
El juicio de Genaro García Luna, en una corte de Nueva York, supone, garantizará abrir las ventanas del pasado para esclarecer la complicidad entre el Estado mexicano y los grupos del crimen organizado. Pero no solo eso, sino también las oscuras estrategias que tejieron los gobiernos de México y Estados Unidos para, supuestamente, perseguir los trasiegos de droga.
Con base en los relatos de varios periodistas que presenciaron los primeros días de las denuncias y testigos, coinciden en que los fiscales estadounidenses buscaron desde el primer minuto probar el apoyo de García Luna a que los cárteles de la droga operen con total impunidad, a cambio de dinero. .
Por otro lado, los defensores intentarán convencer al jurado de que el exsecretario de Seguridad mexicano amasó una fortuna con dinero legal, proveniente de consultorías, y que, por supuesto, ningún grupo criminal lo cooptó. Buscarán contrastar las palabras de los testigos, líderes criminales, con las de García Luna, quien fuera responsable de la seguridad en México cuando gobernaba Felipe Calderón.
La defensa inició su trabajo y presentó pruebas que buscaban causar un efecto psicológico en el jurado: fotos de García Luna con altos políticos estadounidenses, así como condecoraciones que recibió cuando supuestamente, alegan los fiscales, se dedicó a corromper y enriqueciéndose ilícitamente. . Así se tejerá esta impredecible historia, por ahora, que tendrá una duración aproximada de ocho semanas, aunque el juez Brian Cogan estima que serán menos.
Pero el juicio va más allá de los argumentos y las pruebas que estarán esparcidas en el banquillo y que determinarán si García Luna va o no a la cárcel definitivamente. Es de suponer que la fiscalía tiene pruebas claras y contundentes para afirmar todas las publicaciones realizadas por periodistas, a través de filtraciones o investigaciones, donde no cabe duda de que quien fue la mano derecha de Felipe Calderón en materia de seguridad cometió un delito. , cómplice de altos cabecillas de carteles criminales.
El juicio servirá para desentrañar los abusos, desmanes, impunidad y corrupción que durante sexenios, en especial los panistas, y en particular el de Calderón, se atrincheraron en el poder. Esta será una de las grandes apuestas de este atípico juicio, ya que puede servir como el punto de inflexión de un México impune, y otro en el que se demuestre que la justicia, aunque no sea del lado mexicano, puede poner a los criminales que Utilizaron la alta burocracia para delinquir.
A diferencia del juicio de retaco Guzmán, presunto aliado de García Luna y de quien nadie dudaba de sus antecedentes penales, el del exsecretario de Seguridad va más allá, ya que no solo va contra un individuo criminal, sino también contra un sistema en decadencia y la podredumbre del poder que emana. a partir de una elección popular, que logró calar en las distintas instituciones del Estado Mexicano y en los tres niveles de gobierno.
Por ello, se ha despertado una gran expectativa mediática y social, pues pueden aparecer nombres inesperados o esperados, como Felipe Calderón u otros expresidentes, exsecretarios de Estado, jueces, diputados, gobernadores, incluso ministros, ambos de la República Mexicana. lado sino también estadounidenses. También podría ocurrir lo contrario, y que la contradicción de argumentos y pruebas perturbe las acusaciones y todo se desmorone o solo García Luna sea acusado de una larga condena.
El presidente López Obrador aprovechará el juicio, ya lo dijo con entusiasmo que en sus mañanas expondrá, a diario, los avances del caso. Pero también aprovechará para jugar con la coyuntura electoral y criticar, por partida doble, a la oposición y sus fantasmas. Eso sí, además, será un buen distractor de los problemas que nos agobian a diario, como la inseguridad.
Pero el presidente debe tener cuidado, ya que cada apuesta tiene sus riesgos, no se le va a caer de bruces, dadas las promesas incumplidas de ser los que enjuiciarían a los expresidentes y a toda esa comunidad que corrompió en el pasado y que nada ha sucedido en este sentido. , mientras los índices de impunidad en nuestro país crecen día a día. Los conservadores a los que critica a diario siguen enloquecidos y, lo que es peor, forman parte de su “movimiento”.
También será interesante analizar las reacciones del gobierno de Estados Unidos, que podría verse comprometido por omisiones en el pasado, a partir de acuerdos que ha hecho con García Luna, ya sea por colusión o por omisión. Los testigos también podrían dar nombres en inglés.
Esto recién comienza, y todavía habrá mucho por escribir.
El autor es un periodista mexicano especializado en asuntos internacionales.
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