vie. Abr 10th, 2026

Andrés Manuel López Obrador busca desesperadamente ser una figura histórica y dejar un legado inconfundible y permanente en la mente de los mexicanos. Además de cientos de estatuas de AMLO en todo el país, ¿cuántas calles, avenidas, escuelas, universidades, aeropuertos, refinerías, incluso ciudades podrían cambiar de nombre en el próximo sexenio y recibir la nomenclatura del actual Presidente? No sería sorprendente que sus seguidores exigieran cambiar el nombre del Estado de Tabasco a “Tabasco de López Obrador”.

No creo estar exagerando, ya que la popularidad del Presidente, y no los resultados de su administración, será el factor más importante que permitirá a Claudia Sheinbaum, en 2024, ser Presidenta de México. Esta realidad explica por qué la estrategia de todos los candidatos de Morena será elogiar la personalidad casi mítica de Andrés Manuel y subrayar la cercanía con el Presidente popular. Pocos, muy pocos candidatos podrán presumir de buenos resultados como gobernantes. Algunos buscarán vincularse a los resultados positivos de la administración de López Obrador. Pero esto sería un error, ya que hay muy pocos resultados de los que presumir en términos de seguridad, lucha contra la corrupción, mejora del sistema de salud, educación y reducción de la pobreza.

Por eso las campañas de Morena se limitarán a halagar y alardear de su cercanía a López Obrador y distanciarse de sus fracasos.

Y esta es la razón por la que los candidatos de Morena tendrán que proteger el legado del Presidente y seguir promoviendo esta imagen casi mítica del “salvador” de México. Y por ello, no debería sorprendernos que comience la operación “leyenda”: ​​no sólo promover el legado del Presidente, sino también proteger su imagen histórica.

Pero para ello es importante que el Presidente comprenda esta responsabilidad y la asuma. Particularmente en este último año, López Obrador, de manera caótica y sin sentido, destruye su imagen por la desesperación y quizás por el debilitamiento que siente a medida que se acerca el final de su sexenio. La falta de empatía por el sufrimiento de las víctimas de los grupos del crimen organizado, familiares de desaparecidos y sobrevivientes de “Otis”, y pacientes con cáncer podría afectar la imagen del Presidente, y por ende, de sus candidatos. La falta de resultados en materia de seguridad, la defensa de políticos impresentables como Samuel García, el dramático aumento de la deuda.

Y sí, en lugar de buscar acercamientos con la oposición y sus enemigos para intentar fortalecer las opciones de Morena, el Presidente insiste en polarizar a la población. Y esto no favorece a Morena ni a sus candidatos. Pero al parecer fortalecer a sus candidatos de Morena no es una prioridad, lo que busca López Obrador es mantener el control y el poder a costa, si es necesario, de los corcholatas. López Obrador no negocia, impone y destruye. Y a pesar de ser un hombre que ha demostrado ser un ávido lector y conocedor de la historia de México, no entendió la importancia de la palabra del Presidente y la trascendencia de sus discursos para su legado histórico. Con excepción de la frase “por el bien de todos, primero los pobres”, hay pocas frases serias de las que Morena pueda presumir en los libros de texto.

Lo irónico de la campaña de Xóchitl Gálvez es que su problema es completamente contrario a la situación de la “precandidata” Claudia Sheinbaum. La precandidata frenteamplista tiene que distanciarse de los partidos frenteamplistas y sus dirigentes. En lugar de polarizar, Xóchitl tiene que invitar y convencer al electorado de que ella puede ser una gobernante diferente a la clase política tradicional, odiada por los votantes. Y estas semanas vimos varios ejemplos de las dificultades que tendrá Gálvez, cuando el expresidente del PAN, Vicente Fox, ansiando atención, insista en publicar tuits cuyos resultados afectan mucho a los candidatos del Frente Amplio.

El PAN, PRI y PRD y sus direcciones son impresentables, y terminarán saboteando la candidatura de Xóchitl Gálvez. Pero le resulta casi imposible llevar a cabo una campaña presidencial sin las estructuras de estos partidos desacreditados.

Por tanto, el talón de Aquiles de Morena está destruyendo el legado de Andrés Manuel López Obrador, y cada semana que pasa, esta tarea se vuelve más fácil. En el caso de Xóchitl Gálvez, su kriptonita es la historia de corrupción y negligencia de los partidos del Frente Amplio, que necesita para ser competitiva.

Ana María Salazar es analista política y experta en temas de seguridad.

En Internet: www.anamariasalazar.com

Facebook: anamariasalazarslack

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