
Desde que tengo memoria, China ha sido capaz de fabricar productos a costos sorprendentemente bajos, a veces incluso más bajos que el costo simple de los materiales en otros lugares. Esto se ha debido, en gran parte, a los bajos salarios en su sector manufacturero.
Recuerdo que un viernes por la tarde en Shenzhen me encontré entre una multitud de cientos de miles de jóvenes, todos en línea haciendo transacciones de dinero desde sus dispositivos móviles. Esa imagen me hizo pensar: con una juventud tan inmersa en la digitalización, ¿cómo podrían limitarse al mundo de la manufactura? Está claro que la nueva generación se desplaza hacia sectores más rentables, como los servicios especializados e incluso, gracias a la digitalización, las finanzas.
A lo largo de seis años viajé con frecuencia a Hong Kong y China, dedicando tiempo a analizar los informes financieros y las estrategias de las empresas multinacionales, especialmente aquellas que trasladaban su producción a China. Una constante fue la excelente rentabilidad del montaje. Las discusiones con colegas economistas siempre me llevaron a una idea recurrente: gran parte del margen económico provenía de la especulación inmobiliaria, que indirectamente subsidiaba la industria manufacturera.
Vamos a ver. Mientras que China fijó el precio de la fabricación de un iPhone en cantidad X, la empresa Apple lo comercializó en 4X. De forma sencilla, en EE.UU. el valor lo generaba 2X en servicios, China aportaba X producción, y el restante X era el margen de beneficio de Apple.
Pero los tiempos están cambiando. A pesar de las opiniones divididas sobre el home office, es innegable que en la rentabilidad influyen los costes, y no solo en lugares como Silicon Valley los alquileres son absurdos, más allá del calor, el sector inmobiliario arde en todo el mundo. La reubicación de fábricas en regiones con suministros de mano de obra barata es cada vez más difícil.
La primera vez que fui a Japón (1995) vi cómo sustentaba su economía gracias a líneas de producción automatizadas, a diferencia de China con su mano de obra intensiva tradicional. Este año regresé a la nación del sol naciente y no pude evitar reafirmar que la automatización ahora ha llegado a los restaurantes de los hoteles y ahora limpia por completo las habitaciones. Y las cosas también están cambiando en China, que no solo produce robots para la exportación, sino que su consumo interno de robots de servicio está aumentando.
La solución para países con una fuerte tradición manufacturera pasa por la integración de inteligencia artificial y robótica avanzada en sus procesos. Esto significa no solo menos operadores humanos, sino un mayor enfoque en especialistas en automatización y robótica altamente capacitados, que pueden aumentar el valor agregado de los productos. Si bien es cierto que la automatización de procesos se llevó a cabo con relativo éxito sin las herramientas de inteligencia artificial o los robots de servicio inteligentes disponibles en la actualidad, el mercado demanda cada vez más que los procesos involucren aspectos que solo son posibles en entornos que no están especialmente estructurados. Al contrario de las celdas aburridas de la fabricación tradicional, así como una trazabilidad que solo es posible con la ciencia de datos actual.
La innovación disruptiva junto con la robótica y la IA (incluida la ciencia de datos) son herramientas tecnológicas esenciales para que las naciones en desarrollo evolucionen más allá de la dependencia inmobiliaria como un diferenciador de costos. Las empresas modernas están consolidando el uso de estos instrumentos en su negocio principal (core business), haciendo más eficiente la organización, optimizando el portafolio de productos, ampliando la presencia internacional, mejorando la generación de caja y la rentabilidad a través de nuevos productos basados en servicios de alta tecnología, concentrar la I+D+i para impulsar su transformación en un entorno en constante evolución, y orientar los esfuerzos hacia nuevos negocios
El desafío surge cuando la especulación inmobiliaria ya no puede subvencionar esos costos. Esto será evidente cuando, por ejemplo, ni siquiera los vehículos eléctricos chinos puedan mantener precios bajos: habrá señales. Pero incluso China ya está reorientando su timón.
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