sáb. Jul 11th, 2026

Más allá de los gritos y odios, estridencias y exageraciones, el país atraviesa un momento interesante pero sumamente delicado. Una oportunidad que, para liberar el desborde y la desesperación que el cielo o el infierno anuncian por el destino, podría darle al país si no un horizonte cierto, sí una base para reponerlo.

En medio de la tensión y la polarización, se han puesto a debate grandes temas nacionales. Al abordarlos y tratarlos, lo mejor y lo peor de la subcultura política muestra cuánto se necesita para encontrar fórmulas de entendimiento y equilibrio, lejos de la lucha, la venganza o la ruptura. Incluso revela cómo en el deseo de marcar una ruta o un camino, a veces se confunde el pasado con el futuro. Los actores, todos, dan la impresión de mirar hacia atrás y no hacia adelante.

Por ahora, una pregunta está clara, como lo estaba hace más de cuarenta años. Un sexenio es insuficiente para replantear un modelo de país y, en virtud de ello, la próxima campaña electoral será muy intensa si se sigue viendo el proyecto de nación como un tema excluyente o fraccionario. Por lo mismo, habrá que cuidar que la lucha por el poder no deje los cauces estrechados por la impunidad criminal y la pusilanimidad política, convirtiendo la oportunidad en el peligro del descarrilamiento nacional.

Qué temas de interés nacional han estado en el debate estos días.

El papel de las Fuerzas Armadas en la seguridad pública y su habilitación en tareas distintas a las de su naturaleza. La incapacidad de los líderes partidistas para atender y entenderse con la militancia y la ciudadanía. El límite y horizonte de la asociación y cooperación con los Estados Unidos. El peso y sobrepeso de los institutos autonómicos. La redefinición del vínculo entre los poderes de la Unión. La frontera entre el Estado y el mercado. El efecto de la fuerza y ​​la acción criminal en la política interior y exterior.

Cuestiones fundamentales en la configuración o desfiguración de un Estado y una nación y, en las que, con oficio o sin él, los actores en escena aparecen de cuerpo entero, desnudos o disfrazados.

Actores principales y secundarios, otros como extras de relleno, haciendo gala descaradamente de civismo y cinismo, de arrogancia e impotencia, así como de vanidad con un manto de humildad, desligados de la institución, estructura, organización o sindicato al que deben o representan. Personajes coloridos, realmente comprometidos o francamente confusos. Los profesionales políticos que de repente pierden la memoria y la experiencia o aficionado quienes, cuando ingresan por primera vez a la política, se ven a sí mismos como estadistas instantáneos. Y, por supuesto, los extras que, mientras aparecen en escena, hacen incluso de jarrones o lavabos. Además, por supuesto, de los contorsionistas de principios.

Tales son los temas y tal es el elenco. Es un momento interesante pero delicado.

Sin duda, muchos de los temas que hoy animan el debate pronto pasarán a formar parte de la campaña o serán probados.

Siendo que –según él– se va para no volver ni intervenir, el propio Presidente de la República ya puso como tema de campaña la militarización, cuando en realidad el tema es la seguridad pública. Ley fundamental ante la cual ya lo largo del siglo, la alternancia de las tres principales fuerzas políticas ha sido una simple vuelta para dar palos en la ciega y disputar quién ha dado más y quién ha dejado más desaparecidos o muertos. Un pasatiempo sangriento, donde policías, gendarmería y guardias se han armado y desarmado, siempre haciendo uso de los militares y jugando a determinar sin adivinar si el mando debe ser único, mixto o combinado. Ninguno, sin embargo, ha convocado a los demás a elaborar una política transexenal de largo alcance. En serio, el tema es la militarización?

En esta campaña serán puestas a prueba las direcciones partidistas que se han apoderado del aparato a costa de la militancia y en escarnio de la ciudadanía. Dirigentes que reducen a la ciudadanía a la condición de electorado, que olvidan nada más emitir su voto, diciéndoles que las puertas están abiertas… para que salgan, no para que entren. Y que, precisamente, estos días están haciendo malabarismos para defender sus intereses o atender al primer militante, jurando exteriormente estar atentos a la reivindicación ciudadana. Dirigentes asediados por ciudadanos profesionales ávidos de acceder al poder, tomando un taxi.

Otro tema digno de ventilar y debatir en la campaña es el de los institutos y comisiones autonómicas. Pasaron de contrapeso a sobrepeso y es necesario revisarlos, pero no desde la idea de desaparecerlos por completo o defenderlos a toda costa. Es evidente la necesidad de rediseñarlos sin la parafernalia con la que fueron concebidos, incrementada posteriormente por algunos de los que han formado parte de ellos.

Esos son solo algunos de los temas que sin duda serán objeto de la campaña electoral.

El complicado final del sexenio, acompañado de angustia presidencial por el agotamiento del tiempo sin lograr los resultados esperados, anticipa la agenda de la campaña electoral y revela los desafíos que tendrán que resolver partidos, candidatos y ciudadanos si, en verdad, logran quiere aprovechar, en lugar de perder la oportunidad.

Ojalá los actores principales y secundarios, así como el elenco ansioso por participar en esta contienda, dejen de adorar al péndulo político como símbolo de la imposibilidad de darle un horizonte al país. Es un momento interesante pero delicado.

Pronto

A nadie sorprendió su voto. Por no escribir una tesis, el ministro llena planes de presentación.

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