
Exsecretario ejecutivo del Instituto Nacional Electoral (INE)
Ahora se propone una reforma legal que pone en riesgo no sólo nuestra democracia sino también la protección de nuestra identidad.
La semana pasada las Comisiones Unidas de Gobierno y Estudios Legislativos de la Cámara de Senadores aprobaron el dictamen presentado por las senadoras Olga Sánchez Cordero y Mónica Fernández Balboa, de la fracción parlamentaria de Morena, para reformar la Ley General de Población.
El fallo, que al parecer será elevado a consideración del pleno del Senado esta semana, recoge la consideración de que el Ministerio del Interior será “el encargado de registrar y acreditar la identidad de todas las personas residentes en el país y de los nacionales residentes en el exterior”. .” Se reitera que Segob integrará un Registro Nacional de Población.
La novedad es que la Secretaría emitirá un documento de identificación oficial denominado “CURP con fotografía”. Documento que contendrá, entre otros datos, la biometría de las personas (foto y huellas dactilares) y tendrá una vigencia de 15 años. No hace falta mencionar que el registro es obligatorio.
La ley que se pretende reformar data de 1974 y aborda materias muy diversas, pero sin duda algo muy delicado es lo que tiene que ver con el registro de quienes tenemos la nacionalidad mexicana, lo cual tendría que hacerse a la luz de lo que en materia de identidad, derechos humanos y protección de datos personales se ha avanzado en los últimos 49 años, cuestiones que, desde mi punto de vista, no están suficientemente consideradas en el dictamen.
Si bien lo anterior debería ser motivo de profundo análisis y preocupación, en esta ocasión me centraré en algo que no está explícito en el dictamen pero que podría denominarse un ‘daños colaterales‘ con graves implicaciones y consecuencias, que tiene que ver con la democracia y la certeza del respeto a la voluntad de los ciudadanos a la hora de elegir gobernantes y representantes.
El dictamen en el artículo 83 señala: “La Secretaría proporcionará al Instituto Nacional Electoral la información del Registro Nacional de Ciudadanos que sea necesaria para la integración de los instrumentos electorales…”. ¿Qué hay implícito en esto? ¿Será ahora la Segob la encargada de integrar el padrón electoral?
La democracia tiene que ver con valores, comportamientos y reglas de convivencia, pero encuentra su momento culminante en las elecciones y estas tienen un arranque sólido cuando se define quiénes son los electores, lo que se traduce en tener un voto confiable y auditable, en el que participen todos los que deben. estar ahí está presente, nadie más, nadie menos.
Este, que parece elemental, fue uno de los problemas centrales de nuestra vida política en el último cuarto del siglo pasado y en gran medida nuestra transición democrática comenzó y ganó confianza con la construcción de un registro electoral que hubo que hacer desde cero. , en un gran ejercicio censal que identificó a los electores con fotografías para garantizar el día de las elecciones que quien emitía el voto era la ciudadanía con ese derecho, de ahí la máxima: ¡Un ciudadano, un voto!
En los últimos treinta años, el censo electoral ha ganado confianza y ha dejado de ser un problema en la organización de las elecciones. La responsabilidad recayó en un órgano constitucional autónomo, el IFE-INE. No fue depositado en un organismo gubernamental, como en otros países, dada la desconfianza ganada con esfuerzo por gobiernos políticamente parciales que lo utilizaron para favorecer a un partido político.
La credencial originalmente diseñada para votar y garantizar la credibilidad en las elecciones pronto se convirtió en el instrumento de identificación por excelencia para todos los procedimientos y, por lo tanto, es reconocida por todos los sectores públicos y privados.
Lo anterior está asociado a muchos factores, pero sin duda la credibilidad del INE ha sido decisiva para que esto suceda. Los ciudadanos acuden a los cientos de módulos dispuestos en todo el país para tramitar sus credenciales. A cambio de esa confianza, el Instituto ha realizado una gran inversión para ofrecer a todas las personas un mejor servicio y la garantía de que sus datos estarán adecuadamente protegidos.
La afirmación de que la Segob es responsable del registro de población ha sido reiterada por gobiernos de los más diversos grupos políticos. Quien esto escribe lo sabe desde 2008, ante lo cual el IFE de entonces y el INE posteriormente presentaron, entre otros, los siguientes argumentos:
1. La credibilidad de los procesos electorales depende en gran medida de que el padrón electoral sea responsabilidad de una institución autónoma. Dejarlo en manos de la Segob, independientemente del partido político en el poder, alimentará la desconfianza.
2. Constituir un instrumento único de identidad a cargo de una institución autónoma. Tener varios tendría como consecuencia que el padrón electoral reduciría su cobertura (el 98% de los mayores de edad están inscritos, es uno de los padrones con mayor cobertura en el mundo; como referencia en EE.UU., los padrones llegan a 70 por ciento con dificultad).
3. Un registro con menor cobertura no sólo limita derechos sino que también implica pérdida de legitimidad de los resultados electorales.
4. Aprovechar la confianza que la ciudadanía tiene en el INE, así como la infraestructura e inversión que el Instituto ha realizado durante décadas. Es una inversión del Estado mexicano, patrimonio de todos.
5. Una de las últimas propuestas fue hacer una reforma que permitiera al INE credencializar a menores de edad, aprovechando la experiencia y despliegue territorial que ya tiene.
A lo anterior cabe agregar que el actual gobierno se ha caracterizado por el uso de programas sociales con fines electorales y la intención de utilizar el registro de beneficiarios para estos fines. ¿Por qué aumentar la desconfianza y socavar una democracia que tanto amamos? ¿Ha costado construir? ¿Por qué crear un problema donde no lo hay?
POSDATA: El 2 de octubre no se olvida y ahora ante “el informe” presentado por el actual gobierno sobre Ayotzinapa-Iguala, se acumulan más secretos de Estado que dejan profundas huellas y dudas.
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