa es la palabra porque no tiene garantizado ese puesto, ya que Marcelo Ebrard es considerado para ello.
En dos años de gobierno, García ha logrado darle a la NL un vigor que su antecesor Jaime Rodríguez el bronco nunca lo logró. La personalidad de Samuel, su forma mediática de gestionar su comunicación en pareja y las buenas noticias en términos de inversión para el Estado le han dado bonificaciones.
¿Por qué entonces desperdiciar un impulso regional que va en aumento persiguiendo una aventura en la que los otros dos participantes los superan con diferencia en las encuestas y en la experiencia nacional, así como en la unidad partidista (MC es una franquicia prácticamente marginal)?
Las respuestas que en Nuevo León –donde estuve ayer- algunos dan son: por ambición, o sea, tienen una aspiración desmedida; y porque “amor con amor se paga”: la Federación, léase AMLO, lo ha apoyado y él le devuelve el favor esperando ganar aunque pierda.
Quienes lo han seguido creen que García siente que así como ganó sus campañas anteriores, puede ganar la elección presidencial. Si se equivoca o no en sus cálculos, es una discusión que no niega su creencia de que tiene posibilidades reales.
Pero lo que notan quienes lo observan es que García falla si considera que perder en las elecciones presidenciales no representará una derrota: se equivoca, dicen, si calcula que ayudará a MC a aumentar votos en las elecciones locales de NL de 2024. PRIANaseguran, le ganará.
Todo son especulaciones sobre los motivos de Samuel, todo menos el hecho de que asistimos al tortuoso nacimiento de la tercera candidatura presidencial. ¿Es hasta con fórceps porque insta a ayudar a Morena dividiendo a la oposición?
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