
El PAN podría desistir hoy de dar una anayazolo que significa imponer, como hace seis años, a tu candidato presidencial sin pedir más que su ombligo.
A los líderes panistas les preocupa la posibilidad de tener que abrir a la sociedad la elección de la candidatura presidencial de la alianza.
E internamente ven con asombro que el avance de la senadora Lilly Téllez sobre los santones del partido es imparable.
De ahí la tentación de dar un anayazo.
La reunión que sostendrán hoy la dirigencia panista y representantes de organizaciones civiles, impulsoras de una candidatura presidencial de unidad en la oposición, tendrá como objetivo evitar la “agandalle”.
En las últimas elecciones presidenciales, los líderes del PAN borraron su tradición democrática y acordaron que Ricardo Anaya debería ser candidato sin competir con nadie.
La experiencia de ese quiebre seguramente les hizo aprender la lección.
Que el candidato o la candidata sea elegido por el pueblo, será la exigencia.
En otras palabras, que la elección esté abierta a todos los partidos de la coalición, incluidos los candidatos independientes.
El éxito o fracaso de los opositores para llevar a cabo una buena candidatura presidencial depende del método.
Una decisión desde arriba, como las hubo hace seis años en el PAN, el PRI y el PRD, sería ruinosa.
La decisión cupular contaminaría todas las candidaturas, lo que le estaría dando a Morena el control del Congreso federal.
El proceso electoral inicia formalmente en septiembre y las precampañas en noviembre. Quiero decir, sí.
Si el gobierno no ha destruido el INE en septiembre, el instituto está facultado para organizar la elección de la oposición, para sacar al coordinador nacional de la coalición.
El coordinador, o coordinador, sería el candidato presidencial o el candidato que se mide ante el abanderado del oficialismo.
La elección del coordinador de la coalición puede tener lugar en septiembre e iniciar la precampaña cuando la ley lo establezca, en noviembre.
Esta elección para el coordinador de la coalición opositora puede ser tan atractiva o aburrida como quieran sus líderes. Una elección primaria o una encuesta.
Las encuestas a menudo no son glamorosas porque están limitadas a un número pequeño y anónimo de personas.
Una elección abierta a los votantes, con debate y promoción, supervisada por el INE, es otra cosa. Iniciaría la efervescencia de la oposición, voces inteligentes y propositivas.
Todo dependerá de lo que diga hoy el PAN, cuya nomenclatura le preocupa el ascenso aparentemente imparable de la feroz sonorense Lilly Téllez.
Para Acción Nacional no está siendo fácil digerir la realidad: quien conecta con las emociones del electorado es Lilly, y no el veterano y muy respetable Santiago Creel.
Del lado priísta también destacan, por mucho, dos mujeres que no son del agrado del equipo que está en la dirección nacional, Claudia Ruiz Massieu y Beatriz Paredes Rangel.
Como vimos en la encuesta nacional de EL FINANCIERO de este miércoles, tanto Ruiz Massieu como Beatriz Paredes dejan muy, muy lejos al exgobernador de Oaxaca, Alejandro Murat.
Y en el bando independiente, otras dos valiosas mujeres podrían ser las abanderadas de la oposición, Margarita Zavala y Xóchitl Gálvez.
¿Qué va a definir que haya una candidatura competitiva, alegre, entusiasta? El método.
Y esa decisión está en manos de la dirección del PAN, que hoy recibe a los representantes de las seis organizaciones de la sociedad civil que acudirán a solicitar elecciones abiertas.
Si se tarda en definir el método, no sólo se romperá el PRI, sino que también habrá fracturas en las organizaciones de la sociedad que tanto han contribuido a frenar la destrucción de las instituciones.
Ellos también quieren participar, y vislumbran que de ahí sale la agandalle.
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