lun. Ago 10th, 2026

Es difícil imaginar que el presidente Andrés Manuel López Obrador hubiera planeado terminar este año con los problemas y desafíos que enfrenta actualmente: la unificación de la oposición en defensa del INE y el actual sistema electoral, y los enfrentamientos públicos entre el tapas dando la impresión de que está perdiendo el control del proceso electoral en 2024.

Algunos analistas podrían señalar que todo lo que sucede en este momento es “fríamente calculado” por el maquiavélico López Obrador, quien en este momento juega un complicado ajedrez, moviendo y sacrificando piezas para evitar el jaque mate. Además, pone a prueba a sus “peones” buscando frustrar a quienes no están dispuestos a sacrificarlo todo -incluyendo el honor y el futuro político- para seguir las órdenes y caprichos del Emperador López.

Otra forma de entender lo que está pasando es que las ocurrencias, los berrinches y las malas decisiones finalmente han llegado a López Obrador, y lo único que le queda es tratar de usar las horas de la mañana para seguir amenazando y burlándose de la oposición conservadora neoliberal. Distrayendo así a la opinión pública de la guerra interna dentro de Morena.

A estas alturas parece un cliché decirlo, pero el próximo presidente de México no dependerá de las campañas, ni de los candidatos. Dependerá de la intensidad del conflicto (que ya ha comenzado) para definir la candidatura. Y aunque el Presidente todavía cree que puede controlar el proceso, y para fines del año que entra estará anunciando quién será su candidato, pareciera que el tapas tienen que proteger su futuro político y la posibilidad de seguir viviendo en México: la guerra será a muerte y sólo sobrevivirá el candidato. En 2024 se acabará el futuro de Claudia Sheinbaum o Marcelo Ebrard o Adán Augusto López, y posiblemente enfrenten investigaciones penales. Esto es gracias, en parte, al legado de su presidente quien, a través de amenazas y acoso para controlar a la oposición, a sus partidarios y perdedores.

Y este enfrentamiento solo se agudizará con el desmantelamiento del Instituto Federal Electoral. En lugar de utilizar el INE como instrumento para ayudar a controlar y reducir los conflictos en el proceso de selección, López Obrador decidió destruir la autoridad electoral, seguramente pensando que esto le daba más poder y control en la selección de candidatos.

Sucederá lo contrario. Más allá de la constitucionalidad o no de la reforma al INE ya la ley electoral, el daño ya está hecho. Los resultados de las elecciones de 2023 y 2024 no solo serán cuestionados, lo más grave es que ni la oposición ni Morena los respetarán. Y lo que defina el INE y el Tribunal Electoral tendrá poca importancia porque no se respetará. Para los candidatos que no respeten los resultados, tendrá que ser el Ejército y la violencia política los que definan a los ganadores.

El profesor Timothy Snyder en su libro sobre la tiranía destaca la importancia de defender las instituciones de los tiranos: “Las instituciones no se protegen a sí mismas. Caen uno tras otro a menos que cada uno de ellos sea defendido desde el principio. Y por eso la tragedia del INE, porque más allá de que se perdió el orden y la credibilidad de cara a futuras elecciones, López Obrador prefiere promover una crisis de gobernabilidad pensando que así asegurará su legado asegurando el control político sobre Morena.

Al igual que el PRI durante décadas. La diferencia es que el PRI amenazó y usó la violencia, pero también negoció y concertó con actores políticos y de poder. López Obrador cree que Morena será el único partido gracias a la destrucción del INE y la imposición de los resultados electorales. El profesor Synder también advierte contra las intenciones de los tiranos al respecto: “Los partidos que rehicieron los estados y eliminaron a sus rivales no fueron omnipotentes desde el principio. Aprovecharon un momento histórico para hacerles la vida imposible a sus adversarios”. Por eso Synder nos recuerda la importancia de apoyar un sistema multipartidista.

La guerra dentro de Morena y la debilidad del presidente sobre su partido podría interpretarse para muchos como una buena noticia y oportunidades políticas. La ingobernabilidad resultante es mala para México y no necesariamente resultará en más éxitos electorales. El foco debe estar en encontrar candidatos y realizar campañas que respondan a las necesidades de los ciudadanos y del país. No le apuestes a la destrucción de Morena, esto pasará y será catastrófico para México.

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