jue. Abr 9th, 2026

No está claro si lo que sigue es invierno o un infierno para Morena.

Tras la marcha festiva, multitudinaria y humanista del domingo, los desafíos del gobierno y el movimiento en el poder no son pocos ni minúsculos, aunque tengan la enorme ventaja de tener como oposición una jalea, cuya consistencia quiere endurecer la resistencia civil. eso, sí, está dando muestras de eficacia.

De entrada, los líderes de la causa de López Obrador -incluido su líder, el Presidente de la República- se ven obligados a asumir el fracaso, forjado o simulado con singular descaro, del propósito de reformar el régimen político-electoral. De entrada, calibrando no la fractura, sino el revés que supuso en la decisión de venir del senador Ricardo Monreal que, sea como sea, será un problema.

Y en medio de esta circunstancia, quienes se desviven por suceder al presidente y se esfuerzan por halagarlo y complacerlo, se ven impelidos a tomar conciencia de una contradicción. El abrazo de su padrino puede acabar asfixiándolos o, aceptando ser poppers, hacerles perder el gas de su refresco por haberse destapado prematuramente.

De ahí la duda de si la próxima temporada de Morena es invierno o infierno.

Sin entrar en el absurdo debate de cuál de las dos marchas, la del 13 de noviembre o la del 27 de noviembre, fue más legítima, multitudinaria, auténtica o ciudadana, ¡qué pobres categorías de análisis! – Morena cometió una serie de errores de propósito. sincero o astuto para reformar a destiempo el régimen político electoral que coronó con un error inconcebible.

Luego de convocar y movilizar a un millón doscientas mil personas para la celebración, según cifras oficiales, el gobierno y el movimiento pasaron de la fiesta del ejercicio del poder al entierro de la propuesta de reforma presidencial. Era tanto como corear: ¡De la celebración, al cortejo! ¡De la urna a la urna funeraria! Qué eslogan, ve crudo. Una fiesta que termina –en el doble sentido de la palabra– en la sala de espera del forense, atentos a la autopsia de lo ocurrido.

De ahí, quizás, la decisión de postergar el debate y la votación en pleno del dictamen de reforma constitucional que nació muerto. Triste sesión, donde al parecer los aliados de Morena, los Verdes multicolores y los laboriosos trabajadores del otro partido, exigieron una propina extra por ayudar a llevar el féretro de la iniciativa. Pero no importa, incluso a los sepultureros se les paga.

A los pocos días tenían razón los asesores de López Obrador que los instaron a hacer política y negociar la reforma político-electoral. Fracasó en polarizar y confrontar para forzar la propuesta. Y algo peor, en casi mil páginas como si fuera el envoltorio de un regalo, Morena le dio una bandera a la oposición partidista ya la resistencia civil: en nombre de la democracia, sostener un régimen que, a todas luces, exige una reforma. ¡Qué logro!

Llegarán los planes B, C y D, e incluso se podrá -como ya se ha hecho- acusar a la oposición y a la resistencia de negarse a afinar el régimen político-electoral y abaratar la democracia, pero hay una realidad ineludible: esta vez el discurso presidencial fue derrotado por la narrativa de quienes repudian su gobierno y el plan A, aún con respiración artificial, es difícil de revivir.

El régimen político-electoral se mantendrá prácticamente como está. ¡Qué victoria!

Luego está Ricardo Monreal que ya ha cantado a capella “Navidad amarga” y al que hasta Mario Delgado quiere despedir con “las golondrinas”. El senador que, quizás, terminará cantando “Yo no soy de aquí, ni soy de allá”, aunque por el momento busca interpretar “Reconciliación” a dúo o en coro.

Bromas y cánticos aparte, la situación del zacatecano ya es insostenible y, sea cual sea el desenlace, significará un desastre para Morena: si se queda, mal; si se va también. En esto no hay sorpresa, cuestión de recordar la razón por la cual el propio Presidente de la República advirtió a los senadores de Morena que la coordinación del grupo parlamentario lo tenía comprometido con el zacatecano.

Antes del invierno o el infierno o, bueno, en cuanto termine el período legislativo el 15 de diciembre, el senador Monreal, así como los que no quieren verlo más en las filas de Morena y los que le guiñan el ojo queriendo adoptarlo están bordeando tomar una decisión, sin desmerecer sus costos y beneficios.

Se dice fácil, pero no es simple. La salida de Ricardo Monreal podría hacer peligrar la correlación de fuerzas en el Senado y su funcionamiento. Eso sin contar que el zacatecano resultó ser un cuadro que, antes de ser marginado del juego sucesorio, sacó canciones del presidente y, después, cuando se vio marginado, supo construir su propio discurso y en ese situación encontrar un nicho. No sobran cuadros, falta Morena.

Sin embargo, la situación requiere una definición.

En medio de este panorama, quienes buscan avalar la candidatura presidencial de Morena ya deben tomar nota de la necesidad y, al mismo tiempo, de la dificultad que tienen para mostrar su propio perfil político sin disgustar o desobedecer al padrino de su sueño. Un juego de equilibrio extremadamente complejo que, como la sucesión, requiere anticipación.

Deben sentirse halagados de estar entre los postulados por el Presidente de la República, pero también preocupados por el peso de su liderazgo político, que limita considerablemente su margen de maniobra y podría asfixiarlos.

Es hora de empezar a sentir el frío o el calor y entender que, no estar siempre a cubierto, es entrenar si vas a salir a la intemperie.

¿Qué sigue, el invierno o el infierno de Morena?

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Metro

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