jue. Abr 9th, 2026

El mundo está experimentando una especie de pandemia autoritaria. Diferentes estudios internacionales (El economista, IDEA) advierten de una regresión democrática a escala global: año tras año hay más países donde la democracia se erosiona o se pierde que donde mejoran las libertades y los derechos. Un patógeno común de esta enfermedad es la polarización, que daña la deliberación pública hasta el punto de asfixiarla por completo. El virus se transmite, muta y se fortalece en mensajes de odio e intolerancia de ambos lados, disfrazados de discursos de pureza política. Veamos algunas características.

1) La negación de la legitimidad del otro. Un simple prueba Detectar a un autoritario es ver si ataca y denigra a quien no piensa como él. Acusa a otros de ser portadores de malos intereses, malos para la sociedad. Les niega legitimidad. Para ellos sólo existe la conversión a la causa del autoritario o su desaparición, no hay nada más. El autoritario más puro es el fanático que, como advirtió Amos Oz, quiere redimirte y curarte convirtiéndote a su religión, a su credo, y si no, te destruye. El autoritario desea comunidades a su imagen y semejanza, fieles, no ciudadanos. Repugna todo lo que supone la democracia: el disenso a través de la libertad de expresión, de organización, de manifestación, de conciencia, de los derechos de las minorías. El ideal del autoritario es vivir en una gran secta, no en una sociedad plural de mujeres y hombres libres. Para el autoritario, su moral y sus creencias están por encima de la ley.

2) Autoritarismo tipo A: todo vale en nombre de la igualdad. Hay autoritarios en todo el espectro político. Un tipo común es el que, en nombre de la igualdad social, justifica abusos y violaciones de los derechos humanos. Así, encarcelan o destierran a disidentes, activistas y periodistas (Nicaragua y Venezuela) o anulan de plano elecciones libres durante décadas (Cuba). Este autoritarismo es alérgico a la crítica; Quienes detectan y documentan sus abusos son acusados ​​de neoliberales, reaccionarios, vasallos del imperialismo yanqui.

Aquí hay una advertencia: la equidad social y la justicia son objetivos más que legítimos en la democracia. El problema son aquellos que cancelan libertades en su nombre.

3) Autoritarismo tipo B: la libertad lo justifica todo. Es otro tipo de autoritario frecuente y de moda. Hay casos bien conocidos: Trump, Bolsonaro, Milei. Para resolver los problemas de seguridad, su solución es la libertad de portar armas. No debería haber regulación pública de las grandes empresas, ya que se ve afectada la libertad de mercado. Libertad total incluso para el misógino, el xenófobo, el homófobo, el racista. Para este autoritario del ultraliberalismo, la desigualdad no es un problema: los pobres suelen ser pobres porque son vagos. Estos autoritarios acusan cualquier exigencia de igualdad social de oler a conspiración comunista.

Por supuesto, hay que señalar que el problema no es valorar la libertad indispensable, sino buscar imponer un individualismo extremo que anule el contrato social en su nombre. Hay que recordar a Isahia Berlin cuando advertía que, sin límites, “la libertad de los lobos es la muerte de los corderos”.

4) Los autoritarios A y B condenan por igual. No entienden que estar en desacuerdo con el autoritario A no es ponerse del lado del autoritario B. Se parecen en su incapacidad para discutir sin utilizar calificativos y farsas. Si escucha críticas al régimen cubano, el autoritario A detecta a un proimperialista. Si Milei es cuestionada, entonces B la acusa de apoyar a los gobiernos kirchneristas. Si disientes de AMLO, A te acusa de ser cómplice de la corrupción del PAN y el PRI. Si criticas a la oposición, B te llama ‘chairo’ y traidor al gobierno. La lógica autoritaria es la misma en ambos bandos: amigo o enemigo, no hay otro.

5) ¿Existe una cura para el virus? Mantenerse alejado de la polarización evita, al menos, ser un foco de contagio. Se requiere coherencia en la práctica de la tolerancia. No reproduzcas discursos de odio, sepan que así como hay autoritarios A y B, también hay demócratas de izquierdas y derechas con los que debemos saber dialogar y convivir. La libertad y la igualdad son valores de la Ilustración y la civilización. Sólo reivindicando el pluralismo, ejerciendo los derechos de la democracia y respetando los de los demás podremos estar a salvo de la pandemia autoritaria. En 2024 la tarea democrática es detener el virus del odio.

El autor es economista y profesor de la UNAM.

Leer la nota Completa

Metro

By Metro

METRO es un sitio web internacional en donde destacan las noticias más relevantes de hoy, actualidad y diversos temas como deportes, politica, economía y más. Con información veráz y acertada en cada noticia de todo el mundo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *