mié. Abr 29th, 2026

Por supuesto, el INE requiere mejoras, por ejemplo, para reducir sus costos operativos en la organización de elecciones, para desregular la ley electoral y limitar su carácter punitivo, para que el Instituto sea un árbitro más discreto como resultado de la autorregulación de los partidos y cumplir con los estándares. Es excesivamente arrogante decir que “al INE no se le toca”, cuando hay muchos aspectos por mejorar.

Lamentablemente, López Obrador prende fuego a la pradera cuando desacredita al INE por cometer un fraude imaginario cuando Morena ha ganado la mayoría de las elecciones en los últimos cuatro años y cuando ya se cuela un presunto fraude en 2024: si gana Morena será a pesar el INE, si pierde será por fraude.

Los desmanes retóricos de la marcha del 13 de noviembre —el INE no se toca— y la prepotencia de proteger a los status quo Surge de la propaganda populista y degradante que hace casi 20 años López Obrador contra el INE. Porque efectivamente, en un ambiente tóxico sin un diagnóstico equilibrado de lo bueno y lo malo del sistema electoral, es mejor posponer cualquier intento de reforma.

Por supuesto, entre los manifestantes del domingo 13 había muchos que desconocían el trasfondo del sistema electoral y mucho menos por qué la reforma electoral de López Obrador significa una captura del Instituto, tal como lo harán los del próximo domingo 27. No sé por qué tienen que ir a Apoyar al presidente López Obrador.

Sin embargo, los cientos de miles de personas que marcharon sí tenían un conocimiento intuitivo de que este gobierno está limitando el pluralismo, fomentando la polarización y buscando capturar al INE. El grito de “no toques al INE” es una consigna excesiva pero simple y poderosa para enfrentar el radicalismo del gobierno.

La propuesta de reforma electoral de López Obrador contiene algunos elementos positivos, pero el meollo es muy perjudicial para la independencia del árbitro electoral. En otros textos he argumentado los mecanismos que convertirían al INE en un brazo político del gobierno, pero basta reiterar que la elección por voto popular de los miembros del órgano de gobierno del instituto y de los magistrados electorales haría ellos delegados del poder político oficial.

La reforma de AMLO es mala, no solo por la captura del INE, sino por sus graves omisiones en dos temas nodales que atentan contra la salud, y uno de ellos, la supervivencia misma de la democracia mexicana. Uno es el financiamiento ilegal de campañas políticas y el otro es la penetración del crimen organizado durante los procesos electorales. También es omiso al atacar las raíces del clientelismo electoral y la coerción del voto.

Una vez que la marcha reforzó el rechazo de los partidos a la reforma constitucional, algunos legisladores de Morena, como Hamlet García Almaguer, han dicho —abiertamente— que “tres de los cuatro concejales que serán renovados en 2023 conseguirían su escaño”.

López Obrador propone que los concejales del INE sean elegidos por el voto del pueblo, según él, para quitarle a los partidos ese privilegio que utilizan para capturar a los concejales. Y ahora Morena quiere replicar esa práctica.

En efecto, el hecho de que los partidos sean los últimos decisores de los que resultan electos concejales no significa que todos ellos actúen como delegados de los partidos. En la historia del instituto, algunos directores —en efecto— han respondido a los intereses de los partidos, pero el balance es que el INE mantiene una sana distancia con ellos.

Una vez diluido el riesgo de una reforma constitucional, quedan dos riesgos latentes que deben ser contenidos: por un lado, una reforma legal en materia electoral —plan B— que puede contener otros problemas, por ejemplo, para limitar las facultades de los el control del INE o modificar los requisitos para ser asesores electorales y permitir el ingreso de personajes sin capacidad y experiencia electoral, o eliminar las restricciones para que el gobierno haga propaganda durante los procesos electorales.

El segundo riesgo es el nombramiento de los cuatro directores del INE. Son muchas las voces de Morena que van a querer, como receta de Hamlet, matar a tres concejales en tono de venganza porque naufragó su propuesta de reforma: es decir, nombrar animadoras del gobierno para prender fuego a la pradera desde el propio INE.

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