Hombres y mujeres tiran la pelota para pausar una realidad tras las rejas, que los tiene jugando fútbol americano en el Tazón Inter Centros Penitenciarios de la CDMX, para gastar energías contenidas y tratar de acelerar el tiempo. No está prohibido emocionarse por estar fuera de esas cuatro paredes.
La primera edición del torneo, que arrancó el 1 de julio, estuvo integrada por cinco equipos representantes de sus cárceles y módulos, más tres planteles externos, con personas privadas de libertad como estrellas de la grilla, que atiende a los ejes del artículo 18 de la Constitución, para lograr la reinserción social de las personas privadas de libertad en la capital.
Chucky es el mariscal de campo de la Reno de la prisión del norte, pero también actúa como defensor. El relevo se lo dan cuando taclea y deja cabeza de serie a un rival de los Perros de Santa Martha Acatitla. En la línea de cal lo celebran El Huevo, Chabelo y El Cremas.
“Juego desde los siete años. Ahora tengo 36. Llegué aquí a las 20 por algo que no hice. En el fútbol americano encontré una solución a mis problemas legales y emocionales”, dice el aplaudido jugador, de nombre Abraham, con la voz desgastada de dar instrucciones en el campo.
Lizeth cortó cada conjunto rival, en la exhibición de bandera de tochito, con las Panteras de Santa Marta. “Reconozco que cometí un delito. Llevo 10 años dentro. Jugar me da libertad. Si no, estaría vacío, muerto, enterrado, como dicen aquí dentro”, admite seriamente impuesto por la responsabilidad y la resignación, a la espera del siguiente saque inicial.
Los Perros de Santa Martha no dejan de estar en ventaja
Es sábado 8 de julio. El calor y la humedad en la Ciudad de México invitan a no salir a la calle. Sin importar las temperaturas, en la cancha del Reclusorio Oriente, se encuentran los Gladiadores de dicho centro penitenciario, contra los conocidos Perros de Santa Marthael equipo más antiguo del torneo, en una de las dos semifinales.
Los de Santa Martha no han dejado de estar en ventaja. Los anfitriones luchan y se acercan a los dos puntos en un par de ocasiones, pero sin remontar, a pesar del apoyo de sus familias. En reposo, como si fuera un súper tazónse habilita un escenario para que un grupo coreográfico haga piruetas, al ritmo de música urbana, como muestra de una de las más de 500 actividades deportivas y recreativas que existen en los penales.
En la fiesta hay lluvia. Al final, las que caen son las lágrimas de Gustavo que, abrazando a su hija, no se contiene por la eliminación de su equipo. “Está bien, jugaron bien”, le dicen en sus gradas, con familiares y amigos unidos para apoyarlos, incondicionales como en los procesos e historias que llevan cada uno de sus seres queridos, que cuando se quitan el casco dejan de ser jugadores y vuelven a ser padre, hermano o hijo.
Santa Martha se queda con la victoria 16-24. Con deportividad, Perros y Gladiadores se formaron en el medio de la cancha, para olvidar los golpes, darse la mano y convivir por un momento, sabiendo que además de su amor por el fútbol americano, comparten una dura realidad.
Los Renos vuelven a enfrentarse a los Perros
No es un día cualquiera en la Prisión Norte. Es 15 de julio, y su equipo, los Reindeers, se enfrentan una vez más a los Santa Martha Dogs, ahora en la final del Bowl. Rostros familiares detrás de la máscara protectora se sumergen una vez más en las instrucciones del entrenador, para buscar una gloria que amenace las penalizaciones.
Autoridades, familiares y esa galería agitada de tonos marrones, con gente liberada de su libertad apoyando a la suya, estallan de alegría cuando se rompe el cero en el marcador a favor de los de casa. El sonido local es inaudible debido al ambiente ensordecedor, incluido el humo del cigarrillo y el olor a agua jamaicana y quesadillas que la población reparte a los invitados.
Como en su infancia, Cremas, Tosky y Egg saltan de emoción cuando cae la segunda anotación de los Renos, para encaminarse hacia el título. La batucada hostigadora del club de Perros no alcanza para distraer al rival. La visita cierra la brecha en el último cuarto, y por primera vez quieren que el reloj avance lento para trabajar en la remontada. Es imposible. Los del Norte vencieron 14-8 a Santa Martha Acatitla.
“Tenían más concentración”, confesó Cejas, con 20 años de prisión. Luego, su voz está atravesada por el cariño: “Esto nos ayuda a dar un buen ejemplo a nuestros hijos, que aunque estemos aquí adentro, sepan que con esfuerzo se pueden lograr cosas”.
Por otro lado, Chucky, el que juega a atacar y defender, dio un sermón para convertirse en el MVP de la competencia. Con un trofeo en la mano, sonríe, como cuando empezó a jugar a los siete años, con el orgullo abriendo el pecho: “El fútbol americano nos hace sentir libres, disciplinados y constantes. Un entrenador me dijo: ‘como juegues, será como vivas’”. No hay premio individual, nada de esto hubiera sido sin el esfuerzo de mis compañeros”, comparte.
Los jugadores se alinean para premiarse unos a otros, después de los ánimos acalorados del partido. “Viven y juegan con valentía, no con ira”, dijo Salvador Guerrero, presidente de la Consejo Ciudadano de Seguridad y Justicia de la CDMX. Entre rivales se ponen medallas, se reconocen, se abrazan. Se consuelan de sus derrotas.
Perros quieren quedarse con el casco puesto como escudo de la realidad, como el niño que duerme abrazado a él ya la pelota. Es hora de volver en camionetas cerradas, repelentes a la luz del sol y la actualidad en las calles, esas que más evitan para no sufrir el agobiante calor.
Por otro lado, viene la mayor recompensa después de la victoria. el reno Viven con sus familias, riendo y comiendo, con música y acompañados por las autoridades penitenciarias. El buen humor es otro invitado. La victoria vale la pena. Si el juego vuelve a la infancia, por un momento, también vuelve a la libertad.
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