dom. May 17th, 2026

La relación México-Estados Unidos es aún más complicada que la de un matrimonio mal avenido, pues este último cuenta con el remedio del divorcio que existe en la ley desde los días de Venustiano Carranza.

Como dijo Roberta Jacobson, exembajadora de Estados Unidos en México, en una entrevista con este periódico, “no puedes divorciarte de un vecino con el que compartes tantas cosas”.

Es decir, no hay manera de llevarse el país a ningún otro lado ni el vecino enrocar con Canadá.

Compartiremos siempre los 3.200 kilómetros de frontera. Siempre. No hay forma. Y los dos países eligen si se llevan bien o no.

Hace varios años asistí a la cena de un presidente mexicano con la comunidad financiera judía en Nueva York, donde nuestro presidente inició su discurso con una broma ante la conspicua multitud:

“Al entrar, uno de ustedes me dijo: pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos. Respondí: pobre Israel, tan cerca de Dios y tan lejos de Estados Unidos.

El barrio es irremediable, por lo que hay que sacarle el máximo partido en beneficio de ambos y no intentar asfixiar al otro, como quería hacer un político improvisado y xenófobo como Donald Trump.

Esta relación con Estados Unidos debe ser un trampolín para impulsar nuestro desarrollo, y no una fuente de rencillas que la miopía de los gobernantes suele transformar en crisis.

Siendo la vecindad inevitable e irremediable, México debe detener el tráfico ilegal de migrantes hacia Estados Unidos a través de nuestro territorio.

La migración desordenada e ilegal crea serios problemas para quien gobierne Estados Unidos, y siempre será una fuente de tensión y animosidad hacia México, altamente explotable por demagogos y antimexicanos impulsivos.

Se debe impedir con la mayor seriedad y empeño la producción de drogas sintéticas en el territorio nacional, y combatir la exportación a Estados Unidos de ese veneno llamado fentanilo, que mata a más de 100.000 habitantes cada año.

No hacerlo da lugar a que un nacionalista fanático como Trump plantee su interés en bombardear México con el gabinete de seguridad. Algún día pueden decir que sí.

Y Estados Unidos, por realismo, tiene que impulsar el crecimiento económico de México para dejar de pelear por la migración, y porque les conviene un vecino con poder adquisitivo.

Hace poco más de 30 años, cuando cayó el Muro de Berlín y los países que pertenecían al derrumbado Pacto de Varsovia abandonaron la égida soviética, México tuvo la osadía de proponer un Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Así, la atención de la superpotencia victoriosa de la Guerra Fría no se centraría únicamente en favorecer con créditos e inversiones a aquellos países que estaban emergiendo a la economía de mercado.

Tres décadas después se nos presenta nuevamente una oportunidad similar, con el deterioro de la relación entre nuestro vecino y China.

Qué mejor para Estados Unidos que muchas de sus grandes empresas se vayan de China y otros lugares de Asia, y se establezcan junto a ella, en México.

Eso es un ganar-ganar entre vecinos. Y también para las empresas, especialmente las grandes tecnológicas que están siendo acosadas con regulaciones por el régimen de Xi Jinping.

Eso sí, para ello el gobierno mexicano debe tener claro de qué lado va a jugar.

No estamos, como en la época de la Guerra Fría, ante una lucha por imponer una ideología: o con melón o con sandía. Había que tomar una distancia prudente.

Ahora estamos ante una disputa comercial, por el dominio de la información, del conocimiento, entre nuestro vecino y China (que también es una dictadura).

Si entregamos el control informático de nuestros puertos internacionales a las empresas del Partido Comunista Chino, no llegaremos muy lejos. Es una señal de que nuestros gobernantes no saben dónde están parados.

Debemos ofrecer, por nuestro bien y el de nuestro prójimo, el estado de derecho.

Invertir en atractivos para que esas grandes empresas que ahora están en China se reubiquen (nearshoring) y vengan a México.

Invertir en educación, con énfasis en ciencia y tecnología para que nuestra gente tenga acceso a empleos bien remunerados.

Pero si se cambian las reglas del juego cuando las inversiones están a mitad de camino o ya hechas…

Si luchamos con una educación de calidad…

Más de cincuenta científicos están siendo procesados…

Se destruye apoyo para que jóvenes mexicanos estudien en el exterior…

Se rompe la colaboración gobierno-industria para preparar técnicos y científicos…

Se rechaza inversión en energías limpias…

Si nos dedicamos a desestabilizar las democracias en América Latina…

Entonces estaremos condenándonos a un mal barrio. Vivir de las remesas y lo que queda de las exportaciones que nos dio esa primera gran oportunidad que sí aprovechamos: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

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Metro

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