sáb. Abr 25th, 2026

Después del furor, la tragedia impone sus dimensiones y criterios. Nadie está exento ni inmune. Las historias de vidas, empleos y hogares destruidos van y vienen, justo cuando comienzan a aparecer los primeros relatos de vidas perdidas.

De enormes proporciones, el daño no deja lugar a la meditación tecnocrática, imprescindible para iniciar el vasto y doloroso proyecto de una reconstrucción cuyo nombre y fecha de llegada aún deben ser abordados, definidos y sometidos a la rigurosa crítica que será imprescindible para cultivar y ejercicio. Sin él, a la tragedia puede seguirle un largo desastre y una crisis social de proporciones enormes e impensables.

Hay que hablar de eso y acostumbrarnos a hacerlo de la mejor manera y sin arrebatos. Más allá de las acciones inmediatas e indispensables que los acontecimientos han impuesto sin consulta alguna, lo urgente es articular en todos los sentidos un proyecto que defina una autoridad, que hoy falta, y unos presupuestos que no pueden dejarse en manos de unos pocos. ¿Cuántos expertos?

Necesitamos muchos de ellos, expertos y conocedores; Pero, sin un diseño político nacional que exprese y refleje una voluntad nacional efectiva de marchar juntos, no hay racionalidad capaz de ordenar las mil y una voluntades que hay que canalizar desde lo más profundo de lo que hoy parece no tenerla.

Pensábamos que habíamos crecido un poco, en términos de coordinación institucional, social y técnica después del colapso de expectativas, vidas y edificios en 1985, pero la energía desplegada por el ciclón otis y sus efectos, de los que todavía no tenemos una idea completa, han puesto de relieve a nuestros huérfanos en todos los aspectos. Tenemos que hablar de estas dimensiones indisolublemente ligadas y ponerlas en una perspectiva de proyecto y programa, pasando a una visión de Estado. Una mirada capaz de trascender sus mezquinas paranoias y dar señales claras e inequívocas de querer y poder mandar haciendo gala de una voluntad racional, creíble y compartida.

Sin un esfuerzo político épico encaminado a forjar la unidad nacional para enfrentar el desastre y sus consecuencias, no habrá comprensión ni resignación. La consternación y la tristeza pueden ser fuentes de amargura corrosiva.

El peor escenario que podemos imaginar tras el paso del viento.

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Metro

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