lun. Abr 6th, 2026

Por la Dra. Joaquina Niembro. Profesor-Investigador, Facultad de Ingeniería de la Universidad Panamericana.

Hace más de 50 años, en el marco del Día Mundial de la Tierra, se realizó un concurso para diseñar un logo que representara la idea de reciclar. El ganador Gary Anderson no anticipó que un simple triángulo iba a ser el símbolo que uniría voluntades preocupadas por el deterioro ambiental. Hoy, aunque prevalece la impronta, el concepto de las tres erres: reutilizar, reciclar y reducir, evoluciona con particular dinamismo. Las R pasaron de tres a cinco, siete, nueve, diez y la cuenta continúa, quizás porque todavía no podemos ponernos de acuerdo sobre qué incluir.

La necesidad de generar constructos sobre lo que debe ser en el mundo de las Rs sigue latente. Lo que aún no ha evolucionado son las estrategias para que tales Rs dejen de ser teorías y pasen a formar parte del modelo de pensamiento en lo macro y del modelo de negocio en lo micro. Me refiero a que estamos en proceso de adecuar modelos de negocios exitosos para que respondan a modelos de pensamiento de una sociedad comprometida con el uso correcto de los recursos naturales, limitando la contaminación asociada y teniendo responsabilidad social.

De lo contrario, estaremos en lo que el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) llama “diluvios de basura” en referencia al gran problema en el que viviremos con nuestra forma desmedida de desechar. Trivializando, se me viene a la cabeza la película infantil Lluvia de hamburguesas. Donde la imagen de enorme comida cayendo del cielo permite inferir obesidad en la población, riesgo de aplastamiento comida grasosa y el desagradable olor a comida desperdiciada en descomposición. Como la realidad supera a la ficción, algunos, y más, de los problemas antes mencionados existen sin necesidad de que caiga comida del cielo.

A continuación se presentan algunos datos contextuales sobre los residuos sólidos urbanos, solo uno de los tipos de residuos de la actividad del hombre. De acuerdo con el PNUMA, cada año se producen en el mundo 2,000 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos, de los cuales el 45% no se maneja en instalaciones controladas y la cifra se duplicará para 2050. En la CDMX, en 2021, el Inventario de SEMARNAT reportó que casi 5 millones se generaron toneladas de residuos sólidos.

El 30 de marzo se celebró el Día Internacional del Residuo Cero. El PNUMA y ONU-Hábitat promovieron iniciativas de cero residuos y destacaron la importancia de “reducir el uso de recursos y producir menos residuos y contaminación en todas las etapas del ciclo de vida de un producto para promover el desarrollo sostenible”. Desde mi punto de vista, los residuos son un tema dentro de la complejidad sistémica, donde debe prevalecer la circularidad para la toma de decisiones tanto en el ámbito empresarial como social.

Basura cero es, para el PNUMA y ONU-Hábitat, el esfuerzo “por reducir, reutilizar, rediseñar y reciclar, por desperdiciar menos aprovechando mejor lo que produce la humanidad y por diseñar productos que no terminen su ciclo de vida como desechos no residuales”. .” usable, especialmente después de un solo uso. Trabajar para lograr un desperdicio cero permitiría tener mares saludables, agua y aire limpios, un uso inteligente de los recursos y economías resilientes.

Ya en 2019, en el informe Perspectivas del medio ambiente mundial, sexta edición, del PNUMA, indica que el objetivo común debe ser utilizar los recursos de la manera más eficiente durante el mayor tiempo posible. Y para ello, los recursos deben circular por diversos procesos que reduzcan la necesidad de nuevas materias primas y minimicen los residuos.

Ahora bien, ¿cómo lograrlo? O más realista, ¿cómo avanzar en esa dirección? Entre muchas opciones están las relacionadas con las políticas públicas en diferentes órdenes. Cabe mencionar que el problema de los residuos en el contexto geopolítico es un tema local y estatal. Además, que las leyes y reglamentos más que prohibiciones son nuevas oportunidades para repensar los modelos de negocio, agilizar procesos y ser más sostenibles.

En el estado mencionaré dos ejemplos. El primero, asociado a los cambios en la Ley de Residuos Sólidos del Distrito Federal (si aún es DF) que entró en vigencia hace un par de días, el 4 de abril de 2023. El segundo ejemplo es el de la Ley de Economía Circular de la CDMX. , en vigor desde el 1 de marzo de 2023, hace apenas un mes.

De los cambios a la antigua Ley de Residuos Sólidos del DF solo mencionaré un par. Se indica que material reciclado es aquel que contenido en “residuos que se transforman” se reincorpora a los ciclos productivos. Entonces reciclar no es separar. Por ley, tendremos que descartar el discurso inexacto de un concepto inexacto. No digamos reciclar como sinónimo de solo separar residuos. Separar es hacer la primera de muchas acciones en la cadena de reciclaje.

Por otra parte, se incorpora a la citada ley lo relacionado con los residuos de la industria de la construcción. Ahora, la separación de origen, plan de manejo, recepción, centro autorizado, registros, inspecciones y plantas de tratamiento, entre muchos otros conceptos, quedarán formalmente incorporados a las decisiones de la partes interesadas en la construccion. Los promotores que, conscientes de su origen, han actuado a favor de la sostenibilidad, ya han recorrido un largo camino y, por tanto, cuentan con una gran ventaja competitiva. Para los que no se han planteado el tema, aviso: ahora es obligatorio.

El segundo ejemplo en materia de política pública es la mencionada Ley de Economía Circular de la CDMX. En él se establece la conceptualización del tema. Estemos o no de acuerdo, sentar las bases de un lenguaje común es fundamental para llegar a acuerdos y proponer líneas de acción. En la ley se destaca el sentido de “diseño”. Quiero decir que las soluciones partirán de la precaución de diseñar mejor para evitar el problema. Particularmente los principios de progresividad y responsabilidad compartida redundan en una mejor implementación. Esperemos ahora, la regulación complementaria.

Cité un par de ejemplos de leyes estatales, a pesar de que existen leyes generales, como reglamentos de las disposiciones de la Constitución. Permiten, entre otras cosas, establecer los lineamientos de las leyes estatales y una vez más unificar la conceptualización. Así, desde 2003 existe la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos, reformada en varias ocasiones.

Sin embargo, en cuanto a la Ley General de Economía Circular, no hay avances. El proyecto de decreto, según información pública, fue enviado desde el Senado a la Cámara de Diputados a finales de 2021 y posteriormente el proyecto fue entregado a la Comisión de Medio Ambiente y Recursos Naturales, sin resultados públicos desde entonces. Me alegra que la CDMX y otras entidades estén avanzando en este sentido, pero que mejor que tener una ley general que no contravenga lo ya acordado y eso signifique un retroceso en la normativa.

Finalmente, vuelvo al título de este artículo. Que ya no se aplique el “err con err guitarra, err con err barril, qué rápido ruedan las ruedas del ferrocarril” a no ser que se utilicen energías renovables. En cuanto al tema de las Rs, permítanme una adaptación libre: erre con erre yo recicloerre con erre rediseñarerre con erre yo revaloro¿Qué tan rápido las ruedas de la circularidad. Con suerte, solo quedaría en un trabalenguas, ya que la complejidad no deja de aumentar, a medida que crece el desafío de comprender cómo emprender cada una de las R.

Gorjeo: @JoaquinaNiembro

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