dom. Abr 19th, 2026

Nos encontramos en un momento altamente inflacionario en el que no hemos estado en México por más de dos décadas. No es un fenómeno exclusivo de nuestro país y se explica principalmente por los diferentes choques de precios provocados por la pandemia del Covid-19 y la invasión rusa a Ucrania. En este sentido, la semana pasada el INEGI publicó su informe mensual sobre el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC). Cabe señalar que el INPC se divide en dos grandes componentes: El ‘non-core’, que incluye productos y servicios cuyos precios son altamente volátiles. Entre estos suelen estar los energéticos (p.ej gasolina, gas LP), algunos alimentos (en el caso de México, frutas y verduras frescas, huevos y carne) y algunos otros dependiendo del país (en México, las tarifas autorizadas por el gobierno, por ejemplo). Cabe señalar que este componente tiene un peso de 24.4 por ciento del INPC, lo que implica que el mexicano promedio destina 24.4 por ciento de su gasto al consumo de estos productos y servicios. Es tan volátil que en promedio está cuatro veces por encima o por debajo del promedio. Otro aspecto muy relevante es que la política monetaria prácticamente no tiene impacto en este componente. En otras palabras, por mucho que el Banco Central restrinja la política monetaria, los precios de la gasolina no van a responder a la baja con aumentos en las tasas de interés.

El otro componente es el ‘subyacente’, que tiene una ponderación del 75,6 por ciento del INPC y no es tan volátil como el ‘no subyacente’. El componente ‘subyacente’ varía en promedio 0,6 veces alrededor de la media (en lugar de cuatro veces). Este componente es donde los alimentos procesados, las mercancías no alimentarias (p.ej muebles, electrodomésticos, electrodomésticos, juguetes) y servicios en general (p.ej alquiler de vivienda, internet, servicio de telefonía celular). Al calcular la inflación para los componentes ‘subyacente’ y ‘no subyacente’, obtenemos la inflación ‘general’. El componente ‘subyacente’ es el más importante y no solo porque tiene un mayor peso en el INPC, sino porque es el que tiene mayor relación con el ciclo económico y por tanto es donde la política monetaria puede tener un mayor impacto. Por ello, es muy importante que una autoridad monetaria (o banco central), como el Banco de México, comprenda la dinámica de la inflación subyacente. De hecho, como he mencionado en el pasado, creo que el objetivo del Banco de México no debe ser la inflación general –que incluye el componente ‘no subyacente’–, sino la inflación subyacente, que es la que puede influir con su inflación. decisiones política monetaria (‘Repensar el objetivo del Banco de México, 15 de diciembre de 2015’).

¿Dónde estamos en la inflación? En el informe del INEGI de la semana pasada, la inflación anual se ubicó en 7,8 por ciento en noviembre. El componente ‘subyacente’ aportó 6.3 puntos porcentuales (pp) y el componente ‘no subyacente’ 1.5 pp. Es decir, 81 por ciento de la inflación de noviembre se explicó por los incrementos en los precios del componente ‘subyacente’. De hecho, en el margen, es decir, en la inflación quincenal de la segunda quincena de noviembre –respecto a la primera quincena–, la inflación se vio beneficiada por los descuentos de ‘El Buen Fin’ (aunque como comenté hace poco, históricamente estos descuentos vienen precedidos de aumentos de precios una o dos quincenas anteriores, en promedio, ‘Sobre los descuentos en El Buen Fin’, 22 de noviembre). En este sentido, la inflación quincenal fue -0,11 por ciento, explicada por -0,03 pp del componente ‘básico’ -donde se concentraron los descuentos de El Buen Fin- y por -0,08 pp del componente ‘no subyacente’, donde destacó la caída de los precios de la gasolina, el gas LP y algunas frutas y verduras frescas, que nada tienen que ver con El Buen Fin y son sumamente volátiles. Así, es posible que ahora que se acaba El Buen Fin, veamos un retorno de algunos precios en el componente ‘core’. Entonces, ¿ya hemos visto lo peor de la inflación?

En cuanto a la inflación anual ‘general’, ya vimos el pico en la segunda quincena de agosto en 8,77 por ciento. A partir de ahí hemos ido viendo como ha ido descendiendo hasta el 7,8 por ciento en la segunda quincena de noviembre. Sin embargo, es probable que esta tendencia a la baja tenga una pequeña pausa en diciembre por el fin de El Buen Fin y los incrementos de precios que normalmente se observan durante las fiestas decembrinas, más aún este año con una mayor normalidad post-Covid. . En mi opinión, la inflación general terminará el año en 8,1 por ciento (consenso: 8,4 por ciento). No obstante lo anterior, como mencioné, esto probablemente sea solo una ‘pausa’ y seguiremos viendo una tendencia a la baja de la inflación hacia 5.7 por ciento para fines del próximo año (Consenso: 5.1 por ciento). Así que sí, creo que ya hemos visto lo peor. Esto es gracias a que varios de los choques inflacionarios que hemos observado por la pandemia y la guerra se han ido desvaneciendo, así como las acciones decisivas del Banco de México desde junio del año pasado. Ahora, la otra gran pregunta es si ya hemos visto lo peor en términos de inflación ‘básica’. Aunque es más difícil decirlo por las distorsiones que provoca El Buen Fin en cuanto a la dinámica de precios de las mercancías no alimenticias, yo creo que sí, ya vimos lo peor. La inflación ‘subyacente’ anual alcanzó su pico en la primera quincena de noviembre en 8,66 por ciento y ya inició su tendencia a la baja con el dato de la segunda quincena de noviembre en 8,37 por ciento. A finales de este año creo que terminará en 8,27 por ciento.

* El autor es Economista Jefe para Latinoamérica de Barclays Bank y miembro del Comité de Ciclos de Dating de la Economía Mexicana.

* Las opiniones expresadas en esta columna son personales.

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