mié. Ago 5th, 2026

CEO Fundador LEXIA Insights & Solutions

El cuerpo, tendido sobre una placa conectada a un torno, está atado de pies y manos. El torso y la cabeza están en el centro. El dolor se produce cuando el tornillo de banco gira y, al hacerlo, tira de las extremidades en diferentes direcciones, generalmente dislocándolas y, a veces, desmembrandolas. Así es España.

El resultado de las recientes elecciones en España crea una situación paradójica. El miedo a los extremos minoritarios, ya sea la derecha radical de Vox o el separatismo inconstitucional de los catalanes de Junts, esconde una realidad fundamental: los partidos de centroderecha (Partido Popular) y de centroizquierda (Partido Socialista Obrero Español) ganaron el 74 por ciento de los votos en el Parlamento.

Es paradójico, porque una voluntad popular mayoritaria hacia los partidos considerados “de Estado” ve la necesidad de dialogar, consensuar e incluir las demandas, programas y caracteres de las fuerzas minoritarias, lo que, a la vez, es signo de una democracia robusta y una sociedad donde todas las personas vean que su voz e intereses están representados en la vida política.

En España se habla poco o nada de fraude electoral, de reglas poco claras, de desobediencia a las reglas. Los votos cuentan y son contados sin sorpresas ni cuestionamientos sobre su legitimidad. Valioso en comparación con los contratiempos en Estados Unidos o en nuestro propio país.

El miedo, el rechazo o la hostilidad dirigida a uno de los extremos ha sido la emoción reinante, no sólo durante el proceso electoral sino también en la vida política española de los últimos años.

Para formar y encabezar el gobierno, en España es necesario tener mayoría absoluta del total de 350 escaños del Congreso o mayoría simple en segunda vuelta entre los diputados.

Aunque el PP obtuvo el mayor número de votos (136 escaños), sólo contó con un partido “cercano” al que acudir para intentar la investidura, pero ni siquiera con los escaños conseguidos por la ultraderecha y nostálgica del franquismo Vox (33 asientos) es suficiente (faltaban 5 para lograrlo).

A medida que la derecha se queda corta, crece la posibilidad de que sea el oficialista PSOE (136 escaños) el que tenga grandes posibilidades de volver a encabezar el Gobierno, siempre que consiga el apoyo de todas las demás formaciones políticas que ganaron un puesto en el Congreso. , que rechazan al PP, sobre todo por sus pactos con Vox.

La principal preocupación en España y en toda Europa era que un partido antieuropeo y heredero del franquismo pudiera entrar en el gobierno. Faltaba poco, pero no sucedió.

En un extremo del “Potro” está Vox, con malas relaciones con todas las demás fuerzas políticas, incluido el PP, con el que ha coincidido en varios gobiernos autonómicos. Vox es la expresión española de las fuerzas políticas que luchan por el derecho al aborto, la igualdad de género, los derechos LGBTQ+, los movimientos migratorios y los efectos del cambio climático, entre otros temas relacionados con la agenda progresista.

Vox busca enfrentarse a todas las demás fuerzas, por ejemplo, ante la posibilidad de que Pedro Sánchez vuelva a ser presidente, su líder Santiago Abascal le ha acusado de “estar investido de apoyo al comunismo, al separatismo golpista y al terrorismo”.

La asociación con Vox ha sido radiactiva para el PP y un factor esencial para la resurrección de las cenizas de Sánchez y el PSOE tras los demoledores resultados de las elecciones municipales, que precipitaron la jugada de convocar elecciones anticipadas.

Esta resurrección debe mucho al enorme rechazo que genera Vox (3 puntos porcentuales menos que en las elecciones de 2019) en múltiples sectores y colectivos de la sociedad española.

En el otro extremo del “Potro” están los separatistas catalanes Junts (7 escaños), el partido del prófugo Carles Puigdemont que organizó el referéndum ilegal para separar Cataluña de España. En sus manos está bloquear o dejar pasar la investidura de Sánchez.

La principal línea de ataque del PP a Sánchez consiste en asociarle a estas fuerzas separatistas que amenazan con la fragmentación territorial de España, cuestión que no es menos.

De hecho, le acusan de pactar una amnistía para independentistas y un referéndum de autodeterminación. Los socialistas lo niegan rotundamente, pero toda la dirección del PP y Vox no quitan el dedo de la regla y siguen dando vueltas a la rueda. Por ejemplo, la número 2 del PP, Cuca Gamarra, ha dicho que de estar de acuerdo y conseguir la pretendida abstención de los siete votos de Junts, “la capital de España ya no sería Madrid, sino Waterloo”, lugar de residencia actual de Puigdemont. .

Democracia y conflicto no son antagónicos, de hecho, el espacio y las reglas democráticas son el lugar civilizado para defender principios e intereses en constante lucha. La clave aquí es saber exponer las diferencias y procesarlas a través de la competencia, pero también del diálogo y la negociación.

España vive desgarrada por sus extremos, pero sólo a través de la política y el respeto a la ley podrá reducir el tormento. No será hasta después del 17 de agosto que podremos ver cómo se ha reordenado el poder por un nuevo gobierno o incluso por la necesidad de convocar nuevas elecciones.

Leer la nota Completa

Metro

By Metro

METRO es un sitio web internacional en donde destacan las noticias más relevantes de hoy, actualidad y diversos temas como deportes, politica, economía y más. Con información veráz y acertada en cada noticia de todo el mundo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *