dom. Abr 26th, 2026

Diputado Federal por la LXIV Legislatura

¿En qué se ha traducido la intervención de Estados Unidos en otros países, en el marco de la “guerra contra las drogas”? En EEUU y otras latitudes se suele poner como ejemplo el Plan Colombia, iniciado en 1999 y que veintiún años después fue catalogado como un fracaso por el propio Congreso estadounidense.

Miles de colombianos murieron en una guerra en la que EE.UU. había aportado, hasta mediados de la década pasada, más de 10.000 millones de dólares, una ayuda sólo inferior a la que el poderoso vecino del norte ha entregado a Israel.

Después de más de dos décadas, en Colombia hay 50.000 hectáreas más de cultivos de coca que cuando se inició el plan.

El reconocimiento del fracaso no impide que los políticos estadounidenses retomen el tema cada vez que se acerca un proceso electoral. Como han hecho con el fenómeno migratorio, lanzan sus ataques en busca del apoyo de los votantes más conservadores. Como en otras ocasiones, construyen una narrativa que culpabiliza a los “malo hombres “extranjeros”, como dice el inefable Donald Trump, de problemas que derivan de su incapacidad para afrontar las sucesivas crisis del consumo de drogas legales o ilegales. Ayer era marihuana, ayer cocaína y metanfetamina, y hoy es fentanilo.

Ya deberíamos estar acostumbrados a este tipo de ataques cobardes, ya que se reciclan cada vez que hay elecciones en el país vecino. Pero sucede que no nos acostumbramos al intervencionismo grosero que se alimenta de mentiras.

El reduccionismo de los legisladores de extrema derecha los lleva a ignorar la complejidad de la relación bilateral, e incluso a sugerir una intervención militar directa, frente a estrategias que consoliden la atención conjunta de fenómenos que afectan a ambos países.

Es más preocupante que la estridencia de los legisladores republicanos, que en México haya voces que sugieran, para afectar al gobierno de la transformación, que no sería mala idea una intervención directa de EE.UU.

Son, en general, las mismas voces colonizadas las que vaticinan la bofetada del imperio ante cualquier conflicto bilateral. son traidores

Más allá del ruido de la propaganda electoral estadounidense, desde 2018 el gobierno federal aborda las causas de la violencia, con 14 programas sociales y muchas acciones más.

Entre ellos, según ha informado Cancillería, la incautación de 6.000 millones de pastillas de fentanilo, en operativos que han costado la vida a 75 miembros de nuestras fuerzas de seguridad.

El fentanilo es, en efecto, la droga sintética que más daños está provocando estos días en la salud pública. Durante la actual administración, y en contra de la propaganda republicana que asegura que el gobierno mexicano hace poco o nada, las incautaciones de este opioide se han incrementado en 1,49 por ciento respecto al periodo 2014-2018.

En el caso de otras sustancias, también se han producido incrementos significativos en las incautaciones: las de metanfetamina crecieron 128 por ciento (2018-2023) en relación a las realizadas entre 2008 y 2012, y 92 por ciento si se compara con el período 2014-2018.

En cuanto a la destrucción de laboratorios clandestinos, los registros indican un incremento de 147 por ciento respecto a los últimos cuatro años del sexenio anterior.

Los resultados de una lucha seria contra este flagelo están a la vista. Sería deseable que, en reciprocidad, EE.UU. aumentara sus capacidades para reducir el flujo de armas hacia nuestro país, ya que se ha comprobado que la mayor parte del poder de fuego de las organizaciones criminales proviene de nuestro vecino del norte.

Nuestro complicado barrio tiene instrumentos para el entendimiento y la colaboración. La estridencia de la extrema derecha a ambos lados de la frontera no pasará.

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