dom. Abr 26th, 2026

La llamada Cuarta Transformación ya ha resuelto ponerse a prueba: calibrar si la dirección, la dirección, los cuadros y la dirección tienen la estructura y organización, así como la cohesión, madurez y disciplina necesarias para dar continuidad a esa proyecto a lo largo de los años.

En este conjunto tiene dos ventajas. A pesar de la pandemia con su brutal impacto socioeconómico y la invasión de Ucrania con su perturbador efecto inflacionario, el gobierno logró recuperar y mantener la estabilidad en las finanzas y la economía. A pesar de las resistencias políticas, la dirección de la alianza opositora no ata ni desata, se enreda y, en su pérdida –sin darse cuenta oa propósito–, le da facilidades.

Ese proyecto enfrenta, sin embargo, un triple desafío. Fijar y respetar reglas para competir por la candidatura presidencial y acordar un método de selección convincente que evite grietas o fracturas. Cuidar la asfixia de los contendientes o la asfixia de la contienda por el peso de la dirigencia. Y asegurar, algo clave, la abdicación en paz de quien no sea elegido y el traspaso paulatino del poder por quien lo ostente hoy al ritmo que él mismo fijó y la entrega total de aquél, en su debido tiempo. La sucesión requiere abrir espacio a los jugadores y cerrarlo al convocante.

La llamada 4T está a prueba: el principal adversario de Morena no está afuera, sino adentro.

En 2021, Andrés Manuel López Obrador precipitó el juego de la sucesión sin pensar mucho en el asunto.

Aparentemente, tres razones lo alentaron. Borrar cualquier tentación reeleccionista. Quitar el foco de atención a Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard, entonces marcados por la tragedia de la Línea 12 del Metro, nombrándolos como posibles sucesores junto a otros (Tatiana Clouthier, Juan Ramón de la Fuente, Esteban Moctezuma y Rocío Nahle, que no entraron al juego). Mete a la oposición en el laberinto del que aún no ha salido y coloca un tema apasionante en el debate, subiendo o bajando la llama según corresponda.

El ejercicio le dio frutos, pero también espinas. Dejó fuera al coordinador de los senadores de Morena, Ricardo Monreal, dificultando la comunicación y la solución de importantes temas legislativos. Agregó al elenco a Adán Augusto López, quien aún hoy duda en presentarse como candidato a presidente o secretario de Gobernación. Desemparó el piso de la competencia por voluntad propia o, bueno, porque la posición de los nominados daba o negaba posibilidades. Así, contaminó y sesgó la función y acción de gobierno de los involucrados.

Sin embargo, Andrés Manuel López Obrador no logró probar la pretensión de enterrar el dedo y la encubierta, dejando transparente el juego sucesorio. Modificó, pero no anuló el mecanismo. Nominó a los participantes, fijó el método de selección, se tomó su tiempo –si era el caso– en establecer las reglas. Quizás, por eso, ahora con prisas se encuentra con alguien que dejó de recibir, escucha a alguien que acusaba un piso desnivelado, mima a alguien que siempre lo trató como el mimado y en consecuencia la participación de un par de aliados, cuyo papel final es uno. de pronóstico reservado. .

El líder sabe que precipitó el partido, pero lo armó tarde.

El miedo a perder el control del juego y verlo terminar en una fractura, obliga a establecer reglas respetables y respetadas.

Anular la confrontación y el debate, los matices y la disidencia en la competencia por la candidatura no es la solución, es un simulacro y no garantiza la unidad. Seleccionar a un candidato presidencial no es jugar al “dilo mimo” y con respeto. Todas las elecciones primarias, independientemente de su modalidad, enfatizan las diferencias, no las coincidencias. Presentar esta característica al concurso es una contradicción. Quizás, nos permita saber quién domina mejor TikTok, la guitarra, el baile, el ejercicio e, incluso, quién es capaz de avergonzarse sin sonrojarse. Pero no ayuda a diferenciar a los mejor equipados y preparados para dar continuidad a la 4T. Y si, en verdad, lo que está en juego es un proyecto y no una persona, no conviene frivolizar ni neutralizar la contienda.

En cuanto al método de selección, el Consejo tiene que calcular muy bien qué profesional y cómo realizar la(s) encuesta(s). Ese recurso falló en Coahuila, les dio el candidato que quería Morena, pero no electorado. Ese recurso fracasó o, peor aún, se arregló en el Edomex dándole una ventaja mucho mayor al hoy candidato triunfante que no se correspondía con el resultado obtenido en las urnas. Endorsar la(s) encuesta(s) como método de selección infalible es una artimaña, puede causar sorpresas si no se estudia con cuidado y detalle su diseño.

Por supuesto, los premios de consolación y las devoluciones tranquilizan y calman a quien los recibe, pero son un quebradero de cabeza para quien finalmente tendrá que darlos, sobre todo cuando no fue su decisión concederlos. Le quita margen de maniobra y aún más esposas.

El 4T decidió ponerse a prueba. El domingo va al primer examen. Más allá de la dirigencia, la dirección y los aspirantes, ojalá la militancia -a través de los asesores- reivindique su propio papel, huya del fervor de las sectas, defina bien las reglas y el método, asuma que el movimiento no es vaivén, distinga entre continuidad y continuidad, y se hace sentir seriamente, considerando sobre todo que, al final, tendrá que valerse por sí mismo. Tu destino está en juego.

Pronto

Si la becaria disfrazada de ministra fue presentada por un juez con una sentencia que la declaró licenciada intachable en Derecho e instó a la Universidad Nacional a archivar la duda, su amigo el presidente de la corte debería decidir cerrar ese centro de estudios por poner en cuestión tejido de duda a tan fina persona. O que era una traficante de influencias y títulos académicos.

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