GRAN CANARIA (EFE).—“No adiós chicos. Tan joven y tan viejo. Like a Rolling Stone”, fueron quizás los versos que con más fervor pronunció Sabina en su regreso a los escenarios españoles ayer jueves en el Gran Canaria Arena (España) ante más de 7 mil personas.
Apareció ataviado con su inseparable bombín, que parece tener incorporadas sus cejas, y una chaqueta a rayas para ocasiones especiales. Sabina llegaba a Gran Canaria tras poner fin a tres extraños años: en su último concierto en España en febrero de 2020, en el Wizink Center de Madrid, sufrió una espectacular caída. Más tarde confesó que lo había pasado mal durante el confinamiento por la pandemia y, poco después, llegó a su fin la relación personal y profesional de más de 30 años con su ex amigo y guitarrista Pancho Varona.
Y, entre todo ello, un punto de luz: el documental de Fernando León de Aranoa que le devolvió, gracias a Leiva, las ganas de componer una canción, “Sentiendo lo mucho”, que también le valió un Goya y que sonó ayer en la segunda posición del repertorio, tras abrir con un poco de nostalgia “Cuando era más joven” y bramar, en medio del tema, “Buenas noches Gran Canaria” ante un público entregado al que incluso dedicó unas estrofas.
El tercer y cuarto tema, “Lo nego todo” y “Lágrimas de márbol”, ambos fruto de la colaboración en 2018 con Leiva, y con el poeta Benjamín Prado, conformaron los cuatro primeros temas de la noche, justo antes de “Blanco Mentiras”. ”.
A sus 74 años, “Flaco” ha vuelto a los escenarios con sus canciones de toda la vida, pero casi todas ellas con un “tempo” algo más relajado que en giras anteriores, y con Sabina que pasa la mayor parte del concierto sentada en un taburete, confiando ciegamente en su banda.
En especial Antonio García de Diego y Jaime Asúa, que noche tras noche le facilitan el trabajo y disimulan las dolencias vocales y físicas del cantaor. “La mejor banda que he tenido en mi vida”, dijo.
Lo mostraron cuando Sabina necesitaba tomar un pequeño respiro para poder continuar con el resto de la velada, algo que lleva haciendo años y no solo desde el percance en el Wizink Center.
Llegó entonces el turno de lucirse a la vocalista Mara Barros, que cantó “Quiero ser una niña Almodóvar” y al piano del propio García de Diego, que hizo suya “La canción más bonita del mundo”, cuyos versos finales fueron asumido por el mismo Sabina.
Más descansado, el artista volvió al ruedo para reivindicarse con “Tan joven y tan viejo”, que vinculó con “A la orilla de la chimenea”, en una de las mejores actuaciones de la noche.
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