dom. May 3rd, 2026

Director de México Evalúa

Preveo tormentas en la relación del Ejecutivo con el Judicial en el caso de la reforma electoral. Y ante el público, esta es una pelea desequilibrada. El presidente aparece todas las mañanas argumentando a favor de la justicia. Se presenta como un héroe. Por otro lado, los funcionarios del Poder Judicial y de la máxima magistratura deben ser sobrios: su trabajo no es ganar popularidad, sino hacer cumplir el mandato de la Constitución. Uno es vociferante, los otros deben ser particularmente silenciosos. El presidente puede salir a atacar, los jueces responden solo con sus sentencias. Lo que digo: esto es muy desigual.

Hace apenas unos días, el presidente del Senado, el morenista Alejandro Armenta, presentó una iniciativa para que los jueces sean elegidos por voto popular, lo que puede verse como una versión modificada de la idea presidencial de hacer asesores del INE y magistrados de la Corte. Electores también son elegidos en las urnas. El argumento es que, al igual que los otros dos poderes, los funcionarios judiciales deben estar sujetos al escrutinio ciudadano ya un esquema de rendición de cuentas. Para el senador y los grupos que simpatizan con la iniciativa, la elección por voto directo permitiría a la buena gente elegir buenos jueces, en lugar de emisarios del conservadurismo, que votan en contra de las iniciativas del presidente (muchas de ellas inconstitucionales, por cierto).

Para mí, el juez nunca puede meterse en el ruedo de las campañas electorales porque no es por preferencias ciudadanas, sino por mandato de la ley. Me imagino un escenario: grandes sectores sedientos de venganza eligiendo jueces o algún operador del sector justicia por sus ideas extremas de populismo penal. No faltarán, en el siguiente período electoral, quienes propongan la pena de muerte o ideas disparatadas de hiperpunición. ¿Nos gustaría ver a los jueces en este duelo de descortesía?

De los jueces necesitamos capacidad, integridad e independencia. Un juez sometido a intereses particulares es inútil, aunque esté controlado por el poder. Por ello, los mecanismos a través de los cuales son designados para llevar a cabo su responsabilidad deben ser muy delicados. Tienen, entre otras cosas, para cerrar la posibilidad de correas de transmisión entre el proceso de selección y una influencia externa. No existe un manual que recopile todas las buenas prácticas en la materia, pero existen recomendaciones de organismos internacionales que sirven para avanzar en los métodos de selección. También hay buenos estándares. Este es un requisito para la independencia judicial, la base para la protección de nuestros derechos.

El Poder Judicial, al menos el federal, ha avanzado considerablemente en la consolidación de la carrera judicial. Me refiero a aquellos procedimientos para la selección y desarrollo profesional de los jueces. Por ejemplo, el examen de ingreso, que se ha arraigado como una práctica común. La reforma Zaldívar al Poder Judicial, tiene como uno de sus ejes reforzar estos mecanismos. Quizás estos procedimientos deberían hacerse más públicos, porque la gente común se queda con la idea de que los jueces son corruptos y que los nombramientos se dan por nepotismo. Y no es que no tengan razón: hay nepotismo y hay corrupción en el sector, además de esfuerzos muy serios para erradicarlo. En la medida en que estos se perfeccionen y apliquen, mejor para los ciudadanos.

Pero la complejidad de los procesos de selección no se reduce a un concurso de oposición. Cargos como ministro de la Corte Suprema o asesores del Poder Judicial de la Federación, se someten a un proceso de selección en el que intervienen los poderes públicos y la política. En estos casos, la calidad del proceso determina cuánto se limita la intervención de criterios más allá de la idoneidad de un candidato. En estos años de obradorismo, hay una enorme cantidad de cargos públicos que están vacantes porque los procesos de selección han resultado infructuosos o porque le conviene al presidente, que busca debilitar (incluso hacerlas desaparecer) a algunas organizaciones.

Lo cierto es que nuestras leyes dicen poco sobre los procesos de selección. Se establecen algunas condiciones, como la edad, la nacionalidad y otras características que deben tener los ‘aspirantes’, pero no se consideran los atributos requeridos para el puesto o el perfil detallado, es decir, las características de idoneidad. Tampoco está claro que los criterios de evaluación, los plazos y las reglas de decisión existan y sean transparentes. Por eso la pasta se convierte en bolas y acabamos eligiendo perfiles subóptimos, cuando no es inconveniente, o simplemente no escogido.

Del programa Transparencia en la Justicia de México Evalua, surgió la iniciativa (que se nutre y coordina con otros, particularmente el Observatorio de Nombramientos) de crear una red nacional de seguimiento de nombramientos que aplica, en principio, al sector justicia. El objetivo es convocar a un número creciente de personas y organizaciones para monitorear estos procesos en tiempo real. Contamos con una guía que puede servir como punto de encuentro para quienes quieran participar en este ejercicio, y que define los pasos básicos para hacer una observación metódica. Obviamente, este esfuerzo requerirá trabajar a nivel legislativo y en prácticas concretas para mejorar los procesos, para que dejen de ser el eslabón fallido y la oportunidad de capturar instituciones.

Esta es una propuesta alternativa a la del Senador Armenta. Queremos despolitizar los nombramientos, no politizarlos al extremo.

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