En los últimos días, dentro de los círculos cercanos al movimiento obrador y en redes sociales afines a esta corriente se ha mencionado insistentemente la posibilidad de que el reciente cuestionamiento a Xóchitl Gálvez haya precipitado su caída. Es decir, un supuesto retiro de su candidatura por parte del Frente Amplio tras juzgar que ha perdido competitividad en la carrera presidencial. Pero no creo que existan ese tipo de consideraciones entre los líderes de la oposición; Me parece que esto es más un deseo de la izquierda que una posibilidad real, al menos por el momento.
Y nos recuerda, aunque en sentido contrario, a los alegres relatos que solían hacerse en los medios adversos a la 4T cada vez que surgía un escándalo en torno a la figura de López Obrador o alguno de sus allegados. “Ahora los mexicanos nos vamos a desilusionar con este video” (foto de una casa, resbalón o lo que sea). Evidentemente ni la aprobación de López Obrador cayó en picado ni Xóchitl se va a desplomar de la noche a la mañana. Las consecuencias de las malas noticias siempre son magnificadas por el lado contrario.
Ciertamente no ha sido una buena campaña para el candidato de la oposición. La difusión de algunas irregularidades durante la adquisición y construcción de su casa o la exhibición de una serie de párrafos plagiados en su tesis universitaria no la ayudan, por supuesto. Y su estrategia de control de daños satisfará a algunos, pero preocupará a otros. Hizo bien en reconocer su “pendencia…” respecto a su tesis y su disposición a escribir otra si las autoridades así lo juzgan. Una buena reacción teniendo en cuenta que los políticos suelen refugiarse en la negación, incluso cuando son sorprendidos con las manos en la masa. Pero no pudo evitar soltar una de esas frases que deben poner los pelos de punta a muchas personas en los sectores tradicionales: “…mañana van a decir que no soy mujer, que tengo matiz. .. Tengo un montón de ellos.”
Cabría preguntarse si, dada la sobriedad a la que ha recurrido Claudia Sheinbaum, algunos inversionistas y grandes empresarios se lo pensarán dos veces antes de alinearse a favor de un candidato que tan casualmente recurre a ocurrencias y vulgaridades para complacer a la audiencia. Y en última instancia, más que los escándalos que pueda enfrentar Xóchitl en el camino, son estos últimos los que realmente pueden afectar sus posibilidades. Con cierta lógica, la oposición buscó una figura que pudiera disputar el voto popular a los candidatos de Morena, al entender que el resto de sus opciones tenían una imagen demasiado fifi para los tiempos que corren en materia electoral. No es casualidad que la otra finalista fuera Beatriz Paredes, con verbo y huipil propios de la plaza pública y única sobreviviente con cierta identificación con el PRI asistencialista.
En el PAN lo que encontraron fue a Xóchitl, cuyo origen humilde favoreció la construcción de una narrativa contra el morenista, figura pública con atributos populistas. Pero lo que funciona para una cosa obstaculiza otra. El personaje dispuesto a subir al podio vestido de dinosaurio e interrumpir a un orador oficial en medio de tareas legislativas, rompe el esquema de la imagen presidencial que tienen muchos mexicanos, incluso algunos que no comulgan con el obadorismo.
Los empresarios regiomontanos ya vivieron una versión de esto con Jaime Rodríguez “El Bronco”, una figura clara y popular, pero mediocre como gobernante. La cuestión de fondo es, precisamente, cuánta profundidad tiene Xóchitl Gálvez; la “sustancia” presidencial que puede poseer o no. Ese es el verdadero desafío que tendrá la sala de guerra de su campaña. Cabe recordar que las primarias internas entre ella y Beatriz Paredes tuvieron que suspenderse por el temor de la dirigencia de que la priista acortara la ventaja que tenía la panista.
Durante los debates y a lo largo de los días, Paredes mostró la experiencia y visión de Estado que le falta a Xóchitl. Frente a las ideas, las alusiones al contexto histórico y político, a la complejidad de los problemas de México y del mundo que presentaba el exgobernador tlaxcalteca, las sencillas frases de la hidalguense parecieron fuera de lugar. El léxico popular del mercado tiene muy poco éxito en los círculos bursátiles.
Si bien es cierto que en los últimos días ha intentado ceñirse a las cartas que ha escrito, hay una dosis de improvisación inevitable en cualquier campaña electoral que será un duro desafío en los próximos meses. Y sus estrategas y publicistas están atrapados en un dilema de difícil solución: su mayor virtud a la hora de afrontar la calle es su frescura desenfadada; Su peor defecto ante el establishment y los círculos decisorios de este país es, precisamente, su frescura desenfadada.
En definitiva, deberíamos preguntarnos si varios de los grandes capitanes del dinero, los circuitos financieros, los entornos académicos e intelectuales, las clases medias críticas y en general sectores que han cuestionado algunas o muchas prácticas de la 4T, se sentirán cómodos imaginando un personaje como éste en la silla presidencial. Algunos sí, otros quizá no tanto. Al fin y al cabo, el Gobierno que promete Claudia Sheinbaum es uno que continuaría con la estabilidad financiera y la prudencia en el manejo de las cuentas nacionales, sin la beligerancia verbal de López Obrador. La alternativa no es necesariamente tranquilizadora:
Si ganara la oposición, los mercados tendrían que considerar los riesgos de ingobernabilidad debido a la reacción de potenciales mayorías insatisfechas. Les guste o no, el Gobierno de la 4T ha sido un factor de estabilidad política. En definitiva, entre un Gobierno de Claudia Sheinbaum, al que ya sabrían qué esperar, y uno de Xóchitl con personajes como “Alito” Moreno, Marko Cortés y Claudio X dando vueltas, no estoy seguro quiénes serán los Carlos Slim y los como preferiría. ¿Xóchitl será sacada de la carrera como anticipan frotándose las manos algunos círculos de izquierda? No lo creo porque no tienen a nadie mejor a la vista a quien recurrir.
La última fecha para registrar candidatos para la boleta presidencial es el 29 de febrero; Hasta ese momento, las partes establecidas tienen la posibilidad de cambiar de opinión, cumpliendo con los requisitos del caso. Pero a la vista del inventario, cualquier opción equivaldría a otra forma de perder. Así que, salvo algún imponderable importante, del que nadie está a salvo en política, me parece que la suerte está echada.
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