
Será difícil recordar episodios en la historia de México en los que, al cantar el himno nacional, tantos mexicanos hubieran sentido la piel de gallina simultáneamente. La concentración ciudadana que este pasado domingo se llevó a cabo en la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México, y en decenas de otras ciudades del resto del país, es, sin duda, un triunfo de nuestra sociedad en torno a una decisión política común: vivir en una democracia.
Cabe destacar un aspecto singular de dicha manifestación ciudadana, atípica en este tipo de expresiones: sin dejar de ser esencialmente política, fue apartidista. A pesar de que la marcha buscaba proteger al INE, del que dependen los partidos, lo cierto es que la iniciativa para llevarla a cabo fue de la sociedad civil. A lo largo de los años, ha quedado debidamente demostrada la relevancia del Instituto a la hora de defender el voto en los procesos electorales, y todos los asistentes a la marcha manifestaron su interés en continuar con esta función.
La reunión de estos cientos de miles de mexicanos constituye un éxito sin precedentes que se ha visto y sentido en todo el mundo, y revela la atención política que la ciudadanía ya le ha puesto a un proceso legislativo que, por mucho que lo quiera ocultar, vulnera la capacidad de los Instituto Nacional Electoral para prevenir o responder contra cualquier ataque al sistema que pueda poner en entredicho el resultado de la contienda electoral.
Los discursos preparados y presentados ante los miles de ciudadanos reunidos fueron elocuentes, y cumplieron con el propósito de expresar el mensaje que proponía la marcha: los mexicanos estamos atentos y vigilantes a lo que sucede en el Congreso, y confiamos en la función que desempeñarán. afuera. los ministros de la SCJN.
Lamentablemente, los discursos revelaron un hecho claro: no existe un liderazgo político ya personalizado que pueda contender con éxito en los procesos electorales que se avecinan. De haber habido alguno identificado, posiblemente anteayer se habría llamado.
Los más destacados actores de la política nacional han cedido a la responsabilidad a la que históricamente se dedicaron: hacer política y actuar como eficaz contrapeso del poder, a través de los órganos constitucionales destinados al efecto o, en el menor de los casos, desde la mismas fiestas. El ataque de la mañana y el uso de la investigación financiera han logrado mantener a raya a los actores políticos de la oposición.
Se esperaba, quizás equivocadamente, que el domingo brillaran nuevos líderes ciudadanos, que acabaran con el prolongado silencio que dejó la ausencia de la oposición. Hombres y mujeres que presenten una imagen y un discurso carismático, que sirva para producir esperanza en todos aquellos que no ven reflejados sus intereses en el discurso del presidente y del partido en el poder. Desafortunadamente, eso no sucedió.
Se avecina un proceso electoral que realmente definirá la supervivencia de México, y lo que dejó claro la marcha del domingo es que el movimiento ciudadano está acéfalo, y que avanzamos aceleradamente hacia las próximas elecciones sin que un solo candidato suba el listón. mano, que tenga esa capacidad unificadora que pueda recoger y hacer suyo con éxito el sentir de los mexicanos que se oponen a vivir sin libertad.
Estamos a tiempo de comprender, una vez más, que los partidos políticos tienen una función catalizadora de gran valor, y que el liderazgo político no es espontáneo. Ser líder de masas implica más que una vocación, significa tener un talento, una preparación y una capacidad especiales que muy pocos seres humanos poseen.
La comprensión habitual de lo que ocurre en la arena política lleva a muchos ciudadanos a pensar que ser actor político es una tarea fácil, sencilla, que cualquiera puede realizar. Nada más lejos de esa teoría. Estamos presenciando lo difícil que es encontrar una persona capaz, que entienda de política, que entienda lo que es la Teoría General del Estado, que entienda lo que es la sociología, que conozca la Constitución y las leyes, que conozca los conceptos esenciales de la economía, y que, en Además, tiene capacidad discursiva y carisma, para atraer la intención electoral.
Quienes realizan estas tareas se preparan a lo largo de la vida para encontrar su espacio en el campo de trabajo de los partidos políticos. Es el momento en que deben iniciar los trabajos y esfuerzos necesarios para construir acuerdos y encontrar, entre sus hombres y mujeres con vocación, al candidato honesto que mejor pueda encauzar el legítimo deseo de proteger la patria que la ciudadanía demostró el pasado domingo.
El éxito del encuentro ciudadano del pasado domingo es quizás, lamentablemente, directamente proporcional al fracaso que resulta de no identificar, ahora, quiénes pueden representar los intereses de la ciudadanía en los próximos procesos electorales.
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