A dos años del concierto en el que dirigió a la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY) y en el que el clarinetista Paolo Dorio y el fagotista Miguel Galván fueron los solistas invitados, el maestro Gustavo Rivero Weber regresa como director invitado de la agrupación.
Ha perdido la cuenta de las veces que ha venido como invitado a la OSY, ya que además de director de orquesta también lo ha hecho como pianista.
“Estoy feliz de volver, como siempre destacando lo bueno que es este grupo profesional y musicalmente. La orquesta es como un estandarte cultural y la cultura es muy importante en el desarrollo de cualquier sociedad”.
En esta ocasión dirigirá la Suite número 1 de “Peer Gynt” de Edvard Grieg y la Sinfonía número 2, op. 26, de Ludwig van Beethoven, y una sorpresa para el “bis”… obra de un compositor mexicano.
En entrevista con Diario de Yucatán en el Palacio de la Música, donde este domingo 27, a las 12 horas, se ofrecerá el concierto, el maestro Rivero Weber dice que la obra de Beethoven es una sinfonía clásica con melodías que anuncian las siguientes composiciones del Alemán.
“Al principio del primer movimiento hay una parte que me recuerda a la Novena Sinfonía, y en el movimiento lento me recuerda a la Quinta… Todo eso del impresionante Beethoven…, esta sinfonía es un poco más, podrías digamos mozartiano, en el sentido de que es más clásico”, indica.
Comprender
Dice que para dirigir a Beethoven hay que entender por qué escribió lo que escribió. “Si no sabes eso, se vuelve muy difícil, tienes que trabajar con el sonido de la orquesta para que pueda haber contrastes tan fuertes de Beethoven”.
En cuanto al compositor con el que se siente más cómodo dirigiendo, Gustavo Rivero Weber reconoce que es difícil elegir uno.
“Me gusta mucho el romance. Todos los compositores románticos me llaman la atención, pero, por ejemplo, me fascina Mozart. Yo creo que es muy difícil para cualquier director y cualquier músico decir quién le gusta más porque en cada trabajo uno siempre encuentra cosas maravillosas”, expresa.
Recuerda que la música es mucha emoción.
“Tiene que ver con lo que uno siente, por eso la música contemporánea no me cuadra tanto porque la música tiene que despertar una fibra interna del cuerpo que la escucha y si esa fibra no despierta es porque no hubo transmisión”, añade. “Hay que respetar al público que viene a escucharnos y tratar de darle algo que lo despierte y lo deje feliz de pagar una entrada”.
En cuanto a los directores que le influyen oa los que considera ídolos, Rivero Weber admite que hay dos o tres que le fascinan, como Claudio Abbado. “Siempre estoy mirando lo que hizo porque hay mucho que aprender, pero también hay algunos (directores) de los que aprendes lo que no debes hacer”.
El maestro agrega que algo que hay que aprender es el movimiento: la forma en que un director puede trasladar su movimiento musical a los instrumentistas.
“Una cosa es hacer una partitura, y todo el mundo puede hacerlo, y otra cosa es hacer una partitura musical, eso es más difícil y tienes que ver cómo reaccionan los músicos a tu partitura. Eso es lo que aprendes cuando ves a un director, cómo se mueve y si el movimiento que hizo tiene respuesta de los músicos. Eso es lo que ves cuando vas a un curso de dirección”.
Asegura que es importante cómo se mueve el director para que haya una respuesta de los músicos y que se muevan al mismo tiempo.
Rivero Weber advierte que algo que muchos directores no entienden es que sin la orquesta no son nadie. “Es primero el grupo y luego el director, y luego los dos se unen. El grupo es un ente vivo, el pulso que tiene está ahí y el director tiene que ver cómo lo hace para que el pulso le acompañe”, afirma.
sin gerente
Agrega que una orquesta puede tocar sola, dependiendo del repertorio, pero lo hará metronómicamente.
“El director puede retroceder o avanzar un poco, dependiendo del estilo que esté tocando. Por ejemplo, yo me muevo diferente con Grieg que con Beethoven, entonces la batuta sí que tiene que ver con el grupo de delante y que los dos se puedan entender”, apunta.
Rivero Weber confiesa que ser director le llena más que pianista. “Ser director es difícil, pero es más una idea, es como si tuvieras un piano y lo estuvieras tocando, pero sin tocarlo. Ahora bien, el piano es otro tipo de tensión, de presión, de trabajo; Sigo jugando, pero prefiero la respuesta de un grupo. Es más reconfortante que simplemente sentarse y jugar.”— JORGE IVÁN CANUL EK
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