
Estados Unidos envió este jueves tres vuelos a Guatemala con 387 migrantes, a pocas horas del fin de su política migratoria bajo el Título 42, que en medio de la Emergencia COVID19 le permitió agilizar la deportación de migrantes.
Los deportados procedían de Texas y Luisiana. La Dirección de Migración dijo que al menos 72 niños llegaron en los vuelos el jueves.
Según estadísticas oficiales, más de 60 mil guatemaltecos han sido deportados desde 2020 cuando se implementó la política del Título 42.
Sheidi Mazariegos, de 26 años, fue deportada junto con su hijo de 4 años. Había ingresado a Estados Unidos ocho días antes y fue detenida de inmediato. Había caminado decenas de kilómetros, muerta de hambre y sed, e incluso los coyotes la dejaron atrás. Acababa de cruzar el Río Grande en una balsa cuando fue detenida por los Patrulla Fronteriza.
Me fui porque soy una persona de pocos recursos, tenía la ilusión de querer llegar allá con mis hermanas y tener una vida mejor”, dijo la mujer al llegar a Guatemala.
Mazariegos dijo que había invertido dinero para lograr su objetivo: llegó a Matamoros, México, con un coyote y luego la subieron a una balsa para cruzar el río. Pensó que al viajar con su hijo menor le permitirían quedarse. “Escuché en las noticias que había una oportunidad de entrar, lo escuché en la radio, pero todo era mentira”, dijo el guatemalteco.
Agregó que no tiene intención de intentar migrar nuevamente. “Pensé que era fácil pero no es así, muchos niños se enferman”, dijo la mujer que había dejado a otros dos hijos ya su esposo en Guatemala.
Francisco Peralta, de 29 años, había salido de Guatemala el 19 de marzo y fue detenido el 3 de abril. “Me pararon cruzando la frontera, después de haber cruzado el desierto”, recordó. Se había ido del país por falta de trabajo y por la “salarios de pobreza con quien no puedes vivir”.
Algunos migrantes creen que la frontera está abierta
Sobre el cambio en la política migratoria de EE.UU. dijo que “algunos (migrantes) sí creen que la frontera está abierta, pero también se sabe que las penas han aumentado”.
El joven estuvo más de un mes detenido sin saber qué destino correría. “Realmente no sé por qué me llevaron allí (de Texas donde lo detuvieron, a Luisiana de donde lo deportaron). Me encerraron un tiempo más, tal vez toda esta parte sea psicológica para que no vuelvas a intentarlo. Es como si te castigaran”, dijo.
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Santiago Felipe, de 43 años, fue deportado tras pasar 30 meses en prisión. “Hace 12 días salí de prisión y de inmediato me mandaron a la centro de deportación”, dijo la migrante y agregó que “aquí no se puede vivir, no tengo recursos y tengo que alimentar a la familia”.
Felipe, indígena y originario de departamento de huehuetenango, aseguró que no pidió asilo y que nadie le advirtió que podía hacerlo. “Todavía no sé si intentaré migrar de nuevo”.
En lo que va de semana y a medida que se acerca el fin de las restricciones de asilo por la pandemia, Estados Unidos también ha enviado de regreso a Colombia en dos vuelos a cerca de 350 personas que no fueron admitidas en territorio estadounidense.
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