mié. Jun 24th, 2026

Universidad Iberoamericana de Puebla y Universidad de Guadalajara

Los hechos de los últimos días en torno al plantón de algunas personas frente a la Suprema Corte de Justicia de la Nación son una muestra de lo que se vislumbra en el horizonte. Por un lado, el enfrentamiento entre quienes “protegieron” el plantón en la puerta principal de la Corte y los miles de manifestantes que, en su defensa, salieron a las calles el pasado domingo. Estos hechos ocurrieron días después de que el partido Morena y algunos de sus instrumentos más radicales realizaran una manifestación amenazando a los ministros de la Corte, en la que el gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García, cargaba ataúdes simbólicos de la ministra presidenta, Norma Piña, y hubo enfrentamientos directos “advertencias”. A esto siguió, a su vez, la quema de una efigie de Norma Piña el 18 de marzo en la conmemoración del aniversario de la expropiación petrolera encabezada por el presidente López Obrador en el Zócalo.

Esta serie de hechos y manifestaciones, alentadas por el Poder Ejecutivo, han intensificado el espíritu de linchamiento de los miembros de la Corte por parte de esas facciones del partido de gobierno. Afortunadamente, el enfrentamiento del pasado domingo no escaló, en gran parte por la desproporción de fuerzas y porque la policía se plantó frente a los plantistas para protegerlos. Prudentemente, los plantadores se fueron antes de que un grupo mucho más numeroso los rechazara. Por otro lado, la reacción de la autoridad que debe mantener el orden, si bien contribuyó a evitar el enfrentamiento directo entre ambos grupos, no ha hecho nada por defender la integridad de quienes trabajan en la Corte ni evitar amenazas y denigraciones públicas que vayan más allá. . más allá de la libertad de expresión, y pueden catalogarse más como mensajes de odio que de diferencias políticas. Eso, evidentemente, no es una decisión de quien dirige el operativo de vigilancia, sino de las máximas autoridades de las fuerzas policiales. En este caso, Claudia Sheinbaum y Omar García Harfuch.

Independientemente de que los plantones sean financiados o motivados por el gobierno capitalino o federal, la institucionalidad que deben mantener las fuerzas del orden debe ir más allá de las diferencias políticas, lo que no ha sucedido.

Es claro que quienes tienen a su cargo el mantenimiento del orden público tuvieron un sesgo político y se han ido y siguen sin garantizar la integridad de los miembros del Poder Judicial de la Federación, uno de los tres poderes del Estado.

Todo apunta a que este tipo de confrontación política se intensificará en los meses inmediatos y hasta que lleguen los resultados de las próximas elecciones. Y cuando eso suceda, insisto, ¿de qué lado estarán los militares, que tienen el mandato de salvaguardar nuestras instituciones, la paz pública y la Constitución, por encima del gobierno de turno? No está claro cuál será la respuesta a esta pregunta.

Pongamos el símil de lo que pasó en el Capitolio de Washington el 6 de enero de 2021 cuando Trump perdió las elecciones. En una circunstancia similar, ¿habría defendido la fuerza pública (y en nuestro caso, la policía y las Fuerzas Armadas) a los legisladores atrapados en el Capitolio? ¿Habrían detenido a quienes violaron flagrantemente la ley al ingresar a la fuerza y ​​vandalizar las instalaciones de un Poder del Estado? Esta es una pregunta directa a García Harfuch, al secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, y al almirante José Rafael Ojeda, secretario de Marina. ¿Actuarán para salvaguardar la integridad de un poder del Estado mexicano, como el Poder Judicial de la Federación, o de un órgano constitucional autónomo, como el INE? ¿O simplemente mirarán si una multitud ataca y toma el INE o el Tribunal Electoral, por ejemplo? De hecho, ya han visto en muchas ocasiones, como en la tragedia de Tlahuelilpan, cuando “observaron” cómo la gente ordeñaba los oleoductos durante horas.

Además, las Fuerzas Armadas han cometido repetidamente desacatos bajo el mando del General Sandoval y el Almirante Ojeda. Sin ir más lejos, hay órdenes judiciales de suspensión inmediata de la tala de árboles y otras actividades en la construcción del Tren Maya, y las Fuerzas Armadas, encargadas de su construcción, hasta el momento han desafiado la orden.

¿Qué les garantiza a los mexicanos que los militares guardarán la Constitución, si no están dispuestos a cumplir con la ley y una orden judicial expresa? ¿Qué nos garantiza que, llegado el momento, la Guardia Nacional defenderá a nuestras instituciones como el INE o la Corte de los ataques vandálicos de una turba enfurecida, y no quedarse de brazos cruzados? Me parece que, llegados a este punto, los mexicanos requerimos una demostración clara de los secretarios de Defensa y de Marina de que son institucionales y que van a salvaguardar la Constitución y las instituciones ante el gobierno de turno. No hay que esperar una crisis que ponga en riesgo la vida de la República. Nuestros representantes en el Poder Legislativo están obligados a exigir esta fidelidad de las Fuerzas Armadas a la Constitución ya nuestro estado de derecho. Es hora de que lo hagan.

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