dom. Abr 5th, 2026

Con la tan esperada campaña política para mantener el poder, transgrediendo con ello el orden constitucional, el presidente López Obrador, las corcholatas y toda la nomenclatura morenista, se enfocan ciento por ciento en estas tareas, en vez de atender y solucionar los problemas por los que millones de mexicanos viven en total marginación, pobreza, inseguridad pública y en un estado de vulnerabilidad no visto, por lo menos, en el México posrevolucionario.

No solo el INE de Guadalupe Taddei, quien confirmó las sospechas que afirmaron sobre su sometimiento al titular del Ejecutivo Federal, sino también el Congreso y todos los órganos de gobierno que tienen la obligación de impedir la distracción criminal en sus tareas sustantivas del mandatario. Gabinete y camarilla que los acompaña, son ignorados y por lo tanto cómplices.

A poco más de 15 meses del término de la actual administración y ante los indicadores negativos que prevalecen en todos los sectores y programas que miden, por ejemplo, el PIB, los índices de criminalidad, la inclusión social, la gobernabilidad, la salud, la educación y, en general, la economía desarrollo, además de la corrupción y la opacidad, el gobierno de la llamada 4T busca por todos los medios mantenerse en el poder, a través de todo tipo de artimañas para no sólo ganar la elección presidencial y la mayoría absoluta en ambas cámaras legislativas, sino fortalecer las estructuras de un régimen totalitario.

Los actos anticipados de campañas políticas que realizan las seis corcholatas con recursos públicos y si no tienen esa fuente, pues peor, porque pueden ser de procedencia ilícita, son insultos al pueblo, particularmente a los que menos tienen, ya que, ahora es más evidente, el olvido que sufren al ser abandonados a su suerte, sin apoyo gubernamental, porque los programas asistenciales no alcanzan para paliar la marginación y la pobreza, aunque eso no importa, siempre y cuando los beneficiarios voten a favor. favor de Morena y sus estorbos.

Todo el entramado institucional, incluidos los organismos que fueron concebidos para ejercer un contrapeso al Poder Ejecutivo, como la CNDH y la FGR, están alineados para cumplir la santa voluntad de AMLO.

La debacle que se vive en México se pretende encubrir con un discurso presidencial que disfraze la dolorosa realidad que afecta a todos los que no están “mamantando la ubre del poder” o las clases altas.

El manual del populismo se aplica sin mover una coma; a ver, se promueve la militarización; se entrega dinero público a una base electoral de alrededor de 15 millones de beneficiarios; la retórica oficial se construye todos los días con pinceladas de un México que sólo existe en la mente del tlatoani; Se controla el Poder Legislativo y se golpea al Poder Judicial para que lo someta, mientras se apropia de los fiscales estatales y de la República.

Los recursos del fisco y la ley del garrote se destinan a someter a los medios de comunicación y se apropian de los espacios en las redes sociales para privilegiar el discurso del oficialismo.

Divide y vencerás, esa es la consigna del Foro de Sao Paulo que busca instaurar el totalitarismo en la región satanizando a los ricos y acaudalados que buscan “aniquilar a los pobres y sabios”. La polarización como arma de sumisión.

Cuando las campañas debían empezar a calentar hasta diciembre de este año, López Obrador decidió adelantar los tiempos con varios propósitos: ganarle la agenda política a la oposición y consolidar la posición de sus poppers entre la opinión pública; lanzar fuegos artificiales para entretener a los respetables y con ello desviar su atención de los graves problemas que atraviesa México; y por supuesto, mantener el poder.

Por otro lado, los opositores al régimen mantienen una pasividad desesperada que los convierte en cómplices por omisión.

En lugar de denunciar a diario las atrocidades provocadas por la ineptitud de funcionarios públicos inexpertos, PAN, PRI, MC y PRD están en el lienzo noqueados por su propia incapacidad, irresponsabilidad y desapego a las causas populares.

Todo les sale mal y lo que no, lo complican por su visión de corto plazo y las luchas de poder que se dan en su interior. Si no me cree querido lector, mire lo que pasa entre los tricolores con Alito y sus compinches o más aún, con los panistas, que están atónitos, por decirlo con elegancia, ante el control que Marko Cortés y sus secuaces tienen quien lo acompañe, quienes buscarán a toda costa que uno de los suyos gane la candidatura presidencial del bloque opositor, por encima de otras opciones, incluida la propuesta de la sociedad civil.

Como hemos insistido en este espacio, para el 2024 ganarán AMLO y Morena, por las buenas o por las malas, mientras que los partidos políticos de la oposición quedarán reducidos a su mínima expresión.

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Metro

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