sáb. Jun 20th, 2026

Contrariamente a lo que la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, quería que los aspirantes a Morena no renunciaran a sus cargos antes de la encuesta, Marcelo Ebrard ha adelantado en el marcador: ayer renunció -el día 12- al gobierno.

Ebrard tuvo este avance parcial, pero significativo, en un momento crítico: basta mirar las redes sociales para presenciar la operación “cargada” contra el exjefe de Gobierno, en un intento de los ultra morenoistas por inhabilitar al canciller, que busca influir en la selección de candidatos al método.

Con su pronta renuncia obliga a las corcholatas a tomar decisiones. Y a partir de ahí podríamos tener una decantación: ¿realmente vamos a estar simultáneamente sin canciller, jefe de gobierno y secretario de Gobernación?

Esta filtración obligatoria de postulantes podría servir, como pistoletazo de salida, para que el senador Ricardo Monreal asuma su condición de actor secundario en el llamado grupo de las corcholatas.

Como el zacatecano es solo dueño -parafraseándolo- de la “nada” de un puesto formal pero no real en el Senado, no va a ceder lo que le queda para someterse a una encuesta donde no pinta. Veremos.

Luego viene la duda de qué hará Adán Augusto López. El titular de la Segob apunta lejos de las dos corcholatas más competitivas. O eso creemos, porque al no saber exactamente cómo será la encuesta o encuestas, en una de esas el compatriota del Presidente siente (o sabe) que tiene posibilidades.

Si López Hernández se enrola en el proceso, entonces una de dos: o dejan a un jefe de despacho en la Segob –cosas más raras hemos visto en este gobierno– o el Presidente no se lo encomienda a nadie o (lo más improbable, me parece ) improvisa un tercer Secretario de Gobernación en el sexenio.

En todo caso, estos interrogantes (y la seriedad con la que se imputan en el proceso a Manuel Velasco y Gerardo Fernández Noroña) comenzarán a esclarecerse el domingo, cuando en su consejo nacional convocado para ese día, Morena formalice el método que AMLO quiere para su sucesión.

Si el presidente ha cedido a la insistencia de su antiguo colaborador de que un piso parejo en la competencia implica necesariamente la renuncia de todos los aspirantes a sus cargos, entonces Ebrard tendría la oportunidad de mostrar a Sheinbaum como favorito impropio.

El todavía secretario de Relaciones Exteriores viene compitiendo en condiciones desiguales en el proceso de sucesión.

Su cartera oficial sí le permitió lucirse en momentos puntuales (crisis en la relación bilateral con Estados Unidos, que incluye no sólo lo eminentemente diplomático, sino también lo económico, por ejemplo), pero en modo alguno tiene el margen para presumir que disfruta de Claudia.

El margen y el presupuesto de comunicación social, por supuesto.

La jefa de Gobierno puede argumentar, con razón, que se ganó el cargo que tiene, que está a un año de cosechar parte de lo que ha trabajado en años anteriores, y que actos como inauguraciones o anuncios de obras a realizarse completados no sólo son genuinos, sino lógicos a estas alturas del sexenio.

Pero si se ve obligada a renunciar la próxima semana, Sheinbaum se quedará con una agenda rancia, truncada y arriesgada, que es lo que Marcelo quiere convertir en una oportunidad: si ella es invitada por un gobernador o un presidente a una visita, él debe recibir exactamente lo mismo.

Ese es el piso parejo que reclama Marcelo con su renuncia. Que no puede disfrutar de los acontecimientos con sombrero de gobernante. Déjala ser simplemente popper. Y que los midan como tales. ¡Gol de Marcelo!

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