vie. May 15th, 2026

El PIB por habitante o per cápita es un indicador básico que utilizan los economistas para medir la prosperidad media de la población de un país. Aunque no contiene todos los posibles determinantes del bienestar, representa una condición para alcanzar muchos de ellos. Además, su metodología ampliamente aceptada permite realizar comparaciones internacionales sobre el desarrollo alcanzado durante largos períodos.

En estos términos, durante los últimos cuarenta años, México ha exhibido un progreso que puede calificarse, cuando menos, de modesto. Según cifras del Banco Mundial, de 1982 a 2023, la tasa de crecimiento anual promedio del PIB por habitante, en pesos constantes, fue de 0,5 por ciento.

Esta evolución es decepcionante si se compara con la de dos países. Durante el mismo período, en sus respectivas monedas constantes, la expansión anual promedio del PIB per cápita de Estados Unidos, economía madura y principal “socio comercial” de México, fue de 1.8 por ciento, mientras que la de Corea del Sur, que en 1980 fue menor desarrollado que nuestro país, alcanzó el 5,1 por ciento.

La implicación de estas discrepancias en las posibilidades de progreso es asombrosa. Cálculos simples revelan que, de continuar la tasa de crecimiento antes mencionada, México tardaría un total de 142 años en duplicar el nivel de ingreso promedio real de 1982. En cambio, sus respectivas tasas de crecimiento le han permitido a Estados Unidos duplicar su PIB. por habitante en 39 años, prácticamente el período contemplado, mientras que Corea lo ha logrado cada 14 años, casi tres veces durante ese período.

Dos conclusiones inmediatas de estos cálculos son relevantes. Primero, lejos de acercarse a los niveles de desarrollo de los países ricos, como Estados Unidos, México se ha alejado de ellos. En segundo lugar, hay naciones, como Corea del Sur, que no hace mucho tiempo eran más pobres que nuestro país y ahora se encuentran entre las economías avanzadas. Ambas observaciones sugieren que México ha renunciado a estándares de vida más altos.

Obviamente, la pregunta más importante es por qué México se ha quedado atrás en el largo plazo del progreso. La respuesta es complicada porque, seguramente, no existe una explicación sencilla ni un único factor determinante. Sin embargo, algunas pistas sobre los problemas pueden derivarse de las características de la trayectoria del PIB per cápita.

Más que su tendencia alcista, la evolución del PIB per cápita de México se ha caracterizado por su inestabilidad. En particular, este indicador se ha contraído durante cinco periodos, cuyos picos, ordenados de mayor a menor profundidad en la caída total, han sido 1981, 2018, 1994, 2008 y 2000.

Si bien algunas reducciones se debieron a factores externos, como el desplome de los precios del petróleo y el aumento de las tasas de interés internacionales en 1982, la pandemia de Covid-19 y la debacle financiera mundial, su grado ha sido significativamente mayor que el promedio de economías emergentes. Esto ha confirmado la fragilidad productiva de la economía mexicana ante choques externos y la ausencia de medidas contundentes para mitigarlos.

Más importante aún, varias contracciones fueron causadas principalmente por un manejo irresponsable de las políticas fiscal y monetaria, como fue el caso de las crisis de 1982 y 1995.

Además, a excepción de este último, las recuperaciones han sido lentas. Entre las mayores caídas, los episodios más frustrantes han sido los trece años que tardó el PIB per cápita en recuperar el nivel de 1981 y los más de cuatro años en los que aún no ha alcanzado el de 2018.

Incluso la reactivación más acelerada del período, que se observó en 1996-2000, apoyada en gran medida por el inicio del TLCAN, no se produjo con una velocidad comparativamente espectacular. Durante esos cinco años, la tasa promedio de expansión del PIB per cápita fue de 3,5 por ciento, 1,6 puntos porcentuales por debajo del ritmo promedio mencionado de Corea del Sur en los últimos cuarenta años.

En suma, en las últimas cuatro décadas, una cuarta parte del tiempo, México ha estado en “recesión”, esta última definida, como lo hace el Banco Mundial, como años en los que el PIB per cápita ha registrado disminuciones.

Por supuesto, además de la inestabilidad provocada por la inadecuada aplicación de las políticas fiscal y monetaria, seguramente otros elementos “institucionales” han contribuido a limitar los avances en el bienestar social de México. Por su probable impacto, podrían destacar la ausencia de un estado de derecho, la inseguridad ciudadana, un marco regulatorio y tributario adverso a los negocios y, en especial, un pésimo sistema educativo que ha restringido la movilidad social y el aprovechamiento del “dividendo demográfico”. . ” del país.

El autor es ex vicegobernador del Banco de México y autor de Economía Mexicana para Desencantados (FCE 2006).

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