
Poco más de un año después de que los bancos centrales de todo el mundo iniciaran un esfuerzo de ajuste monetario, hoy las tasas de política monetaria se encuentran en niveles reales históricamente altos. En este contexto, deberíamos comenzar a ver que los efectos de tales esfuerzos se materializan muy pronto. Lo anterior, dada la demora con la que actúa la política monetaria a través de sus distintos canales de transmisión, que suele ser entre doce y dieciocho meses. En el ámbito de los canales de demanda agregada y expectativas de inflación, deberíamos comenzar a ver un enfriamiento en las tasas de crecimiento del consumo y la inversión, así como una moderación en las expectativas de inflación en el corto y mediano plazo. Sin perjuicio de lo anterior, en la actualidad parece haber tres tipos de casos o circunstancias sobre los que los bancos centrales deberán decidir en los próximos meses.
El primero de estos casos, quizás el menos complicado, lo presentan aquellas economías que ya muestran signos de desaceleración económica que coinciden con varios meses de descenso en los niveles de inflación general y subyacente, además de sus expectativas. En tal entorno, la decisión de cerrar el ciclo alcista de tipos de interés y preparar el cambio para el inicio anticipado de un ciclo de recortes que consiga moderar el ciclo económico en su fase de desaceleración o contracción al tiempo que permita consolidar la senda de la inflación hacia su objetivo. Este último no está exento de complicaciones, pero es reconocido como uno de los escenarios menos complicados para los bancos centrales.
Un segundo escenario, un poco más complicado, es aquel en el que tanto la actividad económica como la inflación ya han alcanzado un punto de inflexión, pero su trayectoria descendente es muy gradual. En este caso, se facilita la decisión de suspender la suba de la tasa de referencia. No sería el caso de la decisión por cuántos meses se debe mantener inalterada la tasa de política monetaria. Esta posición se complica si se da en ausencia de una relajación en las expectativas de inflación en el corto y mediano plazo.
El tercer escenario, quizás el más complejo, es aquel en el que ya se han alcanzado niveles récord de astringencia monetaria y, sin embargo, tanto los niveles de actividad como de inflación (especialmente la subyacente) no han dado señales inequívocas de moderación. Curiosamente, buena parte de los bancos centrales de la región se ubican en este caso. En el caso de México, ya pesar de que la tasa de referencia de la política monetaria ha alcanzado un nivel real superior al 6%, la actividad económica ha sorprendido levemente al alza a principios de año. Por su parte, la inflación subyacente, la más ligada al ciclo económico, solo sugiere un punto de quiebre, pero no la consolidación de una tendencia a la baja. En este entorno, corresponde a Banxico decidir si su ajuste ha sido suficiente o se requerirá un mayor esfuerzo.
En lo personal, creo que Banxico ya completó su ajuste monetario. Sin embargo, está mucho menos claro cuánto tiempo tendrá que permanecer sin cambios el grado de ajuste monetario. Lo anterior es mi opinión, la realidad es mucho más complicada.
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