mié. May 13th, 2026

La obsesión del gobierno con la UNAM nos demuestra que controlar la Máxima Casa de Estudios es una necesidad vital para el grupo en el poder.

Ojo, no por todo el gobierno, sino por el grupo hegemónico, conformado por una secta de fanáticos e intolerantes que rechazan la modernidad y desconfían hasta de su sombra.

Ahora aprovechan la investigación por plagio de tesis de Yasmín Esquivel, para poner al rector contra la pared y desacreditarlo.

Como en las mafias, no es algo personal contra Graue, sino contra el Consejo Universitario que elige rector.

En diciembre se elige al sucesor de la Rectoría y la secta hegemónica del gobierno tiene la necesidad de hacer de la UNAM una gran audiencia del Che Guevara, ahora que ellos también podrían irse.

Va más allá de la obsesión contra la Universidad Nacional: la necesitan como su madrasa. Es decir, el centro de adoctrinamiento ideológico de lo que llaman cuarta transformación (o lo que ellos entienden por ella).

Desde que este gobierno llegó al poder, fue directamente en contra de la UNAM.

El 24 de enero de 2019 se dio a conocer el dictamen de la Comisión Unida de Educación y Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados, encabezada por Mario Delgado, que reformó los artículos 3, 31 y 73 de la Constitución.

Los morenistas recién llegados al poder cambiaron la fracción VII del artículo tercero constitucional y le quitaron la autonomía a la UNAM. Tan abierto: autonomía abajo.

El rector y académicos de la casa de estudios señalaron la gravedad de lo aprobado por las comisiones de la Cámara de Diputados y el dictamen debió ser devuelto para su modificación.

Se dijo entonces que había sido un “error de transcripción”, y tras algunos debates se aceptó la explicación dada por la mayoría morenista.

El “error” ocurrió un mes después de que el nuevo gobierno federal presentara un proyecto que recortaba el presupuesto de la Universidad Nacional, algo que nunca había sucedido.

Eso sí, apenas en la silla presidencial y con mayoría en las curules de San Lázaro, el gobernante morenismo, que había prometido en su campaña hacer que la UNAM aceptara a todos los estudiantes que solicitaran su ingreso, asestó un duro golpe al presupuesto universitario en 6 por ciento

“La sorprendente e insólita propuesta de reducir el presupuesto de la UNAM en más de un 6 por ciento no corresponde a la trascendente e importante labor de la institución de educación superior más grande de América Latina, ni al esfuerzo diario que realiza para servir a una comunidad de más de 350 mil estudiantes, además de poner en riesgo el adecuado cumplimiento de sus tareas sustantivas de docencia, investigación y difusión de la cultura”, expresó la Rectoría en carta dirigida a la Cámara de Diputados.

Luego del golpe presupuestario (17 de diciembre de 2018), vino la sentencia que le quitó la autonomía a la UNAM (24 de enero de 2019).

Un año después (febrero de 2020), el diputado de Morena, Miguel Ángel Jáuregui, presentó una iniciativa de reforma a la Ley Orgánica de la UNAM, para elegir al rector mediante el voto universal de la comunidad universitaria.

Una vez más, el rector Enrique Graue salió a manifestar públicamente su rechazo a lo que consideró un “intento de desestabilizar a la UNAM”.

Tras el reclamo del rector, el líder de Morena en el hemiciclo, Mario Delgado, expresó que “ante las diferentes inquietudes que ha suscitado esta iniciativa, nuestro grupo parlamentario solicitará a su autor que la retire definitivamente”.

Luego vinieron los proyectos para cambiar las leyes orgánicas de las universidades autónomas en estados donde Morena tenía mayoría en el Congreso local: Estado de México, Nayarit, Oaxaca y otros.

Con estas reformas se pretendía eliminar la elección del rector de los consejos universitarios o de las juntas de gobierno. Ellos fallaron.

En octubre del año pasado, el presidente López Obrador sacudió a la UNAM durante seis días consecutivos.

“Se necesita una reorganización y es una gran universidad, pero no estuvieron a la altura de las circunstancias. La crítica al neoliberalismo no vino de la UNAM, de todas las barbaridades que se cometieron en la era neoliberal, de los saqueos más grandes”, afirmó el Presidente en uno de sus discursos.

Los ex rectores José Sarukhán y José Narro salieron en defensa de la Universidad. Así fue. La secta los destruyó y todavía no los han soltado como “conservadores” o “matraqueros”.

Recientemente, el Presidente acusó a la Facultad de Economía de la UNAM de otorgar “méritos inmerecidos” que llevó a la Secretaría General de la Universidad, en alusión (y golpe) al exdirector de Economía y actual secretario general de nuestra Máxima Casa de Estudios, Leonardo Lomelí.

El Dr. Lomelí, por cierto, es uno de los candidatos naturales para reemplazar a Enrique Graue en la Rectoría.

“Soy respetuoso de la vida interna de la UNAM, no me voy a meter”, dijo el Presidente el viernes de la semana pasada.

Duro y golpeado contra la UNAM y el rector, incluso con palabras irrespetuosas hacia Graue y sus explicaciones sobre el proceso de investigación por el plagio de Yasmín Esquivel: “Pura lana de vértigo”, dijo el Presidente.

En resumen: el golpe le viene a la UNAM este año.

O el Presidente pone al rector, o promueven que todas las autoridades sean elegidas por sufragio universal, donde los adolescentes de secundaria votarían con el mismo peso que un médico emérito.

El objetivo es el control de la UNAM a perpetuidad por la secta de fanáticos e intolerantes que temen perder el poder el próximo año.

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