vie. Jun 5th, 2026

Aparte de la Ciudad de México, no hay otra capital que ofrezca un dinamismo económico como Monterrey en esta nación.

Se pueden discutir razones que, según los reyes, se resumen en la instrucción inscrita en las puertas de todos los Oxxo: jala.

Los naturales de esa ciudad presumen que “tiran” en cuanto bajan el primer pie de la cama. Su relación con Texas los hizo pragmáticos en los negocios y, a diferencia de otras regiones del país, dejan su convivencia por la carnita asada de los sábados, o quizás algún que otro juevecito de dominó. Entre semana, “él tira”, hay que trabajar. Ese eslogan deriva en un resultado:

“Alguien que nace en un hogar muy pobre del norte tiene tres veces más posibilidades de salir de la pobreza que alguien nacido en el sur en la misma situación”.

La cita proviene de una presentación que realizó ayer Beatriz Coll, directora general de Inroads de México, una organización sin fines de lucro que se encarga de conectar oportunidades laborales interesantes con jóvenes talentosos que regularmente carecen de ellas.

En este país, la mayoría (74 por ciento) de quienes nacen en un entorno desfavorecido permanecen en la misma situación durante toda su vida. Pero hay fuertes contrastes: en el norte, el 46 por ciento sale de esa trampa. En el sur, solo el 14 por ciento escapa, según esta organización de 26 años.

Quienes se sacuden ese lastre dependen en gran medida de que sus padres tengan algún grado académico, de lo contrario, es casi imposible salir de la miseria.

Un último dato sobre el tema: imagina una escalera de 100 peldaños en los que cada uno represente un nivel socioeconómico de México. Quien nace en Nuevo León en el escalón 25 puede llegar al 46 cuando sea adulto. En Guerrero, como máximo subirá dos escalones.

Hay muchos factores que influyen en esto, pero la situación puede cambiar no solo por las recientes inversiones en infraestructura de transporte en el sur de México, sino también por un posible ajuste en la percepción de la sociedad.

Hay temas tabú en México y uno de ellos tiene que ver con la discriminación social, advierte Inroads. ¿Dónde vive? ¿Cómo hablas?

¿Cómo discriminamos aquí? ¿A quien? En cualquier caso, sabemos que quien cae en alguna de las definiciones de “naco” está casi condenado. Si se combina esa clasificación subjetiva con el origen étnico de la persona que recibe el adjetivo, no hay mucho más que hacer por una persona en su objetivo de promoción.

Fíjate en los datos del Inegi: el principal motivo de discriminación general es el grooming personal. Peinados, ropa, tatuajes… Entre los que siguen están: su peso, sus opiniones políticas y, ojo, su forma de hablar o la zona en la que vive. ¿Qué falta aquí?:

“En cuanto a la población indígena de 12 años y más, el 28,1 por ciento de las mujeres y el 27,9 por ciento de los hombres reportaron haber sido víctima de discriminación en los últimos 12 meses”, señala la Encuesta Nacional sobre Discriminación, Enadis 2022, publicada en mayo de 2022. año.

Los que son indígenas no se clasifican por color, el racismo mexicano es más sutil. Según el informe, los argumentos son cualquier otro: sus zapatos, sus pantalones. Los mexicanos tendemos a cambiar las cosas.

De hecho, practicamos la discriminación a diario y eso impide el progreso social, particularmente en la economía formal. ¿Conoce a un director ejecutivo o secretario de estado que no sea blanco o mestizo?

La movilidad social depende del reconocimiento del talento, venga de quien venga, en una época que se caracteriza por pagar bien las capacidades cognitivas sin importar el origen de la persona. Mañana les contaré detalles que no caben en esta columna.

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