lun. Ago 3rd, 2026

Hoy se anuncia formalmente que existe una coalición opositora para el 2024, que incluye al PAN, PRI y PRD, que además realizará un proceso para seleccionar al candidato que competirá por la Presidencia. Ese proceso incluye límites de participación (obtener 100 o 150.000 firmas de apoyo), encuestas para reducir el número de personas y, finalmente, una elección primaria, que aparentemente tendrá lugar el primer domingo de septiembre.

En este momento, hay dos procesos paralelos. Por un lado, la coalición Morena-PT-Verde, en la que hay seis candidatos, y por otro, esta coalición, en la que se habían interesado un par de decenas de personas, pero que seguramente se reducirá un poco en las próximas días. En ambos casos, para evitar problemas legales, hablan de coordinadores y no de candidatos, de opiniones y no de elecciones, y muchas ficciones más que son producto de una ley restrictiva que tenemos, no se olviden, gracias al berrinche de López Obrador en 2006. La reforma electoral del año siguiente fue la primera que inició un camino contrario a la apertura y liberalización que habíamos visto desde 1990.

Fuera de estas coaliciones, se mantiene Movimiento Ciudadano, todo indica que están esperando que el primer proceso se convierta en un respiro que ofrece un candidato ya posicionado. La definición oficial de las coaliciones debe darse en diciembre, por el límite legal, y las candidaturas hasta tres meses después.

Esto quiere decir que estamos en un proceso que ha avanzado mucho, por la falla de previsión de López Obrador, quien esperaba tener una mayoría calificada en esta LXV Legislatura, y no la logró. Entonces tuvo que entrar en un camino que no había contemplado: la sucesión. Esperaba estar en condiciones de ser reelegido. Decidió a partir de ese momento sobre su candidato, al que ha intentado colocar lo mejor posible. Lamentablemente para ambos, Claudia Sheinbaum no tiene ninguna facilidad para ser candidata. Sin carisma, presencia, voz, capacidad de transmitir emociones.

Por otro lado, Marcelo Ebrard provocó un proceso que López Obrador mencionó alguna vez por la mañana, pero que no tenía intención de continuar. Como en otros casos, las urnas solo serían la excusa para legitimar la decisión que ya tenía. La renuncia de Ebrard obligó a las de los demás interesados, obligó a definir a medias las encuestas, e hizo sufrir a Claudia, precisamente por las carencias que mencionó. Adán Augusto, en tanto, anda tejiendo si se le exige, o si no: la red le servirá para mucho tiempo.

No vamos por el camino que esperaba López Obrador, y tengo la impresión de que ni siquiera va en la dirección que le conviene. A partir de hoy, con una oposición que por fin puede hacerse sentir, las cosas van a ser muy diferentes. A pesar de los esfuerzos desde Palacio, ya no será solo la palabra presidencial la que se escuche. Ahora habrá que medir con más detenimiento esa popularidad que tanto celebra, y las intenciones de voto para 2024.

Estamos aquí gracias a dos momentos históricos: las manifestaciones del 13 de noviembre y del 26 de febrero. El paso de hoy es diferente. La conversión de la participación ciudadana, la defensa del voto y la ley en fuerza política debe darse ahora. Por el momento, de los tres escenarios que les había comentado, parece que el primero, en el que Morena ganó sin esfuerzo, se está desvaneciendo. Todavía no sabemos si iremos a una elección entre dos, o entre tres. Lo sabremos pronto, pero hay competencia. Bienvenido.

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