jue. Abr 9th, 2026

El trabajo infantil es una realidad preocupante en muchos países, y México no es la excepción. El pasado 12 de junio se celebró el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, un tema que debería estar en la agenda de todos los gobiernos.

El trabajo infantil se refiere a la participación de niños y niñas en una actividad económica por debajo de la edad mínima –15 años– o de menores de 18 años en una ocupación peligrosa que no cumpla con la Ley Federal del Trabajo –artículos 173 a 180–, o la realización de servicios domésticos no remunerados de carácter peligroso (INEGI).

A pesar de los esfuerzos realizados en las últimas décadas, este problema persiste y afecta a miles de niños en todo el mundo. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo hay 160 millones de niños en condiciones de trabajo infantil, lo que representa el 9,6% de los niños entre 5 y 17 años a nivel mundial. Hay una diferencia por género de aproximadamente 3 puntos porcentuales, ya que 97 millones son niños y 63 millones son niñas, lo que corresponde al 11,2% y 7,8%, respectivamente.

En México, las últimas estimaciones del INEGI indican que 3.3 millones de niños y niñas están participando en trabajo infantil, lo que corresponde al 11.5% de la población entre 5 y 17 años, 2 puntos porcentuales más que la presentada a nivel mundial. Para medir esta estadística, los niños y niñas en condiciones de trabajo infantil en México son un poco menos que toda la población de Croacia, y más que países como Lituania, Eslovenia y Estonia. Al dividir por género, el INEGI estima que el 13.6% de los niños en México –2 millones– se encuentran en esta condición y es 4 puntos porcentuales superior al que se encuentra a nivel mundial. En cuanto a las niñas, el 9,2% de ellas –1,3 millones– se encuentran en situación de trabajo infantil y esta proporción también es superior a la mundial.

Además, existe una creciente preocupación por el impacto que tuvo el COVID-19 en la condición laboral de los menores, ya que, debido a la reducción de los ingresos familiares, muchos podrían haber recurrido al trabajo infantil para amortiguar el impacto. Diversos estudios indican que los menores involucrados en trabajo infantil sufren efectos negativos en su educación y salud, así como menores salarios cuando llegan a la edad adulta. Aunque también se menciona que podría tener efectos positivos, ya que puede provocar el desarrollo físico y mental (siempre y cuando el trabajo no afecte su educación); la preocupación debe centrarse en los trabajos peligrosos.

Es necesario tomar conciencia de esta situación y trabajar juntos para erradicar el trabajo infantil y garantizar un futuro prometedor para las generaciones venideras. Si bien el trabajo que realizan los menores es un sostén de la economía familiar en los hogares más pobres, un primer paso sería la transición del trabajo peligroso al trabajo liviano, lo que eventualmente erradicaría el trabajo peligroso en los menores.

El autor es Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad Autónoma de Nuevo León y profesor de la Licenciatura en Economía de la Universidad de Monterrey.

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