Hace una semana el sindicato de actores estadounidenses se sumó a la huelga que habían iniciado los guionistas de la industria del cine y la televisión. Desde 1960 no había habido un movimiento como el actual, cuando Ronald Reagan dirigía el sindicato; la líder, ahora, es una actriz que se hizo famosa por la serie “La niñera”, que ella misma escribió y produjo: Fran Drescher, que se ha mostrado decidida y combativa.
Exigen mejores salarios y protección para sus puestos de trabajo. El sindicato reúne a más de 150.000 trabajadores, desde extras hasta estrellas del espectáculo. La gran mayoría de los actores son para nosotros, cinéfilos y espectadores, desconocidos. Si tuviéramos que enumerar los nombres que reconocemos en las pantallas, podrían no ser más de dos o tres docenas; pero el conjunto de quienes se ganan la vida de esta manera es muy amplio y alejado del mito de que la actuación es el camino hacia la celebridad y una vida de lujo y bienestar. Los actores y actrices promedio son personas que trabajan en un oficio poco estable, con salarios no tan opulentos y, muchas veces, más bien magros.
Hay dos demandas principales: La primera se refiere a las remuneraciones pactadas desde hace años y que no se corresponden con las nuevas formas de trabajo que viene desarrollando la industria. Los pagos actuales, afirman, son insuficientes y no adecuados a un medio que se ha transformado radicalmente en las últimas décadas. Para empezar, las series de televisión ahora son cortas, con pocos capítulos, y obligan a muchos a buscar nuevos proyectos cada pocos meses. Hay menos estabilidad que antes. Por otro lado, las películas ya no se producen sólo para su exhibición en salas de cine, sino muchas veces para canales de transmisión continua, a los que llaman “streaming”, que permiten al espectador ver el contenido a su antojo, sin estar atado a un horario, y ni siquiera a una sala o un televisor, ya que se pueden ver en un teléfono o en una computadora.
Los actores afirman que la forma en que se les paga no se corresponde con las nuevas formas de difundir y comercializar series y películas, y que urge llegar a acuerdos laborales más justos y adecuados.
También exigen que los pagos que denominan “residuales” -es decir, los royalties por la retransmisión de contenidos en los que aparecen- se incrementen y regulen según las nuevas condiciones de la industria y del mercado, en el que una película o una serie es vista casi permanentemente, por muy distintos consumidores o usuarios en los canales de retransmisión continua.
Cabe señalar que los sindicalistas votaron por la huelga luego de una negociación en la que los estudios ofrecieron mucho menos de lo solicitado. Afirman que el salario anual de un guionista es de unos 70 mil dólares, mientras que algunos ejecutivos de las productoras ganan más que eso, diariamente: Se considera normal que algunos administradores reciban más de 20 millones de boletos verdes al año.
Ahora bien, la otra preocupación de los huelguistas es la iniciativa, o más bien la amenaza, de empezar a escanear, es decir, tomar medidas electrónicas y construir un banco de imágenes de los actores, especialmente de los menos conocidos, para poder reproducir a voluntad sus efigies y apariencia en las películas y grabaciones que produzcan en el futuro, y salvarse de contratar personas individuales, lo que constituye una grave amenaza para su trabajo y oficio.
Esta posibilidad se basa en la codicia extrema de la rama norteamericana del capitalismo rapaz que opta por el lucro frente a las personas y la sociedad.
Los actores y guionistas están defendiendo su trabajo y su vida, y nos recuerdan que su dedicación produce valor y por ende rendimiento y ganancias; y que las personas, su dignidad y su bienestar sean lo primero. Sin ellos, la industria cinematográfica y su economía no tienen sentido.
Ernesto Camou Healy es doctor en Ciencias Sociales, Magíster en Antropología Social y licenciado en Filosofía; Investigador CIAD, AC de Hermosillo.
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