vie. Ago 28th, 2026

Jorge Claudio Mendoza era vendedor de tamales y siempre quiso que sus hijos estudiaran. Y lo hizo. Trabajó para ello, y pocas veces descansó con un objetivo claro.

“Nos dijo que quería que fuéramos alguien en la vida”, recuerda Jorge Raziel Claudio López, su hijo. “Estudió Medicina pero como siempre tuvo problemas de dinero, no terminó”, cuenta.

Está por terminar la universidad, su hermano Claudio la acaba de empezar, pero ambos están cumpliendo uno de los sueños que tenían como familia.

“Otro de los sueños que teníamos era viajar. Y lo vamos a cumplir aunque ya no esté”, continúa Jorge Raziel, tratando de contener las lágrimas.

El asesinato del vendedor de tamales

Desde el pasado sábado 24 de diciembre, él y su familia no han podido descansar. Al mediodía, cuando estaban terminando de vender los tamales en Cuautitlán Izcalli, donde vive su hermano que pide llamarse Claudio, se enteró que habían atropellado a un tamalero. Primero pensó que era una broma; después no tuvo ninguna duda de que era su padre.

Claudio fue el primero en ver el video: un Mini Cooper a toda velocidad perdió el control y patinó hacia el carril de la extrema derecha donde un hombre caminaba empujando un triciclo.

Claudio no tuvo dudas de que era su padre. “Reconocí el paraguas”, dice. Luego se dirigió a la zona del accidente, sobre la avenida Tenango del Río, muy cerca del cruce con la Torre Juan Diego, donde hay una bifurcación.

Allí llamó a Raziel. “Te necesito aquí”, recuerda que le dijo su hermana menor. “Estaba en estado de shock”, dice.

Alrededor del lugar del impacto yacía el cuerpo de Jorge Claudio Mendoza, de 48 años, con las piernas muy dañadas y el resto del cuerpo severamente golpeado.

Junto a él, también se esparcieron los víveres, prueba de su trabajo que durante más de 15 años lo apoyó a él y a su familia: quedaron el triciclo destruido, un bote demolido, un balde tirado y varias hojas de elote para envolver tamales. justo en el punto. Allí permanecieron durante días, y el jueves siguiente seguían allí junto al altar que su familia y seres queridos habían levantado en su honor y en su memoria.

La familia Claudio pasó la Nochebuena en el Ministerio Público. Martha Reyes Claudio, prima del vendedor de tamales, recuerda que en el lugar solo recibieron comentarios ofensivos de quien parecía ser la madre del responsable de la tragedia, identificado como Ken Omar Flores Alarcón, vecino de Cuautitlán Izcalli.

“Nos decían que éramos solo una chusma tamalera, que cuánto podía valer la vida de un tamalero”, recordó, citando a una mujer que vino a apoyar a Ken Omar.

Dos días después, Jorge Raziel se entera de la liberación del asesino de su padre. De acuerdo con la Fiscalía del Estado de México, fue puesto en libertad por tratarse de un delito culposo, por lo que no amerita prisión preventiva extraoficial.

Además, las autoridades mexicanas informaron que el responsable de la muerte del vendedor de tamales ya había ofrecido una indemnización para cubrir los gastos del funeral y reparar los daños.

El miércoles, Raziel reconoció que el monto ofrecido fue de 230.000 pesos, y que su abogado les había dicho que era todo lo que les correspondía por ley. El Código Penal del Estado de México establece que el monto a pagar es superior a 2,000 UMA por un caso de homicidio, cualquiera que sea su tipo, una cantidad superior a 211,000 pesos de acuerdo con el valor autorizado para 2022.

Justicia para Jorge Claudio, el vendedor de tamales

Pero la familia no cree que esto repare el daño y no creen que garantizar la justicia.

Por eso salieron a marchar el mediodía del jueves 29 de diciembre. Primero como protesta, luego como reclamo, la movilización pasó por el lugar del accidente y luego llegó a la carretera México-Querétaro, donde bloquearon el tránsito por más de una hora hasta que la autoridad quiso escucharlos.

Las demandas de la familia son claras. Exigen prisión para el homicida, a quien califican de homicida por las condiciones en las que ocurrió el hecho: el conductor iba en estado de ebriedad y tras el impacto no se quedó a brindar auxilio a la víctima, y ​​por el contrario, él en Luego de la fuga lo alcanzaron y detuvieron a policías municipales de Cuautitlán Izcalli.

La familia del tamalero denunció que la alcaldesa de Cuautitlán tiene relación con el presunto homicida. Créditos: Luis Fernando Lozano/ Grupo Fórmula.

Tras media hora de negociaciones entorpecidas por la dificultad de hacerse entender telefónicamente y por el ruido de los casi 500 manifestantes que asistieron al acto, la familia de Jorge Claudio Mendoza acordó reunirse con el fiscal mexicano, José Luis Cervantes, en la sede. de esa dependencia en el municipio, junto al ayuntamiento.

Primero les ofrecieron una reunión el lunes en Toluca, pero la rechazaron. Querían justicia y la querían en su tierra. Donde ocurrió el desastre. Para evitar que se tratara de una artimaña, la familia advirtió que si no recibían una respuesta satisfactoria volverían a bloquear la carretera el lunes por la mañana.

Pasadas las 3 de la tarde, los manifestantes levantaron el bloqueo vial y se dirigieron en grupo a la sede local de la Fiscalía. Donde sostuvieron una reunión de más de 3 horas con funcionarios estatales. Al final, la familia sí llegó a un acuerdo con las autoridades y según su testimonio parece que encontrarán justicia. Sin embargo, pidieron secreto.

Jorge Claudio, el ladrón de sonrisas

Su prima Martha lo recuerda como un hombre alegre, dedicado a los demás, que siempre estaba ahí para preguntar cómo estaba. “Si te veía mal, buscaba hacer una broma para robarte una sonrisa”, recuerda.

Querido entre sus vecinos, que este jueves se sumó a la movilización, reconocido entre la comunidad por sus tamales, Jorge Claudio era un amante de la cocina.

Claudio recuerda que su padre lo contagió ese amor por la cocina a tal punto que una de sus metas es terminar la actual carrera en sistemas, para luego estudiar gastronomía.

“Todavía lo extraño”, dice mientras marcha para exigir justicia para su padre. “Él me enseñó a cocinar, no solo tamales, me enseñó a hacer lo básico, el arroz”, enumera.

Y aunque los tamales tenían un lugar especial por lo que significaban para la familia, Jorge Claudio Mendoza tenía un platillo que siempre lo hacía sonreír.

“Cuando tenía dinero hacía comer a mis papás. Una vez le hice tortitas. Le gustaban mucho. Le encantaban. Recién en la feria le compré a mi mamá un pan de muerto y a mi papá una de esas tortitas grandes. le encantó, se lo comió muy contento”, recuerda el joven que sabe que ni 200.000 pesos ni todo el dinero del mundo le devolverá a su padre, el tamalero.

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