mié. Ago 26th, 2026
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¿Solo por una tilde?

La polémica comenzó hace 13 años y abrió un cisma irreconciliable entre los amantes de la grafía española, comparable al que estalló en su día cuando Plutón fue “expulsado” del club de planetas del Sistema Solar.

En su afán por limpiar, arreglar y dar esplendor, la Real Academia Española recomendó en 2010 quitar la tilde diacrítico (el que se usa para distinguir palabras que se escriben igual) del adverbio “solo” cuando significa “sólo” y, desde entonces, la batalla entre lingüistas y escritores por el acento gráfico ha traspasado las puertas de la Casa de los Sabios para acampar en el ágora pública de todas las polémicas: las redes sociales.

Hasta esa fecha, el adverbio estaba etiquetado por ese significado mientras que, cuando quería decir “en soledad”, no estaba etiquetado (solo quiero un café/quiero un café solo).

La cruzada se ha intensificado recientemente. tras el último pleno de la RAE.

Ambos lados

En esta batalla, por un lado está la normativa, que optó por seguir las recomendaciones de la RAE. Y, por otro, los rebeldes que, como caballeros insumisos de la lengua, se negaron desde el principio a quitar ese pequeño trazo sobre la “o”. Entre ellos se encuentran escritores como Mario Vargas Llosa o el desaparecido Javier Marías, que nunca dejó de escribirlo.

Desde entonces, ambos bandos se han tirado tildes y argumentos desde sus respectivas trincheras: corrección —dicen los “sin-tildistas”—, claridad —responden los “solo-tildistas”—.

Pero el 2 de marzo, tras el último pleno de la RAE, se filtró a la prensa una supuesta primicia ortográfica: la academia volvió a permitir el uso de —decía la primera información— la tilde de “solo”.

Lo mismo sucedió con el pronombres demostrativos “este”, “eso” y “eso” y sus homólogas femeninas, cuyas tildes también fueron víctimas de la “Ortografía” de 2010, aunque no han tenido tan fervientes defensoras.

“A veces se ganan viejas batallas”, tuiteó triunfante tras el pleno el académico y escritor español Arturo Pérez Reverte, convertido en el abanderado de este grupo rebelde.

En las redes sociales, un torrente de usuarios a favor del acento diacrítico celebró la “victoria” con un “Solo sé que no estoy solo”y autoras como la mexicana Ángeles Mastretta aseguró que “muchos escritores siempre los siguen escribiendo así, aunque los editores los corrijan. Hay mínimas cosas que no lo son. Ganamos”.

aclaraciones SAR

Pero la alegría de los rebeldes duró poco.

En su cuenta de Twitter, la RAE aclaraba días después que lo aprobado en el pleno del 2 de marzo “no modifica la doctrina de la ‘Ortografía’ de 2010”, sino “lo expresa más claramente”.

Según explicaron fuentes de la RAE a BBC Mundo, la decisión se tomó “por unanimidad” y se publicará en el “Diccionario Panhispánico de Dudas”.

La Academia mantiene la obligación de no marcar el adverbio “solo” y pronombres demostrativos cuando no hay riesgo de ambigüedad. Si existe, queda a “criterio del escritor” marcar la palabra o no.

En otras palabras, si da lugar a confusión, se puede comprobar. ¿Y quién decide? La persona que lo escribe.

La sede de la Real Academia Española en Madrid, España.

imágenes falsas

La RAE sigue pensando, no obstante, que la opción más recomendable es no poner tilde.

Los lingüistas que defienden la eliminación del acento gráfico en estos casos, encabezados por el académico Salvador Gutiérrez, aseguran que hay que operar con reglas técnicas y consideran, de alguna manera, que defender el término “solo” sin argumentos técnicos es poco menos que sentimentalismo.

Para otras palabras polisémicas, como seguro o banco, no se escriben acentos diacríticos para diferenciarlas, argumentan.

Algunos lingüistas han recordado que la “Ortografía” de 2010 ya incluía la posibilidad de poner el acento gráfico en casos de ambigüedad.

El párrafo que lo incluye dice así: “Sin embargo, como este uso tradicional del acento diacrítico no opone en estos casos formas tónicas a otras átonas formalmente idénticas (requisito prosódico que justifica el uso del acento diacrítico), ya que tanto el adjetivo ‘solo’ como los determinantes demostrativos son palabras tónicas, al igual que el adverbio ‘solo’ y los pronombres demostrativos, a partir de ahora se podrá prescindir de la tilde en estas formas incluso en los casos de doble interpretación”.

¿Has entendido algo? Es posible que, como muchos hispanohablantes -escritores incluidos-, no demasiado.

Aunque “Spelling” es un libro de referencia, su complejidad a veces puede alejarlo del usuario promedio, de ahí la necesidad de que su redacción sea más clara.

Arturo Pérez Reverte.

imágenes falsas

Arturo Pérez Reverte se ha convertido en el abanderado del acento diacrítico en “solo”.

Una institución, dos almas

En el fondo de esta batalla se encuentran las dos esencias de la Real Academia Española, institución formada por 46 académicosentre los que se encuentran, por un lado, técnicos -en su mayoría filólogos, lingüistas y lexicógrafos-, y por otro lado, escritores, historiadores e incluso periodistas.

Fundada en 1713, vela por la uniformidad de la lengua española y recomienda los usos lingüísticos que considera más prestigiosos.

El lenguaje, sin embargo, es un entidad viviente que es constantemente creada y transformada por su uso. Por ello, muchos escritores han seguido etiquetando “solo”, o que el poeta Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura en 1956, declaró la guerra a “ge” y “gi” y los escribió siempre como “j”. O esos nuevos términos que se difunden más o menos socialmente, como los neologismos o usos como “todos”. No todos lo aceptarán, pero el idioma es así, es de todos.

Para escritores como Manuel Vilas, uno de los pocos que se ha pronunciado públicamente en contra de la tilde en “solo”, “la tilde requiere conocimientos gramaticales del español, es decir, es una acento elitista, y el español es un idioma universal, debe ser liberado de las trabas aristocráticas. Siempre con García Márquez, que ya lo ha señalado”, dijo este sábado en Twitter.

El escritor colombiano propuso en 1997 “retirar la ortografíaterror del ser humano desde la cuna”. En un discurso en el I Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en Zacatecas, propuso que “enterremos los dolores de las cavernas, firmemos un tratado sobre los límites entre el ge y la jota, y poner más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie tiene que leer lágrima donde dice lágrima ni confundir revólver con revólver”.

En el fondo, García Márquez nunca se retiró de la ortografía, y él mismo reconoció que aquellas preguntas que hacía eran como “botellas arrojadas al mar con la esperanza de que llegaran al dios de las palabras”.

¿Dudas resueltas?

Como pequeño ejercicio, proponemos la frase con la que comienza este artículo. ¿Te confunde? ¿Qué interpreta? ¿Que alguien se ha quedado solo en su batalla por la tilde? ¿O es solo una batalla por una tilde? ¿O significa ambos?


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