vie. May 8th, 2026
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Tres migrantes intentan cruzar la frontera a través de alambre de púas.

AFP

Cruzar la frontera entre México y Estados Unidos es un riesgo que miles decidieron tomar en las últimas semanas, antes del fin del Título 42.

Las horas estaban contadas y era una carrera contrarreloj.

El gobierno de Estados Unidos había anunciado un cambio de política respecto a los migrantes que llegan a su frontera a partir de las 23:59 horas de este jueves 11 de mayo (hora del este del país), y muchos temían que a partir de ese momento las posibilidades de ingreso serían menores de edad. .

Al otro lado del muro formado por enormes vallas metálicas y alambre de púas, se encuentra Ciudad Juárez, en México. Este, pacífico El Paso, Texas. Alrededor, montañas que suelen ser el difícil camino elegido para eludir a las autoridades y pasar de América Latina al gran vecino del norte.

“Me sugirieron que cruzara aquí, por Ciudad Juárez, y con lo que tenía ahorrado llegué y crucé para no quedarme en México, para estar aquí antes de que expirara el Título 42”, cuenta Franklin, un venezolano de 19 años que inició su recorrido el 5 de marzo desde Valera, estado Trujillo, y que culminó a la 1 de la mañana del miércoles 10 de mayo.

El Título 42 es la póliza que ha expirado. El título 8 es el nuevo. Ambas son regulaciones estrictas para quienes se presentan en la frontera y solicitan asilo.

“Las fronteras no están abiertas”, insiste la Casa Blanca, un mensaje que no llega a Ciudad Juárez ni a los países de donde salen miles de migrantes.

Como tantos otros, Franklin cruzó por una zona alejada de El Paso donde no hay muro y no fue interceptado por autoridades de un lado o del otro. Era su quinto intento. para llegar a los Estados Unidos.

Otra forma en la que los migrantes intentaron cruzar fue eludiendo a los agentes fronterizos mexicanos, cruzar los pocos metros del Río Grande que separa a los dos países y entregarse a las autoridades estadounidenses, quienes en algunos casos tomaron su información y los llevaron a albergues. . En otros, los rechazó.

Ese fue el caso del joven venezolano en los cruces anteriores.

“Estuve en la frontera en Matamoros, Tamaulipas, e intenté entregarme cuatro veces porque los cárteles me amenazaban, me quemaron las carpas y me devolvieron cuatro veces”, dice.

Franklin dice que en el camino, además, robaron tu dinero y pertenencias, lo que dificultaba el viaje. Pero ya ha llegado a El Paso, una ciudad de ensueño después de semanas de viaje.

Vista aérea de filas de migrantes detrás del muro que separa Ciudad Juárez de El Paso.

AFP

Largas filas de migrantes esperaban en los últimos días entre el Río Grande y el muro con la esperanza de ser admitidos.

Condiciones adversas

En el árido El Paso, el calor es abrumador durante el día y la sombra es un bien preciado entre los edificios bajos y los pocos árboles bajos. La garganta se seca más rápidamente.

Del lado del muro, el olor nauseabundo que emana de las fábricas cercanas y la tierra que vuela como una tormenta de arena hacen más difícil la estancia antes de cruzar.

Por la noche, el frio invade la ciudad en el que hasta el martes pasado cientos de migrantes dormían a la intemperie.

Luego fueron realojados en centros habilitados especialmente por el gobierno local para atender a la gran cantidad de personas que cruzan la frontera todos los días y que saturan la ciudad.

todavía hay algunos decenas de personas sin un lugar donde quedarse y pasan las horas alrededor de la Iglesia del Sagrado Corazón, en el centro de El Paso, uno de los principales puntos de recepción de migrantes aquí.

La mayoría son hombres, y casi todos son venezolanos.

Se les proporciona comida, colchones muy delgados y frazadas. Los aseos portátiles cumplen su función en una de las calles colindantes.

Duermen donde pueden, acompañados del constante olor a basura.

Refugio de migrantes Misión de Rescate de El Paso.

BBC

La mayoría de los que fueron admitidos por funcionarios de inmigración fueron alojados en albergues de transición.

Cambio de legislación

Se impuso la aplicación del Título 42 del Código de los Estados Unidos en marzo de 2020 bajo la presidencia de Donald Trump, cuando se acababa de declarar la pandemia de covid-19, y precisó que se devolvería a todo aquel que llegara a la frontera del país sin documentos legales de entrada, incluidos aquellos que solicitaron asilo humanitario.

Todo por motivos de salud.

Esta regulación también implicaba que quienes tocaran suelo estadounidense por vía terrestre de forma irregular no recibirían sanciones, por lo que muchos hicieron varios intentos.

Tras el cambio de gobierno en enero de 2021, la legislación siguió vigente pero en la práctica muchos de los que tocaron suelo estadounidense fueron registrados por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, luego trasladados a un albergue temporal y se programó una cita ante un juez para determinar su situación

Patrulla fronteriza junto al muro que separa El Paso de Ciudad Juárez.

BBC

Cientos de migrantes se han acercado en las últimas horas a una de las puertas de acceso a territorio estadounidense.

Mientras tanto, podrían quedarse en el país y seguir con sus vidas.

A partir de este viernes vuelve a estar vigente el Título 8, por el cual quienes sean capturados en la frontera pueden ser deportados y se le prohibirá ingresar a los Estados Unidos durante al menos cinco años.

Entra antes del viernes

Ismaylin Collantes y Jhonder Alexander Uzcategui son pareja, ambos tienen 24 años y son de Caracas.

Salieron de Venezuela el 9 de marzo y cruzaron la frontera de Estados Unidos el 30 de abril, donde agentes migratorios los detuvieron cuando llegaron al muro y los detuvieron.

Migrantes venezolanos Ismaylin Collantes y su novio, Jhonder Alexander Uzcategui en El Paso, Texas.

BBC

Ismaylin Collantes y Jhonder Alexander Uzcategui buscarán su futuro en Miami.

Los separaron: ella fue liberada rápidamente, pero él estuvo retenido durante ocho días.. “Fue angustioso no saber nada de él”, dice Collantes.

“Sabíamos del cambio de reglamento el 11 de mayo y eso aceleró nuestro viaje para cruzar la frontera”, agrega.

Hasta que lo hicieron, estaban “muy asustados”.

Ahora, buscarán su futuro en Miami.

Una situación similar es la de Derwi Bracho Suárez, de 30 años y de Maracaibo.

Salió de Venezuela el 5 de octubre y, tras cruzar el continente, llegó a la frontera el 12 de marzo.

Derwi Bracho Suárez, migrante venezolana de 30 años en El Paso, Texas.

BBC

Derwi Bracho Suárez falló dos veces antes de poder cruzar la frontera.

Trató de poner un pie en El Paso dos veces atravesando una montaña, pero fracasó. Finalmente, hace 13 días se entregó a las autoridades y comenzaron su proceso migratorio.

“Lo he intentado varias veces por este artículo que van a colgar, y uno tenía que buscar la manera de cruzar lo más rápido posible porque no sabíamos lo que podía pasar”, dice.

Era muy difícil estar en Juárez con la cacárteles, ladrones, policía… No podías estar tranquilo”, dice con alivio.

Una vez que reúna suficiente dinero, viajará a Orlando, Florida, donde lo espera un amigo.

Alguno recordar a los seres queridos con lágrimas que dejaron atrás en Venezuela, mientras otros sonríen porque saben que lo peor ya quedó atrás. Cumplieron su objetivo.

Para Franklin, el joven venezolano es un sueño hecho realidad: “Después de luchar tanto para llegar, estoy muy feliz de estar aquí”.


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