jue. Abr 23rd, 2026

Para los que nos gusta el género literario de la ciencia ficción, la “inteligencia artificial” no es nueva. Recuerdo especialmente una historia de Isaac Asimov donde una gran computadora manejaba todos los aspectos de la vida humana. Aplicando innumerables algoritmos, seleccionó de entre toda la población mundial a una persona que fuera la más representativa de los cargos de la ciudadanía, y ese solo voto designó al jefe del gobierno mundial.

Así de grande es el poder que puede adquirir la inteligencia artificial. Geoffry Hinton, llamado el padre de la inteligencia artificial, acaba de renunciar a su puesto en Google, horrorizado por lo que se avecina. Dice que en 10 años la inteligencia artificial superará a la inteligencia humana. A partir de ahí, el futuro es incierto. Ahora, por ejemplo, nos ayuda a diseñar algoritmos aplicables a campañas políticas, con los que se obtienen datos exactos sobre los segmentos de población a los que hay que dirigirse. Pero cuando la tecnología piensa mejor que el humano, podría considerar incorrectas sus instrucciones, y hacer cambios imperceptibles para el hombre, de modo que el resultado sea el que quiere la máquina, y no para lo que fue programada.

Pueden pensar que estoy exagerando, pero no es así. El brillante investigador e historiador israelí Yuval Noah Harari acaba de publicar un ensayo en la revista El economista, donde advierte de los riesgos del desarrollo descontrolado de esta tecnología. Harari compara la inteligencia artificial con la energía nuclear. Ambos tienen un gran potencial para ayudar a la humanidad, pero ambos también tienen enormes riesgos.

También aborda cuestiones filosóficas profundas. Con la habilidad de pensar más eficientemente que los humanos, ¿qué podría descubrir? Ciertamente cosas buenas, pero también malas. La inteligencia artificial en manos de actores irresponsables o incluso criminales puede ser irreversiblemente dañina, como una bomba nuclear. Incluso Elon Musk pidió a los gobiernos que regulen estrictamente el uso y desarrollo de la inteligencia artificial, porque no sabemos hasta dónde puede llegar.

Sin duda, y pronto, llegará el día en que las máquinas aprendan que el uso que hacemos de los datos que nos proporcionan no es del todo racional. No hay ser humano en el planeta que pueda separar por completo sus decisiones de sus emociones. Cuando las máquinas se den cuenta de esto, ¿aprenderán a sentir? ¿Nos conocerán tan bien que podrán predecir con precisión cada una de nuestras acciones?

Dejo para el final el impacto inmediato que ya empieza a tener la inteligencia artificial. IBM, el gigante tecnológico, anunció que las 7.800 vacantes que espera en estos meses serán cubiertas por inteligencia artificial, y no por empleados. Es una gran noticia para los inversores de IBM, pero catastrófica para el mercado laboral.

Vuelvo a Hinton. Él dice, “la gran diferencia es que el humano posee información individual; La información de IA (inteligencia artificial) es colectiva. Si una máquina aprende algo, al instante las otras 10.000 máquinas con las que está conectada también lo aprenden, y esa capacidad nos supera con creces”. “Esa capacidad les permitirá buscar poder, y eso es muy peligroso”, concluyó.

El tema recién comienza a penetrar en el colectivo global, pero es de mayor importancia y con consecuencias inciertas. Por ahora hay que ponerlos a trabajar buscando una solución para frenar el cambio climático, porque si no, ni ellos ni nosotros sobreviviremos.

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Metro

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